Apoyada en un guión preciso y milimétrico en su estructura, a la cinta le cuesta despegar y sólo coge cuerpo a medida que las historias se enriquecen y el espectador comienza a conocer y sintonizar con sus atribulados protagonistas.
“Cosas insignificantes” son aquellas que Esmeralda guarda celosamente en su “caja de tesoros” y que a Andrea Martínez Crowther le sirven para entretejer cuatro historias de perdedores que suspiran por un futuro mejor. En su primera película, la directora y guionista mexicana se permite construir un puzzle de vidas cruzadas, yendo y viniendo en el tiempo hasta establecer puntos de encuentro entre sus personajes e ir dándoles un pasado dramático que explique su tristeza actual. Un psiquiatra que fracasó como padre y se distanció de su hija hace veinte años, otro médico que tampoco está a la altura que exige una situación familiar nada fácil, una esposa “enterrada” en un confort insultante mientras su hijo enferma gravemente, y una muchacha que trabaja para sostener a su hermana pequeña y a su abuela senil, pero que sueña con huir a Canadá y olvidarse de la penuria.
El hilo conductor de este filme coral son esas pequeñas cosas que encierran trozos de vida, que esconden errores y deseos de reparación, sueños y desencantos, y también algunas mentiras de las que hacen daño y otras de las que sirven para hacer felices a los demás: una nota con un teléfono escrito, un caballito de papiroflexia, una flecha pintada con colores… se convierten de esta manera en elementos para hablar de la felicidad buscada como un tesoro y de la insatisfacción producida por el egoísmo, de las relaciones humanas encerradas en una caja que esperan el momento de “ser liberadas” y dadas con generosidad. Sus personajes pertenecen a distintas clases sociales, pero todos son individuos tristes y abandonados por una suerte de fatalidad del azar, que intentan recomponer los lazos familiares con una llamada de teléfono o una caricia, pero que respiran soledad y desesperanza… Almas que necesitan una especie de catarsis interior en forma de “lluvia de ceniza” para anular el distanciamiento o la infidelidad, que espolee ante el materialismo que impide ver al niño enfermo o al que limpia los coches para sobrevivir.
Apoyada en un guión preciso y milimétrico en su estructura, a la cinta le cuesta despegar y sólo coge cuerpo a medida que las historias se van enriqueciendo y el espectador comienza a conocer y sintonizar con sus atribulados protagonistas. Sin embargo, la puesta en escena en muchos momentos camina por terrenos del culebrón televisivo, la superficial y dulzona interpretación en algunos casos resta matices y credibilidad a los personajes, y frecuentes tiempos muertos empantanan la narración y la impiden avanzar convenientemente: sobra artificio y énfasis melodramático, falta hondura interior y frescura. Por eso, el espectador encontrará una pieza de reloj bien montada pero que avanza con lentitud y morosidad —no por el tempo, sino por la falta de ritmo contemplativo o intimista que precisa—, que no conmueve ni emociona porque los sentimientos parecen guardados con llave en la caja de la pobre Esmeralda, y sólo se transmiten con tedio e impostura.
Una cinta correctamente escrita y bienintencionada, pero sin tensión dramática ni profundidad emocional, algo que explica que la directora se vea obligada a dar un triple salto mortal inverosímil en el desenlace. Imitación a las vidas cruzadas y al azar del dúo Arriaga-Iñárritu, pero que no alcanza su altura ni calado, como tampoco lo hacen sus actores —Paulina Gaitán es quien más autenticidad transmite en su papel de Esmeralda— ni su diseño de producción. En definitiva, una meritoria pero insuficiente ópera prima de un guión artesanal al que le faltan algunas cosas que sí son significativas si se quiere alcanzar la brillantez.
En las imágenes: Fotogramas de “Cosas insignificantes” – Copyright © 2008 Tequila Gang, Manga Films y Media Films. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados.
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“Cosas insignificantes”: Más historias mínimas…
“Cosas insignificantes” es un mosaico insípido e irregular construido, pese a todo, sobre un sólido guión. Los dilemas y dramas personales presentados en ella carecen de la fuerza que también exige el drama más sobrio.
Con la bendició…




























































