“Agallas” mantiene un constante pulso con la credibilidad. Pese a que se adentra con habilidad en el submundo del narcotráfico gallego, es un thriller de poca enjundia en el que lo mejor es la interpretación de Carmelo Gómez.
El mayor mérito de “Agallas” está en el aspecto formal, en su capacidad para hacer creíble lo que, a priori, se revela una ardua tarea para cualquier aspirante a retratar el submundo del narcotráfico gallego. La ópera prima de Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez consigue capturar los ambientes de los círculos mafiosos de la Costa da Morte con la misma pericia que “Los Soprano” nos familiarizaba con el día a día de un capo de New Jersey. Aquí los escenarios van de espectaculares acantilados asomándose al Atlántico a fiestas con karaoke cutre, un paisaje complejo de definir entre el brío del thriller y el pretendido humor negro, entre la sofisticación criminal y el barriobajerismo tosco («Estamos en el paraíso de la chapuza», se dice en un momento de la película).

Es una lástima, pues, que dicha credibilidad alcanzada se vea lacrada por una trama poco estimulante, una que acaba dando, en su falta de pretensiones, con una muestra de género de poca enjundia. Más allá de sus logros estéticos, “Agallas” no ofrece argumentos poderosos (particularmente endeble la subtrama referida a la hija y su prometido), ni tampoco su libreto dispone de mimbres para ofrecer nada remarcable en cuanto a una estructura del todo clásica (ascensión y caída del gángster). Y si hay algún pulimento, este se percibe en detalles esporádicos, como una ironía que señala la diferencia con el thriller norteamericano (el plano acercándose hasta el gaznate) o una referencialidad que, en ocasiones, peca de evidente (el barco bautizado como “The African queen”, la insistencia con la que se menta a Balzac).

El verdadero problema, sin embargo, reside en el constante pulso que la cinta mantiene con la credibilidad de sus situaciones y personajes. Hugo Silva no puede salvar un Sebas desdibujado, inverosímil en su histrionismo inicial, y más tarde eclipsado por un genial Carmelo Gómez que construye un monstruo imprevisible, más terrorífico incluso en su afabilidad que en su severidad. Gómez compensa y hasta sostiene un buen número de escenas que, de otra manera, se ahogaría en la impostura. Y sin negar lo llevadero del relato (y agradeciendo su concisión), lo cierto es que, en momentos señalados, se hace palmaria la fricción entre la naturalidad de la estética y la pose dramática. “Agallas” sería, en resumen, un borrador para un thriller de mayor entidad, un ensayo de lo que podría haber sido un deseable e interesante ejemplo de género. Pero no el resultado final que más cabría desear.
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En las imágenes: Fotogramas de “Agallas” – Copyright © 2009 Continental Producciones, Mucho Ruido y Agallas Films. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.
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