Hay mucha gente que acude al cine deseando vivir una larga y preciosa historia de amor, labrada desde la indiferencia y el infortunio hasta un dramático final donde las lágrimas surjan de la emoción por la felicidad alcanzada. Será una odisea en la que haya un viaje y una aventura personal, amenazados por un personaje malvado y una guerra que separe a los jóvenes enamorados. También debe incluir un buen motivo de lucha en pro de la igualdad o la justicia, y un elemento que una a sus personajes y les dé fuerzas para continuar en su misión a pesar de los reveses de la “vida de ficción“. En definitiva, una buena historia que contar, llena de sueños y deseos que ayuden a sentirse de una tierra y a forjar una identidad. Si alguna película contiene estos elementos de amor y superación, patriotismo y defensa de los marginados, mezquindad y buenos sentimientos, esa es “Lo que el viento se llevó”, y a ella ha querido mirar, entre otras, Baz Luhrmann en su “Australia”.
El director de “Moulin Rouge” no pretende ahora reinventar un género ni provocar a los puristas como hiciera en “Romeo y Julieta”. En esta epopeya homenajea al cine americano más clásico, sin apartarse un ápice de sus convenciones y concesiones. Quiere creer en el poder de la magia —de los sentimientos, de los lazos de un pueblo— y traslada la fuerza de “El mago de Oz” a un mestizo de la generación perdida australiana. También busca la complicidad de una pareja que comienza odiándose —o quizá sólo buscando sus propios intereses— para después necesitarse con pasión en torno a la tierra roja de Tara (perdón, de Faraway, la hacienda ganadera). Luhrmann ha querido construir, en realidad, un canto de amor a su país, una alegoría sobre la construcción de un pueblo mezcla de sangre británica y aborigen, en un intento reconciliador de lo que es «mi país, nuestro país», como dice el rey Jorge a la aristócrata lady Sarah Ashley.
Un romance personal que es una búsqueda de las propias raíces como lo era el interminable melodrama que el viento se llevó o algunas de las grandes producciones de David Lean. Y como en la historia de Escarlata, también aquí tenemos un negocio que sacar adelante al trasladar las reses bovinas, un incendio que transforma la floreciente ciudad portuaria de Darwin en un campo de cadáveres, una guerra en la que los japoneses vienen a poner en peligro un desenlace feliz, y hasta unos contraluces fotográficos en que las siluetas oscurecidas por la noche se recortan en el horizonte. Grandes decorados y música sinfónica que mueve las emociones, una preciosa fotografía que aprovecha los preciosos parajes australianos con articulados travellings y panorámicas aéreas —marca del espectáculo made in Luhrmann— y una narrativa clásica al hilo de los recuerdos del niño Nullah que cuenta su historia y la de su pueblo.
Sin embargo, no todo funciona en esta aventura de amor y superación. Tanto Nicole Kidman como Hugh Jackman son actores de probada solvencia que aquí trabajan con corrección y logran algún momento brillante, pero cuyos personajes no pasan de ser meros conductores de la historia, sin llegar a transmitir más sentimientos que los superficiales que puedan suscitar la banda sonora o la propia trama. Parece que el guión no ha sabido dotarles de mayor calado dramático y se ha conformado con una aristócrata inglesa que llega como una puritana estirada y antipática para transformarse en una apasionada mulier fortis (capaz de resistir contra viento y marea desde que se activa su instinto maternal), o un arriero de ganado marginado y solitario (fuerte por fuera pero de corazón blando y dolorido, que siempre acude a la llamada de una canción). Son figuras simples y sin excesivos recovecos, lineales a pesar de su pretendida evolución psicológica y emocional, no mucho más compleja que la del pérfido capataz Fletcher, condenado por el espectador a las primeras de cambio y centro de todas las mezquindades. Como botón de muestra de la voluntaria imagen que el director quiere proyectar del héroe y galán Drover, basta observar sus tres apariciones “majestuosas” en la pelea inicial en el bar, en la fiesta de la gente blanca o entre la niebla en la misión de los mestizos… siempre atrayendo la atención de la cámara en plan salvador.
Es la misma complacencia y convencionalismo que transitan, en menor medida, por toda la cinta y que la convierten en un producto válido para el entretenimiento y la diversión, pero cuya historia carece de la fuerza de los clásicos que pretende emular. Funciona mejor en su primera parte, entre la comedia caricaturesca, el western de ganaderos y el melodrama romántico, y se precipita perdiendo la lógica narrativa en su tercio final —poco creíbles las desavenencias y reacciones de la pareja— a la vez que sucumbe a un narcisismo previsible. Pero se ve con gusto y no defraudará a los amantes del cine clásico y de las emociones, aunque sean algo forzadas y poco duraderas.
Calificación: 6/10
En las imágenes: Fotogramas de “Australia” – Copyright © 2008 20th Century Fox y Bazmark Productions. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
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pelicula buena, entretenida, con una buena quimica entre los protagonistas, eso si se hace un poco larga, pero no pesa demasiado, porque cumple con su proposito.
[...] “Las horas del verano” que encantará a los amantes del cine de autor, y la americana “Australia” que incorpora todos los convencionalismos y pretensiones de un cine comercial que quiere imitar al [...]
[...] aspiran a los Óscar y a una buena taquilla. Tras siete años ausente, Baz Luhrmann nos ofreció “Australia”, un melodrama romántico de casi tres horas con aires de western y traslados de reses y con el [...]
“Australia”: Como si no hubiera pasado el tiempo…
El estreno de la nueva película de Baz Luhrmann, antaño abanderado del posmodernismo cinematográfico (ahí permanece ese estupendo monumento al kitsch conocido como “Moulin Rouge”), ha venido a sumarse a la tendencia del cine norteamericano de r…
..El cine moderno ha roto tantos moldes del cine clásico que para apreciar en su justa medida una historia como “Australia” debemos cerrar los ojos y poner la mente en blanco. Y solo, solo cuando empieza la proyección abrirlos.
No estamos ante la filigrana narrativa de Spielberg que con su endiablado ritmo narrativo nos hace presenciar metros y metros de acontecimientos, sin invitarnos a reflexionar sobre la hondura real de un sentimiento que lo abarque todo..
No estamos ante una de esas películas de amor y aventura, que nos mueven puerilmente durante toda la trama para asistir complacientemente al devaneo de los personajes…
..Si estamos bastante mas cerca de David Lean. Y también del cine musical. La estructura de esta magnífica película compone la historia a base de unidades de ritmo, que se solapan, se mezclan, se encadenan….. Y si alguien vió Moulin Rouge, se dará cuenta de que con el mismo estilo se puede escribir un drama epíco, una historia en la hay un único sentimiento durante toda ella. El sentimiento que por encima de la historia de amor entre Kidman y Jackman, se filtra hacia el mágico fondo de una tradición que un anciano aborigen desde el comienzo nos está revelando mientras vigila los pasos de su nieto.
No se engañen, señores espectadores, con esas superficiales críticas en las que se dice “que esto ya lo ha contado el cine clásico…” y se empeñan en colar títulos como ejemplos mejores
Como decía al principio olvídense del cine moderno. Y cierren los ojos para que esta historia nazca pura sin asomo de contaminación….Porque no hay contaminación alguna en las magníficas secuencias iniciales donde asistimos al encuentro de los personajes. No hay trampa ni cartón en el largo y dilatado epílogo donde se expresa muy bien que todo lo que vamos a presenciar está en equilibrio perfecto entre la ilusión, el detalle histórico, el drama épico, y una maravillosa historia de amor….
Estamos en Australia. Y ni siquiera, aun cuando muchos van a percibir el tono clásico del lance de comedia (comedia años 30 y 40 norteamericana) de esos momentos que abren el film; nadie va a necesitar mucho tiempo para que sucedan cosas…, porque van a suceder gravitando en un equilibrio perfecto entre el drama, la comedia, y el humor.
Si alguien sale del cine con la sensación de que lo auténtico se ha adueñado de él…, y no ha necesitado del “realismo” absurdo moderno para hacerle caer en la cuenta de ello..es porque el CINE ha ganado una vez más.
No puedo contar la película pero a mí, que llevo el cine en la sangre, ME HA FASCINADO.
…Y hay una secuencia, sí esa en la que la madre esta con el niño en el depósito mientras vienen a llevarse al niño….QUE ES EXTRAORDINARIA.
UNA PELÍCULA MAGNIFICA.




























































