“El baile de la victoria” fracasa por su inflamación narrativa, su vocación acaparadora de géneros y su poesía suicida que no llega a calar. Al habitual oficio de Ricardo Darín se une el prometedor talento de Miranda Bodenhöfer.
La sospecha recorre todo “El baile de la victoria”: Fernando Trueba queriendo volver con su vocacional obra maestra, el pretendido gran filme que estaba llamado a la reafirmación a través del más temerario ejercicio autoral. “El baile de la victoria” es un drama con tintes de comedia, que transita entre el cine de atracos y el western andino envuelto con cierta aura de realismo mágico. Un cóctel tan pretencioso que sólo queda al alcance de unos pocos abordarlo sin perder el norte, las señas de la autoría. Trueba pone todo su empeño en que esto no ocurra, y sabe bien que la mejor manera es la de apelar constantemente a los sentimientos de la platea, ganarse al espectador con personajes forjados a base de embelesador encanto y traumático trasfondo dado por la dictadura chilena, vencer a través de postales de evocadora poesía dispuestas a ganar el corazón del espectador. Sin embargo, la poética buscada es fallida y coincide infelizmente con una desafortunada inflamación narrativa que convierte este en un producto altamente irregular, acaparador y, por cierto, poco probable candidato al Oscar®.

En el guión, la presencia del escritor chileno Antonio Skármeta (autor de la obra homónima original), junto a la de Fernando y Jonás Trueba (padre e hijo), impone una edulcoración permanente de la imagen, un empecinado esfuerzo por alcanzar la armonía de la pretendida poesía con la imagen. Tras la cámara, Trueba se muestra inusitadamente torpe, tanto en el atropello narrativo que desborda ciertos pasajes de la historia (el abandono y posterior precipitación de la subtrama del sicario, la toma del teatro…) como en el uso de recursos varios (los flashbacks casi siempre inoportunos, o la conversación “mental” entre los personajes de Ricardo Darín y Ariadna Gil, rayana en el ridículo). Incluso en los cénit, en las cumbres de sus momentos más bellos (la danza de Victoria en el teatro tomado), Trueba se empeña en estropear el crescendo emocional con facilones apuntes cómicos que impiden exprimir el potencial calado de la escena.

Así, el desborde del melodrama y la ruptura de fronteras entre géneros quedan reñidos con una sensibilidad nunca encontrada, hallando en su lugar afectación y ampulosidad, a menudo marcadas por una banda sonora a menudo exagerada en sus puntuaciones: la conversación telefónica entre el alcaide y el sicario es subrayada por una música dispuesta a recordar su extrema maldad, dando como resultado un momento y atmósfera casi risibles; toda emoción en la llegada de Victoria (Miranda Bodenhöfer) al mar, que quisiéramos ver recorrida por el recuerdo de Antoine Doinel, queda esterilizada por una explosión musical que hace casi imposible un compromiso empático. También cae Trueba en efectismos que se le presupondrían superados a un cineasta experimentado, tales como la demonización de los profesores de la escuela de ballet, con terribles primeros planos incluidos, o el recuerdo intermitente de los padres “desaparecidos” de Victoria (las representaciones del trasfondo político-social chileno resultan sonrojantes al lado de las que antaño lograba Costa-Gavras). Suerte para él que en ésta, su obra más suicida, cuenta al menos con seguros asideros en las interpretaciones: frente una cierta incontinencia gestual de Abel Ayala, la joven Miranda Bodenhöfer se muestra un diamante en bruto, y Ricardo Darín vuelve a llenar cada plano con su siempre inmensa presencia.
- Ficha de “El baile de la victoria”
- Fotos de “El baile de la victoria (17)
- Tráiler de “El baile de la victoria”
- Clips de “El baile de la victoria”
- Rueda de prensa y photocall en Madrid
- Previa: Fernando Trueba de nuevo en la carrera hacia el Oscar®
- “El baile de la victoria” elegida para representar a España en los Oscar®
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
- Videocartelera de la semana de su estreno
En las imágenes: Fotogramas de “El baile de la victoria” – Copyright © 2009 Fernando Trueba Producciones. Fotos por Constanza Valderrama. Distribuida en España por Vértice Cine. Todos los derechos reservados.
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Valoro muchísimo la fotografía de la película, los tres personajes centrales son absolutamente encantadores…algunas escenas de la película las veo innecesarias…es el caso de los profes, los caricaturizan de una manera que distraen…no la veo bien!, además la imagen del alcalce negociando con el malo…no me da para la historia, se convierte en una riña muy del sicario, no creo que el guión de para esta figura, esa es más para las telenovelas vulgares de la televisión colombiana que lo único que registran son capos y vendetas de narcos.
Con todo mi respeto el comentario!…amo el cine
Me gustó muchísimo esta película,creo que quien la mira,la disfruta totalmente.
Es una película tierna, absolutamente emotiva, y con actuaciones excelentes,que no sea muy promocionada no significa que no valga. Altamente recomendable.
Teniendo presente el paronama del cine español en general, esta pelicula merece bastante respeto.Ciertos personajes y escenas se le van de la mano al Trueba(El alcaide, el sicario,la relacion con su mujer,asi como la carrera de caballos)El personaje de Abel,me pareció un homenaje al genial Mario Moreno”Cantinflas”, el gorrito,la verborrea, el “maestro,maestro”, me recuerda a los “rotos mexicanos”.Si Trueba lo hizo como homenaje, le quedò bordado.Por otra parte, la pelicula, tiene momentos brillantes, si Trueba, ya ganó hace 17 años un Oscar, podria repetir otra vez( aunque está un poco dificil)asi que hay que otorgarle un voto de confianza.
“El baile de la victoria”: Sentimientos mudos e impostados…
Le pierden sus pretensiones temáticas y de puesta en escena. Junto a momentos líricos y de cierta belleza poética, encontramos otros que rayan la caricatura. Apenas halla emociones sinceras, buscándolas con artificio y cursilería.
Victoria es el nombre…
Sí, tengo entendido que Trueba se tomó bastantes libertades con el personaje de Victoria. En cualquier caso, y a pesar de lo dicho en la crítica, me parece una buena noticia que el director se haya atrevido con un proyecto como este (suicida, imposible), pese a que el resultado no es el que me gustaría. Estoy muy de acuerdo con Carlos en cuanto a Darín y en cuanto a “Celda 211″. Y estoy de acuerdo con jose en que es una temeridad enviar esta película a los Oscar.
Saludos
Pues yo la vi en el estreno, en el Festival de San Sebastian, me parecio pretenciosa, hueca, topica, el chaval joven insoportable, maestro, maestro, todo el tiempo con el maestro a vueltas, la bailarina muda una pesada, lo de andar a caballo por las calles de santiago ridiculo, y en fin lo del atraco en la sede de los pinochetistas, de chiste, me recordaba los de la serie de tv, de habilio chapuzas a domicilio, en resumen un rollo, y que esto lo envie España a los oscars, un atrevimiento.
Es habitual que a una película le cueste captar el espíritu y la emoción del texto.
En este caso me sorprende la presencia de Skármeta en la elaboración del guión. No dudo que la labor narrativa condensada en una especialidad distinta.
Cordialmente.
Pues a mí me gustó bastante la película. No se si el hecho de haber leido anteriormente el libro ha podido influir. Aunque normalmente influye para mal, en este caso salí bastante satisfecho, pese a varios cambios importantes en el guión (la chica en el libro sí que habla y sólo su padre está muerto, si la memoria no me falla).
Me gustó el punto cómico que añade trueba. No digo que sea una película perfecta, pero sí me pareció bastante buena. Sí que comparto lo de Ricardo Darín, excelente.
Eso sí, ni comparación con la celda 211.

























































