No deja de sorprender cómo la filmografía de Clint Eastwood va cerrando todos los cabos sueltos, componiendo un conjunto de una coherencia y solidez difíciles de encontrar en otro cineasta. No importa quién sea el firmante de los libretos de las cintas que dirige: sabe como pocos llevarlos a su terreno. Así, no es de extrañar que “El intercambio” ofrezca rimas y variantes del tema ya visitado en otros títulos del director, especialmente en “Un mundo perfecto”. Se ha dicho hasta la saciedad que la película que ahora nos ocupa cuenta la historia de una madre coraje que se enfrentó al corrupto departamento de policía de Los Ángeles de los años veinte, y es verdad. También se afirma que ofrece todo un retrato de un sistema podrido ante el que sólo los individuos imbuidos de una extraordinaria dosis de heroicidad pueden conseguir enfrentarse, por más que aquí no existan los finales felices de una pieza y sí las puertas abiertas a la melancolía. Verdad también.
Pero no es menos cierto que, como en aquel estupendo título protagonizado por Kevin Costner, existe aquí un tema no menos esencial: el abandono de la infancia y, por extensión, la muerte de cualquier atisbo de inocencia entre los más pequeños, por definición los más débiles porque no hay nadie capaz de defenderles. La existencia de los adultos puede verse amargada o incluso destruida por la infamia que les rodea o que incluso ellos crean, pero sólo los niños ven totalmente cercenada cualquier posibilidad de felicidad al pagar por errores que ellos no han cometido. Por eso, si existen unos momentos especialmente conmovedores en esta película (una maravilla que sólo por poco no llega a la intensidad de obras mayores como “Million Dollar Baby” o “Sin perdón”) son los interrogatorios de los niños, en los que Clint Eastwood vuelve a dar sobradas muestras de su maestría con la cámara, rodando como si no estuviera, dejando que lo narrado se despliegue ante nosotros como si fuera lo más fácil.
“El intercambio” es cine con mayúsculas. Nada nuevo, viniendo de quien viene, pero sirve para refrendar la extraordinaria calidad de quien algunos quisieron prematuramente ver en declive tras el tropiezo de “Banderas de nuestros padres”. Nada más lejos de la verdad: sólo él podría arrancar la interpretación de una Angelina Jolie lejos de los clichés sobreactuados que podría propiciar una historia como esta en manos de un realizador más torpe (candidatos, desgraciadamente, los hay a centenares), y regalarnos a una actriz que pocas veces ha aparecido tan elegante, tan bella, tan clásica y sin renunciar a un ápice de emoción. Y sólo él puede ofrecernos planos tan bellos como los de la casa mientras ella se aleja, una reconstrucción de la ciudad nada esclava de los efectos especiales, momentos tan emotivos como la visita a la granja de los policías o interpretaciones tan memorables como la de Amy Ryan, la que a su vez hiciera de madre de hija secuestrada en “Adiós pequeña adiós (Gone baby gone)”, no por casualidad otra cinta con puntos en común con “El intercambio”.
Y si además nos sirve para decir algo bueno del habitualmente ramplón Ron Howard (que abandonó el proyecto para cedérselo a Eastwood, reservándose únicamente el puesto de productor ejecutivo), tendremos que concluir que San Clint sigue llegando allí donde la mayoría sólo es capaz de soñar. Y lo que resulta aún más meritorio, con un estilo discreto en el que cualquier autoría parece desaparecer. Lo mejor de todo es que dentro de poco volverá a visitar nuestras pantallas con “Gran Torino”. Disfrutemos de este lujo mientras podamos.
Calificación: 7/10
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En las imágenes: Escenas de “El intercambio” – Copyright © 2008 Universal Pictures, Imagine Entertainment, Relativity Media y Malpaso Productions. Fotos por Tony Rivetti Jr. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.
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