Excelente fábula sobre el paso a la madurez y sus conflictos en el verano del 87. Greg Mottola vuelve a demostrar su extrema sensibilidad, dotándoles de complejidad y dirigiéndose al público como su cómplice y no como receptor pasivo.
Las felices coincidencias que favorece el imaginario disparado en un parque de atracciones permite comparar a un aislado experimento de vanguardia del cine español de los 30 con la última y excelente cinta de Greg Mottola: En “Esencia de verbena” (Ernesto Giménez Caballero, 1930) veíamos a un juguetón Ramón Gómez de la Serna colocarse entre muñecotes de tiro al blanco en una atracción de feria; en “Adventureland” es Joel (Martin Starr), ese nihilista pragmático, ese existencialista pagano que lee a Nikolái Gógol, quien aparca momentáneamente su convencido desencanto (estudiar lenguas eslavas y luego subsistir de trabajos basura) para colocarse entre los maniquíes de una atracción idéntica como mero divertimento con el que combatir el tedio. La mención del paralelismo nada tiene que ver con vocaciones vanguardistas de Mottola, sino más bien con la consciencia (e importancia, suma) del contexto que también existe en “Adventureland”: el parque de atracciones puede ser un lugar tan propicio para mosaicos sociales como para viajes iniciáticos, traducibles en probables exorcismos personales del propio autor. Si en “Supersalidos” (2007) ese viaje acontecía en una noche itinerante hacia la consciencia del final de la adolescencia, en el título que aquí nos ocupa es un verano el espacio de tiempo que requiere la transición hacia la adultez.

Despegada del compromiso con el humor Apatow, “Adventureland” resulta un admirable retrato de esa transición. Como en su anterior película, Mottola demuestra que quizá sea el director que mejor sabe capturar las coordenadas de dicho momento vital, las esencias y las auras que entiende y expone con lucidez de autobiografiado: la frustración ante la imposibilidad de llevar a cabo el presupuesto viaje iniciático por Europa, la desesperanza y el desengaño amoroso, el rechazo y la reconciliación, el colocón y el magreo en los asientos de un coche… todo goza de la extrema sensibilidad de un director que diseña con profundo amor a sus personajes, que narra como nadie estupendas fábulas locales de significados inapelablemente universales, en este caso partiendo de la Pittsburgh de la era Reagan. Cualquiera que haya pasado por un trabajo de condiciones similares al de James (Jesse Eisenberg) puede sentir complicidad en su hastío ante la repetición indiscriminada del Rock me Amadeus de Falco por la megafonía del parque; cualquiera puede entender, sin que medie la palabra, el cruce de miradas entre el protagonista y su padre después de que la madre haya encontrado la botella en el coche. Mottola habla al espectador como un cómplice, no como un miembro del ganado de multisalas.

Jesse Eisenberg se demuestra una promesa más firme que en la venidera “Bienvenidos a Zombieland” (Ruben Fleischer, 2009), mientras que Kristen Stewart sorprende con una demostración de registros que felizmente desmiente la pobreza expresiva con la que desfilaba en “Crepúsculo” (Catherine Hardwicke, 2008). Su composición se corresponde con la riqueza de unos personajes cuyo creador nunca permitiría acotar en dos líneas: precisamos para alcanzar la comunión con ellos de Lou Reed, Neil Young o los Judas Priest. Incluso el personaje de Connell (Ryan Reynolds), a priori el más fácil de demonizar con simplismos habituales, goza de una complejidad envidiable, y sólo Bill Hader parece desaprovechado para la ocasión. Como guinda, y como en “Supersalidos”, la conclusión de “Adventureland” camina hacia un bellísimo mensaje que nunca debiera pasar desapercibido: la pasión como fórmula de enfrentamiento a los conflictos que llegan con la madurez sentimental, a través de Herman Melville y su “Moby Dick”.
- Ficha de “Adventureland”
- Fotos de “Adventureland” (20)
- Previa: Aventura en el parque de atracciones, por J. Revert
- Videocartelera de la semana de su estreno
En las imágenes: Fotogramas de “Adventureland” – Copyright © 2009 Miramax Films, Sidney Kimmel Entertainment y This Is That Productions. Fotos por Abbot Genser. Distribuida en España por Walt Disney Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.
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Hola,
siento discrepar con Sara ya que Adventureland me parecio total y absolutamente redonda, a excepción de la interpretación de Kristen Stewart, en lo cual estoy de acuerdo con ella.
Quizá sea a que a mi si me toco vivir esos veranos de los 80 e incluso llegue a conocer ese tipo de parques de atracciones, nada que ver con los actuales.
Personalmente opino que el gran acierto de Adventureland es la ambientación que consigue, tanto en los detalles del parque de atracciones como en los detalles que rodean a los personajes, su caracterización, su ropa, su forma de hablar, de andar… e incluso de sentir, que son genuinamente ochenteras.
De todas formas reconozco que es una película de “época”, como lo puede ser el cine de John Hughes, en el sentido de reproducir una serie de comportamientos y de sociedad que si no se han conocido, es dificil asimilarlos en una película.
Y para nada es una cinta indie del montón, modestamente la pondría al mismo nivel de Pequeña Miss Sunshine. Pero, claro, para ello es necesaría comprenderla en toda su extensión y es muy dificil hacerlo sin haber vivido esos veranos de los 80.
Pues seré la única a la que sigue sin gustarle Kristen Stewart… ¿De verdad crees que tiene variedad de registros? Yo la sigo viendo insípida, apática e inexpresiva, con la misma cara de lela tanto si está deprimida como si está enamorada. No sé qué le veis a esta chica… Yo pienso que es una de las peores actrices y más sobravaloradas del panorama actual. ¿Quién es su padrino? Porque si no, yo no me lo explico…
Al margen de esta “actriz”, me pareció que al filme de Mottola le faltaba algo para estar completo; la idea era sencilla pero buena, pero me dejó con la sensación de echar algo en falta, no sé muy bien el qué. Quizá es que no llegué a conectar con ninguno de los personajes (mi adolescencia no queda tan lejos, y, que yo recuerde, no era tan lerda en aquellos tiempos) y la química entre los protagonistas es nula. Tan solo me arrancaron sonrisas de complicidad los brillantes secundarios. Y, cómo no, la banda sonora es para enmarcar.
Por lo demás, una cinta indie del montón, que pasará desapercibida sin duda alguna. Con la de brillantes ideas que ha dado el cine independiente, me parece fatal que se ponga como excusa su bajo presupuesto para encuadrarlas a todas dentro de un género inexistente.

























































