Sigfrid Monleón recupera la figura de uno de los más influyentes poetas españoles de la segunda mitad del siglo XX. Un retrato sentido, carnal, ajeno a lo didáctico y protagonizado por un Jordi Mollà entregado en una recreación integral.
«Soy un poeta de domingo con conciencia de lunes». Jaime Gil de Biedma (Jordi Mollà) exprimió con serena y atormentada intensidad cada momento de su vida. Ávido de emociones, potentemente carnal y amante fogoso, buen hijo, autor escaso pero contundente, idolatrado, admirado, antojadizo y soberbio muchas veces ─con lo suyo y con lo ajeno─, creó a partir de su poesía un personaje hasta que consiguió fundirse con él. Y en ese momento dejó de escribir, convertido en un reflejo de sí mismo solitario y trascendente, más allá del papel en el que vomitaba versos fruto de su afectación constante hacia todo y todos los que le rodeaban. Se denominó a sí mismo en una ocasión como “El cónsul de Sodoma”, título bajo el que Sigfrid Monleón traslada a imágenes una vida contada desde un prisma tan sentido como forastero a excesivas subjetividades.

Densa, ambiciosa desde el comedimiento, la cinta presenta un metraje extenso que recorre una España convulsa, que invita a transitar los entresijos de una excéntrica gauche divine en la que figuras clave de nuestro pasado cultural reciente jugaban a crear moldes en los que escudar su yo creativo más allá del acomodamiento de clase; sin embargo, en ese liberal entorno de comunismo escrito y panfletarismo combativo, fue la condición sexual de Gil de Biedma ─escogida, por otra parte, como elemento de apoyo para la construcción de su proyección ficticia─ la que lastró una existencia siempre apoyada, aún desde el dolor, por un padre (Juli Mira) que amó a su hijo al margen de consideraciones diferenciadoras por ideologías o tendencias animosas. Enmarcando la trama, en un ejercicio de lirismo y reflexión casi permanente, Monleón marca el tránsito de secuencias y espacios a través de las propias composiciones del protagonista, que acompañan en off un tránsito vital acometido con convicción y pausa por un integral y permanentemente erótico Jordi Mollà.

Un cuidado diseño de producción recrea con fidelidad ambientes no muy lejanos en el tiempo pero que quedan progresivamente sepultados en la conciencia de las nuevas generaciones, encuadrando los trabajos de un elenco en ocasiones improbable y a ratos acartonado, pero centrado y entregado a un homenaje que desde la ficción más afilada recuerda biografías sin jugar las reglas del biopic exacto, con un arriesgado ─por lo estridente─ pero válido nivel emocional impregnando casi cada fotograma, cada diálogo y cada secuencia. Una propuesta peculiar en nuestro cine, no excesivamente propenso al canto a los nombres como el de Gil de Biedma, menos aún desde un prisma no didáctico como el elegido en este caso. Distancias cercanas para una mirada sincera, la de un Monleón que se declara compañero de viaje de un autor escaso en su producción pero casi infinito en sus significados.
- Ficha completa de la película “El cónsul de Sodoma”
- Rueda de prensa y photocall con el equipo de la película
En las imágenes: Fotogramas de “El cónsul de Sodoma” © 2009 Infoco, Radio Plus, Trivisión y Steinweg Emotion Pictures. Distribuida en España por Rodeo Media. Todos los derechos reservados.
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Una magnífica película, con una interpretación memorable por parte de Jordi Mollá. Enmedio de esa avalancha de películas que son como videojuegos sin alma, se agradecen trabajos así.
un auténtico bodrio del lovy gay, que se empeña en convertir a uno de los grandes poetas del siglo 20 en un maricon patético de orgía fácil. y nada más.

























































