Lo que empieza como una deconstrucción de la comedia romántica y los tópicos de las relaciones sentimentales, acaba como una reivindicación de esos lugares comunes. “Con derecho a roce” es otra película a olvidar del género.
De la nostalgia por los 80 a la añoranza de los 30 y 40, de las comedias de la marca John Hughes a la screwball de la Hepburn. Will Gluck sigue demostrando su filia por la romcom y lo hace saltando, sin ningún complejo, de un hito del género a otro. Su segunda película, la notable “Rumores y mentiras” (2010), era una revisión y al tiempo comentario de “La letra escarlata”, de Nathaniel Hawthorne, pero en clave de la comedia teen de hace tres décadas. Su tercer trabajo, “Con derecho a roce” (ver tráiler y escenas), es menos confeso en cuanto sus referencias —el primer encuentro en el aeropuerto, el póster de “Sucedió una noche” (Frank Capra, 1934) en el dormitorio—, pero aborda, con más entusiasmo si cabe, la deconstrucción de códigos del género, aun a costa de cobrarse alguna víctima en el camino.

Nora Ephron, directora a menudo denostada por sus dosis ingentes de edulcorante, labró el género en los 90 y lo identificó con la química de la pareja formada por Tom Hanks y Meg Ryan. En un momento dado de “Con derecho a roce”, la realizadora recibe su pertinente puya de parte de una vivaz Patricia Clarkson. El chiste, aunque inofensivo, revela que tampoco el cine de Will Gluck está a salvo de la hipocresía: su última criatura dedica, en su primera mitad, todos sus esfuerzos a tirar por tierra los tópicos de las relaciones sentimentales, perpetuados, según sus protagonistas, por las películas de Hollywood selladas con un beso final que siempre olvida lo que pasa después. A medida avanza la cinta, empero, la guasa hacia el lugar común desocupa su espacio para que sea el propio lugar común el que se reafirme sotto voce. Y a medida su fogosa pareja protagonista abandona desvíos para volver a los cauces habituales de la pareja, queda en evidencia la premisa que atacaba la impostura de Ephron: al menos, se trataba aquél de un cine nunca temeroso de su propia ñoñería, abierto a una sensibilidad trabajada desde los rincones de una librería hasta lo alto del Empire State, y perfectamente cómodo con la trascendencia que confería a los greatest hits en la historia de una relación.

En este tira y afloja de afectos que no puede evitar un espíritu afín —y algo más— respecto a la reciente “Sin compromiso” (Ivan Reitman, 2010), Justin Timberlake y Mila Kunis se desenvuelven como peces en el agua, más convincentes en su fase y divertida y picante que cuando la cosa se pone seria y aparece en escena el fantasma de las ataduras. Para entonces, el filme ya ha olvidado sus propios prejuicios y ha reunido a la confusa pareja en la azotea de un rascacielos, vertido más azúcar vía una incesante playlist, y buscado una mayor enjundia dramática a través de la subtrama que implica, de refilón, a un padre con Alzhéimer. Decisiones que reivindican, por otra parte, el derecho de la película a constituirse como comedia romántica del montón.
Calificación: 5/10
- Ficha completa de “Con derecho a roce”
- Imágenes de “Con derecho a roce”
- Tráiler de “Con derecho a roce”
- Escenas de “Con derecho a roce”
- Making of de “Con derecho a roce”
- Reportaje: Alérgicos al compromiso, por Jordi Revert
- Crítica (5/10): La búsqueda de la satisfacción, por José Arce
- Crítica (5/10): No tan descarada, por Joaquín R. Fernández
- Noticias relacionadas con “Con derecho a roce” y su equipo
En las imágenes: Fotogramas de “Con derecho a roce”, película distribuida por Sony Pictures Releasing de España © 2011 Castle Rock Entertainment, Screem Gems, Zucker Productions y Olive Bridge Entertainment. Todos los derechos reservados.
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