“Castillos de cartón” obvia el trasfondo social e indaga en revoluciones sexuales e interiores. Sin embargo, Salvador García Ruiz no logra imprimir fascinación a sus imágenes y raya el tedio con la reiteración de situaciones.
En 1998, Salvador García Ruiz debutaba con “Mensaka”, estimable retrato generacional que demostraba las aptitudes del debutante asentando los lazos entre sus personajes. Más de una década después, y partiendo de la novela homónima de Almudena Grandes, “Castillos de cartón” demuestra que aquella sigue siendo una de las mayores virtudes del cineasta, pero también que su aplicación en relatos de revoluciones sexuales e interiores à la Bertolucci, no funciona tan bien como cabría esperar.
Narradora de un despertar sexual y artístico en los años 80 entre tres estudiantes de Bellas Artes, “Castillos de cartón” deja a un lado el contexto como elemento determinante de las actitudes de sus personajes: la movida madrileña apenas queda reducida a la fugaz secuencia en un pub, y las tensiones intergeneracionales de la post-transición, relegadas a un par de extraños pasajes en casa de María José (Adriana Ugarte). García Ruiz prefiere aquí centrarse en los lazos, en los ritos de indagación de los tres jóvenes, proponiendo su ménage à trois como forma de felicidad que se desmorona cuando empiezan a evidenciarse las contradicciones y los costes de la relación. Existe cierta invisibilidad del trasfondo social, el cual sólo es desvelado en la que quizá sea la peor escena de cuantas componen la película (por evidente y por impostada): aquella en la que, en medio de una fiesta, los protagonistas manifiestan públicamente su triángulo amoroso ante estupefactos asistentes.
El problema es que tales exploraciones son, las más de las veces, superficiales, que los dilemas que oscilan entre el amor y el sexo entre los protagonistas quedan lastrados por cierta previsibilidad, y el presupuesto desencanto y los recelos aparecidos en la pareja de tres, emborronado por tres actores de desigual suerte en sus interpretaciones: Adriana Ugarte parece siempre un escalón por encima de sus dos compañeros, especialmente de un Nilo Mur al que le toca desempeñar el rol peor dibujado. Entre el trío surge una química intermitente, pero de esta apenas se derivan sensaciones de revolución interior, y todo intento de García Ruiz por alcanzarla se diluye en la reiteración y, finalmente, en el tedio. En esa tesitura, “Castillos de cartón” nunca muere del todo, pero tampoco es capaz de imprimir una verdadera fascinación a lo que cuenta. Palidecería en la comparación ante referentes como “La maman et la putain” (Jean Eustache, 1973), pero al menos sale ganando frente a ejemplos como la reciente y muy prescindible “Dieta mediterránea” (Joaquín Oristrell, 2009).
- Ficha de “Castillos de cartón”
- Tráiler de “Castillos de cartón”
- Fotos de “Castillos de cartón” (14)
- Previa: Ménage à trois, por J. Revert
- Videocartelera de la semana de su estreno
En las imágenes: Fotogramas de “Castillos de cartón” – Copyright © 2009 Tornasol Films, Castafiore Films y Agrupación de Cine 003 (AIE). Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.
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