Sobria, sensible y con una premisa cercana a “XXY”. “El último verano de la Boyita” funciona como reducto de una infancia que experimenta una violenta y silenciosa incomprensión, aumentada desde el paisaje costumbrista y la anomalía sexual.
Atesora el título de la última película de Julia Solomonoff esa vocación de síntesis poética, de sinécdoque casi anecdótica y ensimismada tan prodigada en cierto cine argentino. “El último verano de la Boyita” hace referencia a una suerte de casa rodante con la capacidad de flotar, una que quizás ocupa lugar en la memoria de la realizadora bonaerense como añejo lugar de juegos y escenario de secretos inconfesables de la infancia. Es el carácter de escenario en transformación, de caducidad de la inocencia encerrada en una confesión, el que extiende su sentido a la narración de este verano, iniciático para Jorgelina (Guadalupe Alonso), niña de curiosidad infinita que indaga en libros de anatomía, y crítico para Mario (Nicolás Treise) prepúber cuya condición hormonal configura aquí la sencilla trama.

“El último verano de la Boyita” funciona como reducto de una infancia que experimenta una violenta y silenciosa incomprensión, aumentada desde el paisaje costumbrista y la anomalía sexual que este no está dispuesto a aceptar. Si el temor a la monstruosidad del cuerpo en crecimiento y en conflicto (Jorgelina cerrando con repulsa el libro en el que se muestran las transformaciones de los genitales) es la premisa, son el rechazo y el desafecto al que este se ve sometido los que constituyen centro en la cinta de Solomonoff. Es, pues, inevitable no hacer referencia a su precedente “XXY” (Lucía Puenzo, 2007), con la que comparte algo más que la evidente cercanía temática: como aquella, “El último verano de la Boyita” se escribe con silenciosa y suma sensibilidad, con una expresividad callada que antes se vale de las miradas y los gestos silentes de sus personajes que de cualquier discurso en voz alta. Las conclusiones son otras (Puenzo hablaba de la impuesta necesidad de la elección, a Solomonoff le preocupa más el hostigamiento al cuerpo anómalo y sus consecuencias en el traspaso hacia la madurez), pero ambos filmes parecen paridos desde un mismo sentimiento.

Este ejercicio, sensible y sobrio, profesa la habitual voluntad minimalista que posterga toda cuestión estética y se instala en las antípodas de todo artificio. No hay una palabra más alta que otra, no hay subrayado alguno más allá de las tímidas y escasas incursiones de una banda sonora acorde a la invisibilidad general. En medio de esa distancia formal y frío, de ese tratamiento rayano en lo moroso, son los rostros de Alonso y Treise verdaderos milagros que otorgan a la película su personalidad entrañable, en definitiva reconocible.
- Ficha completa de “El último verano de la Boyita”
- Fotos de “El último verano de la Boyita”
- Tráiler de “El último verano de la Boyita”
- Clips de “El último verano de la Boyita”
- Previa: De búsquedas y hallazgos, por M. Márquez
En las imágenes: Fotogramas de “El último verano de la Boyita” – Copyright © 2009 Travesía Producciones, Lucía Seabra, Julia Solomonoff Producciones, El Deseo, Domenica Films y Epicentre Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.
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