“Amor y letras”: Morriña, libros y lolitas
Cortada según patrón de romance en campus universitario, “Amor y letras” puede provocar el retortijón por sus sentimientos babosos o la simpatía ante una irónica consciencia indie. Elizabeth Olsen confirma su magnetismo en pantalla.
La sitcom “Cómo conocí a vuestra madre” ha convertido a Josh Radnor en un luchador de las trampas tendidas por el estereotipo que lo lanzó a la fama: un personaje embaucador y charlatán, especializado en dilatar el logro de su objetivo principal —y van ya siete temporadas en la parrilla televisiva—, que verdaderamente no es el protagonista de su serie. Quizá animado a cultivar un estilo de comedia disímil, menos comercial; quizá espoleado por el carácter segundón de su Ted Mosby, Radnor se pasó al centro del reparto y a las tareas creativas en “Happy thank you more please” (2010), uno de esos éxitos de Sundance que tan pronto pueden provocar el retortijón por sus sentimientos babosos como invitar a la simpatía ante una (irónica) consciencia indie.
“Amor y letras” (ver tráiler) es, precisamente, la confirmación de una y otra cosa para cada miembro del espectro; no es fácil visitar el campus universitario propuesto por Radnor sin ningún tipo de prejuicio hacia su estética blanda en particular —más pesimista de lo que parece— y, en general, hacia el subgénero de jóvenes-ya-no-tan-jóvenes que retornan al hogar idealizado. En este caso, un pasado académico que el protagonista encumbra tanto como Zibby —magnífica Elizabeth Olsen— hace con el amor romántico. La pareja central, separada por dieciséis años de edad, encuentra mayores escollos en los abismos de la madurez y en sus diferencias ideológicas y morales. Ahí es cuando Radnor demuestra sus momentos más lúcidos —en especial si cede la voz a la experiencia, Richard Jenkins o Allison Janney—, dando coba a esos dos protagonistas con ínfulas que van desinflándose a medida que su amor se revela como un aerostático sostenido por los (nauseabundos) gases de la pretenciosidad intelectual y del enamoramiento entendido como proyección de un futuro sin imperfecciones.

La propuesta, no obstante, se empantana con frecuencia en los barros comunes de un relato que prefiere la vocación de película de moraleja educativa —su paisaje lleno de dedicatorias musicales, viajes en coche y hojarasca; tampoco falta el estudiante brillante y atormentado— al buceo sexual y emocionalmente incómodo. No sorprende, entonces, que Radnor opte por un optimismo mal entendido, por discursillos irritantes de autoayuda para quinceañeros y por algunas conclusiones conservadoras que rompen ese discurso en torno a la apropiación de la madurez como estado definitivo, aparte de ceder pantalla a secundarios tan enojosos como el que interpreta Zac Efron. Tal vez le haga falta más tiempo para demostrar si se trata del próximo Edward Burns o de una auténtica promesa, o tal vez no.
Calificación: 5/10
- Ficha de “Amor y letras”
- Tráiler de “Amor y letras”
- Escenas de “Amor y letras”
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Imágenes de “Amor y letras”, película distribuida en España por Avalon © 2012 Strategic Motion Ventures, BCDF Pictures y Tom Sawyer Entertainment. Todos los derechos reservados.












No es una película brillante, pero esta lejos de ser una bazofia. El director agarra el tema de la madurez y poco a poco le va dando sus pinceladas, pero sin que resulte pedante, de manera natural. I es que no hay que confundir los personajes con la película. Lo que podía haber sido una comedia romanticona y fácil deviene en una reflexión sobre la naturaleza del envejecimiento, no es brillante, pero si sincera.
El profesor que se retira, la profesora amargada, el treintañero que no sabe hacia donde tirar, o la chica joven fascinada por un hombre mayor, son arquetipos ya muy usados, pero que sirven para proyectar una visión de la vida tan buena como otra.
Las actuaciones me parecen correctas, destacaría la de Allison Janney, que tiene un caramelo de personaje.
Todo ello sazonado con la música de Beethoven, Vivaldi, Mozart, los clásicos nunca pasan de moda.
Le doy un 7, creí que vería un bodrio y me sorprendió gratamente.
Saludos.