Hace tiempo que ver una película de Clint Eastwood es sinónimo de calidad y entretenimiento. También de ajuste de cuentas con una sociedad corrupta y de planteamientos morales para unos individuos cargados de humanidad y también de flaqueza. En el caso de “El intercambio”, encontramos también esa misma denuncia de una autoridad prepotente, del abuso de menores y los engaños del “Estado democrático”. Sin embargo, aquí la heroína pierde cualquier resto de debilidad y se convierte en una madre coraje en toda regla, el ambiente se olvida de los grises para moverse en un mundo de buenos y malos sin matices, y la esperanza aparece para dejar buen sabor de boca en el espectador que ha visto durante más de dos horas cómo se cuenta una historia interesante sin barroquismo ni pretenciosidad.

No hay complicación porque su narrativa es sencilla y lineal -lo que no excluye varios flashbacks que vienen a esclarecer el pasado-, de estructura y planificación clásica, de estilo transparente y donde cuesta descubrir un sello de autor. Eastwood busca la eficacia a la hora de contar una historia que debe llegar al espectador, que debe seguirla con facilidad, conmoverse con ella y pensar lo justo para sacar una o dos conclusiones acerca de la justicia individual y social, del drama humano y familiar, o de la diferencia entre lo veraz y lo verosímil. Todo eso lo consigue el director de “Mystic River” con una espléndida ambientación de época -desde las centralitas de teléfonos hasta los tranvías urbanos, pasando por los sombreros o las máquinas de los reporteros-, quizá con un exceso de afirmación en la obviedad y explicitud en la narrativa visual, que hubiera ganado en sutileza e inteligencia sin mostrar algunas de las imágenes del manicomio o de la granja con sus sombras asesinas. Es la explicación innecesaria que remacha el mensaje moral o una música que provoca la emoción fácil, tan del gusto de Hollywood y que obtienen la complicidad del espectador.
Una historia dura que viaja al reino del horror, sobre madres que lo pierden todo cuando pierden a sus hijos, sobre los atropellos de un Estado que dicta a los padres quiénes son sus hijos -algo siempre injusto, no sólo si hay corrupción-, sobre la anulación de cualquier atisbo de esperanza como manera de matar a la persona. Sentimientos de dolor, indefensión y lucha muy bien encarnados por Angelina Jolie en el papel de una desconcertada y angustiada madre a la que intentan dar gato por liebre, con perdón por la expresión. Dentro del universo moral bipolar, el resto de las interpretaciones de secundarios cumplen con su papel sin distraer ni embelesar, aunque especial mención merece Jason Butler Harner como asesino en serie, desde su aparición en el polvoriento camino junto a la granja hasta el dramático y agónico final. Como siempre, habrá que prestar especial atención a la música compuesta por el mismo Eastwood, invisible y eficaz, precisa y justa a la hora de mover los sentimientos. En definitiva, una película marca de la casa que gustará al público, aunque los incondicionales del realizador quizá echen en falta la ambigüedad y los matices de sus obras maestras.
Calificación: 7/10
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En las imágenes: Escenas de “El intercambio” – Copyright © 2008 Universal Pictures, Imagine Entertainment, Relativity Media y Malpaso Productions. Fotos por Tony Rivetti Jr. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.
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[...] y actores americanos; mientras que los de Clint Eastwood pueden disfrutar igualmente con “El intercambio” para ver las tribulaciones de una Angelina Jolie -gran trabajo- a la que se le priva de su hijo y [...]
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De hecho, la película sí tiene matices y ambigüedades. Soy fan de Eastwood, y veo una continuidad y coherencia más que nítida con “Mystic River” y “Un mundo perfecto” e, incluso, con partes de “M$B”.
Lo que más me asombra de las críticas que estoy leyendo es lo fácil que los críticos han “picado” con la frase final acerca de la esperanza. Porque, precisamente, ahi está la ambigüedad de la película: ¿es una esperanza “voluntarista”? ¿es esa la única esperanza a la que podemos aspirar los seres humanos? ¿no habrá posibilidad de tener esperanza basada en hechos incontestables?
Francamente, no veo que sea una película tan optimista. Sí es emotiva, porque a Eastwood -que es una persona desencantada- le conmueven las luces de belleza que ofrece la realidad humana (esa familia que se recompone), pero ello no le hace necesariamente optimista, porque de hecho, en el fondo sigue habiendo un cierto pesimismo/fatalismo: ¿vale la pena vivir o traer vida a un mundo donde hay monstruos que matan a niños como gallinas, o donde los garantes de salvaguardar la confianza social son los primeros corruptos?
Espero tener lista mi crítica en breve.
Un saludo.


























































