La crudeza emocional y complejidad de la historia personal es reflejo de otra de tipo social, la del momento post-apartheid en Sudáfrica. Nadie mejor que John Malkovich para transmitir la mentalidad analítica y amoral de David Lurie.
La adaptación cinematográfica que hace Steve Jacobs de “Desgracia” conserva toda la dureza e intimismo sin concesiones de la novela de J.M. Coetzee. A partir de una historia ambientada en territorio sudafricano, Jacobs mete el bisturí en el alma de un profesor que vive a golpe de impulsos, sin atenerse a normas morales ni reparar en las consecuencias de su alocado deseo de placer: David Lurie da clases de poesía romántica, pero su actuar carece del sentimiento y la sensibilidad de Lord Byron y se acerca más al instinto del perro en permanente celo. Y eso lo saben bien sus alumnas y otras mujeres con las que se cruza.
Es John Malkovich quien le presta a Lurie su inexpresivo e inescrutable rostro, quien le cede la palabra categórica y directa, quien razona de manera tan preclara como cínica y compleja: nadie mejor que este actor para transmitir una mentalidad analítica y amoral, un corazón frío y endurecido, unas formas correctas y vacías. Un acierto de casting para un papel que le va como anillo al dedo. Lurie sufre la “desgracia” de ser expulsado de la Universidad al ser denunciado por una alumna humillada, y entonces tendrá la oportunidad de aprender a convertir la culpa en arrepentimiento, de rescatar los restos de humanidad que le saquen del círculo degradante y egocéntrico en el que se ha movido.
La crudeza emocional y complejidad de la historia personal es reflejo de otra de tipo social, donde blancos y negros sienten la necesidad de convivir mientras aún late un conflicto no bien resuelto tras el apartheid: una sensación de culpa y remordimiento que se adivina en Lucy, obligada a permitir que Petrus construya su casa en su propiedad, vejada y sin posibilidad de denunciar la violencia sufrida, pero decidida a no huir de la que considera su tierra. Ella sí conserva el sentido moral que le falta a su padre y que le lleva a perdonar —al menos, a comprender lo que supone ser humillado— o a llevar a término su embarazo y rechazar abortar. Y esa será la lección que Lurie deberá aprender fuera de las aulas, la lección de la responsabilidad y del amor sacrificado, de mirar las cosas desde otro punto de vista. La evolución del personaje de Malkovich es gradual, matizada y en cierta medida ambigua, verosímil en su complejidad: nunca deja de ser un individuo seco y áspero, de reacciones frías y un tanto insospechadas (cuesta entender que acuda a una hija a la que apenas visita, una y otra vez), de cálculo egoísta y gusto refinado pero a la vez caprichoso y pasional; aunque al final se vislumbra cierta humanización y despertar del sentimiento, junto a la aceptación de su condición de hombre ya entrado en años.
La banda sonora, de tonos graves y coros, da hondura a la herida sangrante. La fría fotografía anula cualquier sentimiento en unos personajes encorsetados en su individualismo o en las estructuras sociales. Y su puesta en escena busca mostrar estilos de vida opuestos —padre e hija no pueden ser más distintos, aunque se produzca un paulatino acercamiento—, o identificar el problema en busca de una saludable integración racial —muy gráfico el travelling final de retroceso, aislando la casa de Lucy—. La sensación de angustia y acoso, de violencia interior y odio —los perros y su sacrificio actúan como metáfora de la condición de una raza negra humillada— sólo encuentran un resquicio de aire fresco cuando un hombre culto y cínico ha tomado su propia medicina y dado el paso que va de la culpa al arrepentimiento. Aunque haya sido a partir de su propia desgracia, habremos asistido al nacimiento de una conciencia moral.
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En las imágenes: Fotogramas de “Desgracia” – Copyright © 2008 Film Finance Corporation Australia, Newbridge Film Capital, Whitest Pouring Films, Fortissimo Films, The New South Wales Film, Television Office, The South Australian Film Corporation, Do Productions, Wild Strawberries y Sherman Pictures. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.
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Pues yo venia a poner un comentario, pensando que era el único que pensaba de esa manera, pero lo ha expuesto bastante bien Jesus, no sé como puede haber guionistas con esa mentalidad, la “historia” de Lucy es ireal, se debería catalogar ésta película dentro del género de Ciencia-Ficción y por supuesto no controtar al guionista para ningún trabajo más, por que le falta algún líquido elemental del cerebro. Saludos para todos.
Intragable. Solo sirbe para que te entre mala hostia o como motivacion para matar a alguien.
Es la historia mas infumable, incoherente y con los personajes mas tontos y falsos que he visto nunca.
Es totalmente impossible que exista un ser humano tan sumamente imbecil como Lucy. A no ser que naciese con un gravisimo sindrome de estocolmo. Porque me trago que alguien sea impasible cuando le hagan una injusticia, porque hay miles con horchata en las venas. ¡Pero dios mio!¡como permite que le hagan todo eso, y luego encima se casa con él y le da las tierras!
¡Es que me entra hasta impotencia! Porque si me tengo que poner a escribir todo lo que esa tia permite, y luego todo lo que hace por sus agresores escribiria 5 parrafos!
¿¡Y el padre que!?¡Si hubiese sido cualquier otro, hubiese cogido la cabeza del niñato, la hubiese machacado contra al fachada del Petrus ese, hubiese pegado con una barra de hierro en la barriga embarazada de su mujer, hubiese rajado el estomago de Petrus y dejado que los perros se comiesen sus entrañas!
Es lo peor de lo peor, solo podria verla y que no le entre mala hostia una persona con muerte cerebral.
[...] que resulta altamente interesante para cinéfilos. Más violencia emocional y sufrimiento hay en “Desgracia”, desasosegante adaptación de la novela de J.M. Coetzee sobre el nacimiento de la conciencia moral [...]




























































