Una comedia que viaja de la decadencia de la Unión Soviética al esplendor de la Ciudad de la Luz en busca de la perfección musical. Simpática, emocionante en su eclosión, celebra la pureza del arte de manera sincera y necesaria.
Hace treinta años, Andrei Filipov (Alexei Guskov) fue expulsado de su cargo de director de la famosa y prestigiosísima Orquesta del Bolshoi; desde entonces, malvive limpiando las instalaciones que antes regía con orgullo. Pero cuando intercepta un fax del Teatro Châtelet parisino, una segunda oportunidad aparece ante él… Desde los parámetros de una divertida comedia de trama imposible, Radu Mihaileanu se sirve de “El concierto” para plasmar con intencional efectividad un viaje desde la progresivamente decadente Unión Soviética de Brezhnev hasta la Rusia contemporánea, en la que el ideal comunista subsiste trágicamente disfrazado en mitines de contenido caduco exortados con nostálgica pasión ante palcos ajenos a su discurso. Y de ahí, a la Ciudad de la Luz, un París de apariencia esplendorosa pero de poso también apurado en los tiempos que corren, salvando las distancias. Entre medias, un montón de historias individuales. Y por encima, por debajo, entrelazando y dominándolo todo, la pureza del Concierto para Violín de Tchaikovsky. Casi nada.

Con un ritmo veloz, rayano en lo estresante en ocasiones, la película invita al espectador a unirse a una destartalada troupé de pícaros y tarambanas que, sin motivo aparente más allá del lucro personal y la búsqueda de más favorables hados, se enfrenta a un sistema que les dio su mejor oportunidad para luego arrebatárselo todo por una triste cuestión de semitismo extremado. Imposturas positivas, adaptación a las nuevas circunstancias, el triunfo del individuo sobre la colectividad ─aunque es ésta necesaria para la supervivencia armónica─ y el abandono de quimeras, no obtusas pero si pretéritas, se alzan como temáticas materializadas en un reparto amplio y perfectamente conjuntado; una pandilla incontrolable e infinitamente libre por fin ─judíos, gitanos, desahuciados todos ellos por un régimen absurdamente intolerante─ que permite al cineasta dar rienda suelta a una narración que, en su dinamismo, oculta la gran tragedia que impulsa la temeridad de Filipov (fantástico Alexei Guskov), capaz de abandonarlo todo por cumplir un sueño compartido y prometido décadas atrás.

Si bien es cierto que una ineludible sensación de irrealidad empapa el conjunto, la firmeza con la que la historia avanza sin trompicones se vuelca sobre el público, que asiste a un crescendo permanente en el que hilaridad y profundidad conviven, con resultados tragicómicos, desde el mismo momento en el que rusos y franceses comienzan a cohabitar e intercambiar impresiones ─una y mil veces hay que recomendar la versión original del film─, delimitando una línea muy difusa entre lo que será un desastre o un triunfo absoluto. Con sobrada conciencia maneja Mihaileanu los hilos para no perder el rumbo y enfilar un clímax en el que la emoción estalla en los hermosos y delicados rasgos de una soberbia Mélanie Laurent, que seduce los sentidos y las fibras sensibles de una audiencia que, a ambos lados de la pantalla, comparte unos momentos de vibrante e intemporal perfección musical y ensoñación cinematográfica; en esos instantes el observador pasa a ser uno más de la orquesta, y comparte con ellos ese ímpetu poético que les hace tener los pies en el suelo pero la cabeza en el cielo. Y eso es decir mucho.
En las imágenes: Fotogramas de “El concierto” © 2009 Les Porductions du Trésor, Castel Film, Bim Distribuzione, RTBF, France 3 Cinéma, EuropaCorp, Panache Productions y Oï Oï Oï Productions. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.
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Me apreció despareja: con muy buenas actuaciones: por momentos recurre a sentimentalina barata, innnecesaria, parece caricatucaresca o circense pero… levanta con momentos sublimes (el concierto final) que me emocionó hasta las lágrimas…Hay que verla.
Película sublime, que pude haberla visto completa en digital plus recientemente, y solo conservo los últimos 20 minutos por culpa de un apagón Confio en que la pongan otra vez o pueda comprar el DVD. La parte del concierto de violín de Tchaikowsky emociona hasta las lágrimas y la actuación de la violinista es genial, aparte de ser una belleza. Lo mejor que he visto últimamentet en medio de tanta mediocridad.
excelente obra… logra cautivar al espectador…muy buenas ironias de “aquellos” y estos tiempos. El descenlace creo que es inesperado. Aun hay gente que no entendio que la violinista no es hija del Director… escena final emocionante… hace brotar lagrimas…Absolutamente recomendable
Tengo 62 años y creo que es la primera vez que lloro ante una película tan emotiva, tan bien bien llevada a lo que se conoce como armonía final. Gracias a Dios todavía existe el buen cine. No pueden dejar de verla.
Mi mujer y yo hemos acabado aplaudiendo como si hubiésemos estado en el mismo Paris.Gracias Jose Arce.Gracias Radu Mihailenau.
La naturalidad de los actores raya lo perfecto en esta obra. Unirse y actuar juntos tras los varapalos de las instituciones antidemocráticas un ejemplo a tener en cuenta en un mundo de falsedades que nos atañe a todos.Lograr el consenso entre los “afectados” , un ejemplo.La dirección de la película, simplemente maestra. De Tchaicovski mejor escucharlo y no hablar sobre todo en el concierto nº 1 para violín. Sin contar con el número 1 para piano que no sale en la peli. Ese inicio de la peli con uno concierto para piano de Mozart…Buenbo mejor la ven porque serán los euros mejor invertidos y la mejor terapia para los tocados por la crisis…
Previsible, infantil y de blanco fácil. Lo unico que me a emocionado y merece la pena de esta “entrañable” pelicula es la ultima escena de ese largo concierto que tanto emociona y da tantas ganas de levantarte y besar la pantalla. Por lo demás un 5/10.

























































