“12 trampas” es un efugio de serie B, pasta de sobremesa de fin de semana. Renny Harlin firma un cóctel de acción descabellado y hasta simpático, un entretenimiento inocuo que pierde enteros estirando innecesariamente su metraje.
«Del director de “La jungla de cristal 2″ y el productor de “Speed”» reza el cartel promocional de “12 trampas”. Efectivamente, Renny Harlin aún es hoy recordado por su incursión en la saga de John McClane, quizá su título más exitoso y el único de la trilogía inicial en el que su protagonista no se las veía con los Gruber y sus huestes. Tras el visionado de “12 trampas”, una confirmación y una pregunta en el aire: la confirmación, que se trata de un efugio de serie B, pasta de sesión de sobremesa de fin de semana; la pregunta, si no era esta la vendetta que Harlin hubiera firmado de haber dirigido aquella “Jungla de cristal 3: La venganza”, tarea que finalmente corrió a cargo de John McTiernan.
No hay aquí trascendencia o pretensión alguna. Renny Harlin firma un subproducto rápido que sólo puede abordarse desde la curiosidad hacia su suma de descabellados elementos: el wrestler John Cena como héroe y paradigma de la inexpresividad; un villano sin carisma ni entidad; y una rocambolesca trama, circo de tres pistas en el que este perpetra la mismas perrerías que Jeremy Irons jugando al «Simon dice…». Y sin embargo, no es posible lanzar un ataque indiscriminado sobre “12 trampas” por razones obvias: la cinta es perfectamente consciente de su oquedad, e incluso no tiene problemas en reconocerla (el personaje de Cena es poco menos que un mentecato); y es, también, perfectamente consciente de su condición de ficción cuya baza pasa por ir conociendo las pruebas que su protagonista debe superar, cada cual más disparatada que la anterior (y poniendo de manifiesto una estructura no susceptible de saboteos, que prácticamente improvisa cada paso).
Pero lo más desarmante de “12 trampas” es la temeridad con la que se acerca al pastiche: amén de la mencionada analogía temática con “Jungla de cristal 3: La venganza”, en ciertos momentos no es difícil acordarse de “Speed” (la bomba humana en el autobús), “La roca” (el tranvía que descarrila) o incluso “Crank: Veneno en la sangre” (el enfrentamiento en el helicóptero). Sumemos artificiosidad e hipervisibilidad à la Tony Scott, un chiste sobre Helsinki (recordemos la nacionalidad finesa del realizador) y nos quedará un insólito ejemplo de thriller de serie B sin miramientos, de mimbres suicidas para sus intenciones evasivas. Asegurado el entretenimiento inofensivo, uno sólo lamenta que en ocasiones Harlin lo ponga excesivamente fácil, que incurra en subrayados demasiado obvios. O que, inexplicablemente, alargue el metraje hasta poner a prueba la paciencia del espectador hacia una trama ya agotada.
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En las imágenes: Fotogramas de “12 trampas” – Copyright © 2009 WWWE Films, Mark Gordon Company y Midnight Sun Pictures. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
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A mi, Memoria Letal, siempre me ha gustado mucho. Exceptuando alguna fallo inevitable de la época, es una muy buena peli de accion con unas de las explosiones más espectaculares rodadas en el cine.
Yo me quedo con “La jungla 2″, pero he de reconocer que, con el paso del tiempo, le tengo un mayor aprecio a “Máximo riesgo”, sobre todo después de que su director rodara las nefastas “La isla de las cabezas cortadas” y “Memoria letal”.
Para mí el film más exitoso de toda la filmografía del infravalorado Renny Harlin es la incomprendida y magnífica “Cliffhanger”(“Máximo Riesgo”(1993)) que inmortalizó Sylvester Stallone.



























































