Abundante en malentendidos y abusiva en exasperantes guirigáis, “El Albergue Rojo” pone a sus volubles protagonistas al servicio de interminables griteríos que anulan cualquier intento de sátira social.
Parece que el cine francés sigue empeñado, de vez en cuando, en ofrecernos una de esas farsas siempre más deudoras del teatro y siempre más desaforadas en la gran pantalla. Obras que se deben a la rica tradición literaria francesa y a menudo trasladadas sin una verdadera actualización que permita dirigirse al público actual con la máxima eficacia. Esto, en el caso particular de “El Albergue Rojo” y el general de la comedia social, puede significar un título plenamente obsoleto y nunca motivador. O lo que es lo mismo, la repetición de los excesos pantomímicos y la desmadrada afectación tan del gusto francés.
Remake de la película homónima de 1951 inspirada en los sucesos acontecidos en el departamento de Ardèche durante la primera mitad del XIX (y que a su vez dieran pie a una novela de Balzac), “El Albergue Rojo” parte de una premisa de indudable atractivo: nos presenta a una inusual familia de posaderos que se dedica a dar buena cuenta de todo huésped que pasa por su posada; entretanto, no muy lejos de allí, una diligencia en la que viajan aristócratas repelentes varios, la angelical hija de los posaderos, un leñador pestilente y un cura y su discípulo, sufre un accidente obligando a sus pasajeros a buscar dónde pasar la noche. Una presentación, la de los personajes a bordo del carruaje, que promete una cierta mirada sociológica à la John Ford, tristemente desmentida cuando más tarde descubramos que no, que esta vez tampoco encontraremos personajes con mimbres suficientes para siquiera acordarnos de los retoños del maestro.
Abundante en malentendidos y abusiva en exasperantes guirigáis, “El Albergue Rojo” pone a sus volubles protagonistas al servicio de interminables griteríos que anulan cualquier intento de sátira social. En su lugar, hay esperpento barato y reiteración, hay pobres conatos de humor negro que desaprovechan lo que podría resultar un cúmulo de situaciones auténticamente caprianas. En resumen, se pierde en el camino la oportunidad de la comedia negra, se pierde el sentido de la cotidianeidad y se confía en la facilidad del público, en el gag populista repetido hasta la saciedad y más allá, esto es, cuando uno ya sabe que está condenado a repetirse y aún así, se lo muestran una última vez (piensen en el accidentado leñador y acertarán).
De entre todo el elenco de intérpretes entregados a la práctica de la sobreactuación, Gérard Jugnot demuestra ser el más pasado de rosca como el padre Carnus, si bien Fred Epaud merece mención por componer un personaje tan extrañamente parecido al protagonista de la reciente “Su majestad Minor”. En cualquier caso, no parecen estos sino consecuencia de la búsqueda de la pantomima exacerbada, aquella que, carente de afilada crítica social, muere en la caricatura que ha olvidado aquello que representaba.
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En las imágenes: Escenas de “El Albergue Rojo” – Copyright © 2007 Films Christian Fechner, TF1 Films Production y Fechner Productions. Fotos por Jean Marie Leroy. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.
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