A pesar de sus pocos méritos cinematográficos, este documental vuela por encima de sus defectos gracias a la increíble talla humana de su protagonista principal. Podemos hacer mucho más en beneficio de nuestro planeta.
Jane Goodall ha dedicado su vida a nuestro planeta. Y lo cierto es que merece un documental, y mucho más. Aunque sería deseable una propuesta mucho mejor que esta para celebrar su vida y su esfuerzo, no por mero regodeo artístico, sino porque una obra mejor presentada y coordinada daría una mayor relevancia a su estreno en salas comerciales. Pero es lo que hay, así que no podemos sino recomendar fervorosamente el visionado obligado de “El viaje de Jane”, un trabajo que en conjunto nos hace darnos cuenta de lo pequeños e insignificantes que somos y lo poco que hacemos por nuestro hogar. Reciclar no basta.

«Me enfadaba mucho cuando pensaban que era Diane Fossey. Les decía ¿no habéis visto “Gorilas en la niebla”? ¿No habéis visto que muere al final? ¡Yo estoy aquí!». Goodall, un ser humano sencillamente increíble, llega a las pantallas a sus 76 primaveras para despampanar el espectador con su imbatible espíritu combativo, que le lleva a viajar a lo largo y ancho del globo durante más de 300 días al año. Cinco décadas de batalla repasadas de un modo somero desde su propio testimonio y el de amigos, allegados, familiares y personajes del más diverso calado, un recuerdo de una existencia maravillosamente fructífera y esperanzadora ─aunque su labor se percibe con un inevitable velo de imposibilidad de alcanzar un éxito más contundente─, capaz de transmitir una paz en su rostro y sus palabras difícil de reproducir aquí. Hay que verla para creerla.

Lástima que el trabajo de dirección de Lorenz Knauer no vislumbre siquiera la talla de su protagonista. Escasos recursos cinematográficos lastran un trabajo casi vetusto, pueril en sus simbolismos ─los pájaros que sobrevuelan la urbe, el cristal roto a través del que nos adentramos en la desolada reserva de los indios americanos─, con poco apoyo desde un montaje errático, una fotografía inconstante y desacompasada o una banda sonora ramplona y funcional; de hecho, el mayor impacto visual lo regala el material casero grabado en los primeros momentos de la joven Goodall en su amada Tanzania, rodeada de chimpancés, y su emocionante relación con el fotógrafo Hugo van Lawick. Pero en este caso los escuetos valores artísticos de “El viaje de Jane” no importan en absoluto: su sola figura fascina más que cualquier virguería visual o narrativa. Si se estrena en vuestra ciudad, no lo dejéis escapar.
Imágenes de “El viaje de Jane”, película documental distribuida en España por Wanda Visión © 2010 Bavaria Films, Neos Film, CC Medien y Sphinx Media. Todos los derechos reservados.
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