Aunque en “Camino a la libertad” están presentes los destellos del mejor Peter Weir, la película no interpela al espectador y tiene momentos torpes, mal contados. Estupendos sus actores, sobre todo un prodigioso Colin Farrell.
La llegada de una nueva película de Peter Weir a la cartelera es siempre una estupenda noticia para el cinéfilo. No en vano, es uno de los pocos verdaderamente grandes, y el hecho de que el lapso entre sus entregas suela dilatarse mucho —siete años han transcurrido desde su anterior trabajo, la extraordinaria “Master and commander: Al otro lado del mundo” (2003)— no hace más que alimentar la leyenda. Por eso, cada nueva cinta es un acontecimiento. Y también por ello, cuando el resultado no está a la altura de las expectativas, resulta inevitable la desilusión. Lamentablemente, “Camino a la libertad” responde a ese caso.

Aunque cierto es que están presentes en la película los destellos del Peter Weir capaz de insuflar de aliento épico a sus historias —a pocas narraciones les viene tan bien el adjetivo como a la de este grupo de fugados de un gulag en Siberia en 1940, una fuga que llevará a alguno de ellos a recorrer miles de kilómetros hasta la India—, hay algo que impide que el resultado llegue a interpelar directamente al espectador, que termina asistiendo a la odisea con un desinterés que impide que pueda alegrarse del desenlace o sentirse afectado por los reveses. Y eso no deja de resultar curioso, sobre todo si tenemos en cuenta la prodigiosa capacidad de Weir para insertar a sus personajes en entornos espectaculares, sin que en ningún momento el paisaje llegue a “comerse” el trabajo de los actores.

Aquí eso tampoco ocurre, porque uno no puede dejar de alabar las interpretaciones de Jim Sturgess, Ed Harris o un simplemente prodigioso Colin Farrell —por no hablar del petróleo que Mark Strong saca de su lamentablemente breve personaje—. Pero algo sucede cuando el conjunto no termina de elevarse de un simplemente correcto nivel, demasiado cercano a la impecable, pero sin emoción, estética que tendría un documental de National Geographic que recorriera ese mismo camino —no parece casual que la institución de la exploración participe en la producción de la cinta—.

Incluso hay momentos simplemente torpes, como la manera demasiado sencilla, y pésimamente contada, con la que el grupo logra salir del gulag. Una cosa es que el encierro no sea lo que más interese al director, y otra que todo resulte tan burdo. Es difícil percibir la amenaza del gulag como una maquinaria diseñada para el exterminio cuando la huida comienza de forma tan ramplona. Ese tono va, en cierta manera, acompañando el recorrido salvo en momentos puntuales, como la llegada a la frontera mongola o algunos instantes del desierto, los únicos en los que el celuloide parece cobrar vida.

Pero, frente a la inolvidable y poderosa relación de amistad que se establecía entre los personajes de Russell Crowe y Paul Bettany en su anterior cinta, aquí en realidad nunca hay conciencia de grupo, y los esquemas aparecen tan estereotipados que lo único que mantiene con vida al filme es saber que, al fin y al cabo, está inspirado en una historia real. Si de lo que se trata es de lanzar un mensaje político —algo en principio no reprobable—, lo menos que habría que pedirle a alguien como Weir es que lo haga con más elegancia y nos ahorre las imágenes del final, por más que pretenda disimular la chapuza bajo una capa de emoción. Esto, desde luego, no es lo que cabría esperar del responsable de “La costa de los mosquitos” (1986).
- Ficha completa de “Camino a la libertad”
- Fotos de “Camino a la libertad”
- Tráiler de “Camino a la libertad”
- Previa: La gran travesía, por Jordi Revert
- Crítica (6/10): Huir hacia delante, por Jordi Revert
- Crítica (7/10): Sobrevivir a la mentira, por Julio R. Chico
- Reportaje: La filmografía del director Peter Weir, por Jordi Revert
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
En las imágenes: Escenas de “Camino a la libertad” – Copyright © 2010 ImageNation Abu Dhabi, Exclusive Media Group, National Geographic Entertainment y Eclusive Films. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.
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