A Tony Scott le ha salido una película bastante setentera, por su mayor confianza en la capacidad interpretativa de los actores que en el mero espectáculo de acción. Sólo en su desenlace sigue caminos más trillados y menos sorprendentes.
El arranque de “Asalto al tren Pelham 123″ hace que en la mente de uno salten todas las alarmas: montaje espasmódico, imágenes ralentizadas… todo el ruido visual inmediatamente asociado a Tony Scott, perpetrador de atentados cinematográficos como “Domino” y realizador con el curioso don de hacer siempre películas por debajo de las posibilidades que ofrecen sus planteamientos (“Marea roja”, “Enemigo público”). Así que uno empieza a lamentar haberse sentado precisamente en esa sala, para ver exactamente esa película, y se prepara mentalmente para hacer acopio de estoicismo y capacidad de sufrimiento de la retina, rezando además para no tener que padecer un ataque de epilepsia ante la hiperestimulación visual.
Hasta que, sorprendentemente, descubre que la cosa se serena y termina derivando, durante la mayor parte del metraje, en una cinta bastante más clásica, que descansa gran parte de su atractivo en la interpretación de los dos personajes principales y en el enfrentamiento de unas personalidades en las que ni el malo (John Travolta) carece de atractivos, ni el expediente moral del bueno (Denzel Washington) es todo lo intachable que cabría suponerse. Y no es que la cosa alcance tampoco alturas siderales, pero sí que se basta y se sobra para mantener la atención en una historia que sólo en su desenlace sigue caminos más trillados y menos sorprendentes, expiaciones y redenciones morales inclusives.
De hecho, casi podría decirse que a Tony Scott le ha salido una película de espíritu bastante setentero, y no sólo por su condición de remake de “Pelham uno, dos, tres”, la cinta original de Joseph Sargent de 1974, sino por su mayor confianza en la capacidad interpretativa de los actores que en el mero espectáculo de acción (aunque este, claro, tampoco falta, como demuestran los hiperbólicos accidentes que sufren los vehículos que transportan el dinero exigido por los secuestradores mientras atraviesan Nueva York). Incluso los secundarios, cuya importancia real es bastante reducida, cumplen con eficacia, entre ellos un John Turturro que recupera la sobriedad dilapidada en la reciente “Transformers: La venganza de los caídos”, y un James Gandolfini que hace lo que puede para que nos olvidemos de su ya legendario rol en “Los Soprano”. Pero si alguien merece ser destacado, es un John Travolta que pocas veces está mejor que cuando hace de villano. Visiblemente divertido en su papel, razonablemente histriónico y lleno de carisma, se convierte en el pilar principal en el que descansa el interés de la cinta, cuyo argumento se ve además modernizado con las correspondientes menciones a internet, las nuevas tecnologías y una sala de control del metro que parece casi más propia de la NASA.
Por lo demás, el espectador se encontrará con una película que apenas aporta nada nuevo, nada no visto ya en cientos de cintas similares. Y sin embargo, consigue su objetivo principal, que es el entretenimiento sin mayores exigencias ni ambiciones. Y eso a pesar de que el “poderío” de Scott acecha en cada esquina, sin poder esquivar detalles presuntamente tan modernos pero en realidad ridículos y enervantes, como el pitido del tren que irrumpe en la banda sonora con cualquier excusa, venga o no a cuento (memorable el instante en que se deja oír coincidiendo con la rápida aparición del sol entre dos edificios). De todas formas, no nos importaría que la media de las cintas dirigidas por el hermano de Ridley fuera esta: puede que hasta fuésemos capaces de perdonarle el habernos infligido cosas como “Déjà vu”… Pero tampoco nos pasemos: para ello, “Asalto al tren Pelham 123″ tendría que ser muchísimo mejor de lo que es.
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En las imágenes: Escenas de “Asalto al tren Pelham 123″ – Copyright © 2009 Columbia Pictures, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Relativity Media, Scott Free y Escape Artists. Fotos por Rico Torres y Stephen Vaughan. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.
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Aquí, desde luego, se lo come, PDVW: es indiscutible.
Un saludo!
Personalmente, John Travolta me gusta más como actor que el, a veces repelente, Denzel Washington.




























































