Comedia fantaterrorífica que se apoya en la eterna batalla de sexos para despertar las simpatías del palco. Ajustada, correcta, fugaz, divierte lo justo como para sostener el pulso durante la proyección y olvidarla inmediatamente a su fin.
Vince (Stephen Graham) se separa de su pareja. Nada mejor para superar el trance que escapar con sus amigos durante unos días, para olvidarse de todo. El problema surge cuando la cuadrilla da con sus huesos en un pueblucho repleto de muertas vivientes. No tenemos prácticamente tiempo para asimilar las propuestas concebidas bajo el éxito de “Shaun of the dead”, un aluvión de producciones que buscan aunar comedia y terror respetando más o menos las fuentes a las que deben su esencia primordial, esto es, los grandes clásicos intocables. Y en este marco, amplio y estrecho a la vez, se encaja “Doghouse”, título que rellenó el hueco reservado a la proyección sorpresa en la última jornada de la XX Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián con resultados inciertos, más mediocres que estimables por sus resultados generales.

Y es que no todo vale, máxime cuando el espectador comienza a estar saturado de ver cómo los mismo resortes son requeridos una y otra vez por los responsables de una propuesta cuyo elemento más original es la horquilla de edad en la que se encuadran los protagonistas, treintañeros avanzados en crisis por su aburguesamiento y abandono de la rebeldía juvenil; calzonazos irremediables, pretenden reafirmar una hombría muchas veces ridícula a base de ocurrencias y actitudes cómicamente varoniles, misóginas y que destilan en casi todos ellos un tufillo rancio a testosterona pasada de fecha. Con esta base, la sucesión de clichés recurrentes es constante, en un literal batalla de sexos en la que la plaga que sólo afecta a las féminas sirve de invitación a un tira y afloja permanente que triunfa en algunos textos aislados pero que no pasa de lo mediocre en su conjunto.

El aspecto visual, al menos, está cuidado lo suficiente como para que el combate sea efectivo en su justa medida, un rebozado de serie B sin pretensiones enmarcado en un pueblo aislado, como no podía ser de otra manera; correctos efectos especiales, momentos sanguinolentos puntuales pero efectivos y recuerdos básicos de género de manual. La excusa perfecta para una tarde de sobremesa en compañía, sin más. Eso sí, los pasajes más dramáticos de la trama ─derivados, obviamente, de la muerte de alguno de los integrantes del grupo─ no calan en absoluto, lo que no dice mucho de las virtudes más profundas de la propuesta. Sólo queda esperar si la tendencia sigue y este tipo de cintas se convierte en algo más que una moda pasajera y conforman su propio ─y, seguramente, agotador─ subgénero a la caza de público más o menos fiel y no demasiado exigente.
En las imágenes: Fotogramas de “Doghouse” © 2009 Carnaby International, Hanover Films y Molinare Studio. Todos los derechos reservados.
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Otra candidata a la sucesión de “Shaun of the dead”, aderezada con un arranque a lo Guy Ritchie y luego abandonada a clichés y chistes fáciles a mansalva. Se salva poca cosa, quizá detalles con regustillo gore como la “tarta de cumpleaños” y poco más. Por lo demás, la película desemboca en un guirigay y suma de gags rancios (esos amigos que se travisten para escapar de los zombis y se sienten “estupendas” con lo puesto) que para colmo, se espera al final en el autobús para que el protagonista tenga que explicar, en voz alta, la reflexión sobre la crisis de la adultez. Por si alguien no la había pillado…
¡Saludos!
XX Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián: Risas, gritos, muertos vivientes y vampiras lesbianas…
Es una de las ciudades más bonitas del mundo. Aspira a ser capital cultural europea en 2016. Cuenta con la mejor de las gastronomías posibles, con una oferta cultural fabulosa y sus gentes son afables, cercanas, acogedoras. Y por si no fuera suficiente…

























































