Si algo demostró Ed Harris en su debut como director, “Pollock”, fue que su carrera como actor, al igual que le sucediera a muchos otros antes que él (quizá el ejemplo más paradigmático de ese sorprendente salto de un lado a otro de la cámara sea el de Clint Eastwood), demuestra que mientras participaba en grandes producciones comerciales que le hicieron un rostro reconocible por el aficionado, hacía algo más que ofrecer un excelente trabajo interpretativo, cobrar el cheque e irse a casa. Sólo así puede explicarse que se atreviera con un terreno tan minado como el del biopic del pintor y genio incomprendido, y que lo hiciera demostrando un grado de madurez sorprendente en quien firmaba su primera obra.

Para la segunda ha querido adentrarse en otro género que, aunque más codificado y aparentemente accesible, no deja de tener sus trampas, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de un género que, oficialmente, ha dejado de existir: aunque nos siguen llegando dos o tres títulos cada año (recientemente pasó por nuestras pantallas la estupenda “El tren de las 3.10″), se ha convertido en un lugar común repetir que las películas “de vaqueros” ya no le interesan a nadie. Lo curioso es que se dice eso cuando, una y otra vez, y abandonada su obligación de ofrecer un espectáculo que otros géneros cinematográficos parecen en mejor disposición de dar al espectador, se revela como uno de los mejores vehículos para poner en pie guiones trazados con tiralíneas, en los que las relaciones entre los personajes, su psicología, son tanto o más importantes que el hecho de que los protagonistas sean perseguidos por apaches, pistoleros o el avance raudo de la civilización y el ferrocarril.
Es precisamente esa vía la principal, la de la descripción de una relación entre dos pistoleros a sueldo (el propio Harris y Viggo Mortensen), que disimulan su condición bajo una apariencia legal que les convierte en alguacil y ayudante (a la vez que amos absolutos), respectivamente, de las localidades que les contratan, y que llegarán a un pueblo, Appaloosa, donde ambos se verán lenta pero inexorablemente cambiados. Los mejores momentos de esta cinta, en la que no abundan las escenas de acción, se dedican a describir la evolución de esa amistad entre dos hombres duros, y en la que quizá no sea una locura decir que llegan a atravesarse unos momentos de emoción nunca expresada, nunca dicha, al estilo de los hombres curtidos que cabalgan por los desiertos y las praderas y nunca dicen una palabra de más.

En realidad, el resto de los personajes que giran a su alrededor (encabezados por una Renée Zellweger que se queda a tan solo un paso de ser tan cargante como siempre, o un Jeremy Irons que incorpora un malvado con más aristas de lo habitual, incluido su propio mensaje de crítica al cinismo de los llamados “civilizados”) no hacen más que componer el decorado que hará que esa amistad termine enfrentada al que parece único final posible. Un desenlace que, aunque pueda beber en la iconografía y lo más tópico visto en el western, acaba teniendo su propia entidad y un significado tan potente como si lo viéramos por primera vez.
“Appaloosa” quizá no sea película para un espectador necesitado de la continua sacudida, y que probablemente disfrutara más de “El tren de las 3.10″; por el contrario, es una cinta que, sin caer en los revisionismos al estilo de “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, busca fijar a sus protagonistas en nuestra sagrada galería del Lejano Oeste, esa que tantos pretenden convertir en panteón pero que, afortunadamente, aún es capaz de regalarnos “estertores” de buen cine como el presente.
Calificación: 7/10
En las imágenes: Escenas de “Appaloosa” - Copyright © 2008 New Line Cinema, Axon Films y Groundswell Productions. Fotos por Lorey Sebastian. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.
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Estoy de acuerdo con Tonia Pallejá en que quedan cosas por explicar y a veces resulta un poco lenta. La actuación de Ariadna Gil parece de mero adorno y sin relevancia en la historia y el amor que siente el protagonista por Renee resulta poco realista. Pero a pesar de todo me gustó por los dos actores protagonistas de los que soy fan total, los dos son magníficos en cualquier papel que interpretan. Por cierto, me gustaría saber si podeis decirme cómo puedo contactar con Viggo Mortensen para pedirle una entrevista la próxima vez que venga a España, pues colaboro en una revista de cine y quisiera entrevistarle. Y si podeis además decirme qué preparación hay que tener para ser una buena crítica de cine, pues me gustaría dedicarme en serio y saber analizar bien una película para ser lo más justa posible. Espero que podais ayudarme en mis dos consultas. Gracias anticipadas por vuestra respuesta y por dejarme dar mi opinión y un saludo,
Uf, pero qué lejos queda ya “Persiguiendo a Betty”. Yo empecé a odiarla con Bridget Jones. Y en cuanto a lo de su teórica belleza, yo no sé qué le pasa a esta mujer, que últimamente siempre sale con una pinta de haber comido algo en mal estado o de estar toda ella en plena reacción alérgica.
El personaje de Ariadna Gil es que también está mal construido, de florero y punto, y como dices, nada favorecido. Entiendo que en el western hay una serie de lugares comunes, pero es cuestión de darles entidad y relieve para que no se queden en tópicos trasnochados, y realmente su papel es de un tópico y de un superficial descarados.
En lo de la Zellwegger sí que coincidimos, Tònia. ¡Y mira que me gustó a mí esta chica en “Persiguiendo a Betty”…! Quizá lo más ridículo de la película sea escuchar tantas alabanzas de su belleza… aunque cabe decir que nuestra Ariadna Gil tampoco es que salga muy favorecida, que digamos.
Un saludo!
Ésta y “El tren de las 3:10″ son dos westerns muy distintos, pero a mí me gustó mucho más la segunda, porque encuentro que está mejor acabada en cuanto a guión y dirección.
El perfil de los protagonistas y su relación me pareció interesante, pero la historia en sí está contada de una forma que a menudo resulta absurda y tosca. Quedan cosas por explicar, tanto de la trama como de otros personajes, que ni subtexto, ni elipsis, ni sobreentendidos, ni leches. Y tampoco encontré la narración demasiado fluida o emocionante. Que no haya acción no significa que le tenga que faltar vitalidad o pasión. Los diálogos también muy funcionales, de cumplir con la papeleta y punto. Eso por no mencionar que la Zellweger cada día me provoca más sarpullidos cuando se pone en este plan tan irritante.

























































