“Monster House” fue una película que deslumbró, y eso no es nada fácil cuando nos referimos a una cinta de animación y a las maravillas que llevamos acumuladas en los últimos tiempos. Quizá porque en su interior latía un corazón ochentero que conectaba a la perfección con toda una generación, la que creó su primera cinefilia al calor de los estrenos con marca de la casa Spielberg, y de los que quizá “Los Goonies” sería su título emblemático. Por eso, no debería de extrañarnos que para su segunda película, ese imaginario vuelva a cobrar fuerza a través de la aventura creada por la escritora Jeanne Duprau, que en manos del equipo comandado por Gil Kenan se reviste de una estética entre retro y de años cuarenta, de posguerra inglesa y callejones de Charles Dickens, de ciencia-ficción inocente y menciones a los totalitarismos apoyados en una gran mentira.
La ciudad subterránea de Ember se convierte, así, en el crisol en el que se funden y conjugan una serie de elementos que dotan a esta película de una estética y unas características que la hacen especial. Fuera de los malabarismos digitales que en tantas ocasiones llevan más al empacho que a la verdadera maravilla, da la sensación de que cada uno de los edificios y calles pueden tocarse y pisarse, y uno casi está esperando que llueva para terminar de componer un escenario que le remite al Londres más iconográfico y cinéfilo. De la misma manera, el vestuario y el atrezo de un mundo que se está cayendo a pedazos tras varias generaciones sostenidas por un obsoleto generador, nos habla de la pobreza de una sociedad agotada y sin recursos.
Un mundo que podría ser tenebroso pero que, en manos de Gil Kenan, se convierte tan sólo en el escenario de una aventura no demasiado bien explicada, y que se va resolviendo de una manera tan mecánica que resulta escasamente estimulante. De la misma forma que Bill Murray encarna a un villano de lo más convencional (algo que no es necesariamente elogioso cuando estamos hablando de un actor como él), un secundario glorioso como Martin Landau no puede presumir de un papel especialmente lucido, y tan sólo Tim Robbins y Toby Jones cumplen lo suficiente en su escaso tiempo en pantalla.
A cambio, podemos disfrutar de una Saoirse Ronan que ya ha ocupado el trono dejado atrás por estrellas femeninas infantiles como Dakota Fanning, y quizá con una demostración de capacidad interpretativa superior. Es prodigioso que esta niña sea capaz de crear su introvertida y extraordinaria composición de “Expiación: Más allá de la pasión”, y ser aquí todo lo contrario: una chica que destila alegría y ansia de vivir por los cuatro costados. Y junto a ella, Harry Treadaway apenas puede hacer otra cosa que dejarse llevar y figurar a su lado.
La película de Gil Kenan, pues, es estimulante en la medida de que es capaz de iluminar la entrada a un mundo con sus propias reglas y que, por una vez, no bebe de los éxitos precedentes de la literatura fantástica juvenil. Pero tiene en su contra precisamente lo mismo: ese mundo apenas aparece insinuado, sin que ninguna de sus posibles y sugerentes vías termine de agotarse. De todas maneras, habrá que seguir atentos a un director que, aunque no ha logrado la redondez de su primera obra, ha sabido mantener su personalidad pese al cambio de registro. Ya sólo le queda la confirmación.
Calificación: 5/10
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- Crítica de Joaquín R. Fernández
- Crítica de Jordi Revert
- Acerca de la banda sonora
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En las imágenes: Escenas de “City of Ember: En busca de la luz” – Copyright © 2008 Playtone y Walden Media. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos reservados.
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Hombre, teniendo en cuenta lo que vemos habitualmente, no me parece la peor película que hemos visto en mucho tiempo. Pero, desde luego, es decepcionante el resultado final.
Un saludo!
Es la peor pelicula que he visto en mucho tiempo, parece escrita por un niñ@, si llego a ir al cine me salgo a mitad de proyeccion, parece mentira que Bill Murray y Tim Robbins acepten este pastelon de guion.
“City of Ember: En busca de la luz”: Siempre hay una salida… cuando el hombre es el protagonista…
Parte del encanto de la Navidad está en ver iluminadas las ciudades en la noche, en contemplar la ilusión con que los niños disfrutan sus vacaciones jugando y correteando por las calles, en albergar esperanzas para el nuevo año… y en confiar …



























































