Estupendo debut de Kike Maíllo, que propone una rareza en nuestra cinematografía: una película de ciencia ficción ambientada en un futuro de aspecto retro con las relaciones entre humanos y robots como tema central. A celebrar.
Álex (Daniel Brühl) vuelve al pequeño pueblo en el que se crió para participar en la creación de un robot social con el aspecto de un niño. Kike Maíllo debuta en la dirección de largometrajes con “Eva” (ver tráiler), una película a celebrar en nuestra industria por sus méritos artísticos pero también por suponer un nuevo paso hacia la concreción de la cinematografía nacional como una maquinaria más amplia y capaz en cuanto a desarrollo de temáticas y aspiraciones de cara al futuro. No es una propuesta perfecta, pero es una muy buena noticia por lo que demuestra que somos capaces de hacer por aquí, más allá incluso de ese género estrictamente fantaterrorífico que con tanta soltura maneja toda una generación inagotable de jóvenes cineastas patrios. Y con poco más de cuatro millones de presupuesto, además. Muy bien.

«¿Qué ves cuando cierras los ojos?». El cineasta, primero alumno y ahora profesor de esa sugerente y necesaria fábrica de talentos llamada ESCAC, se revela como cinéfago empedernido y talento a tener en cuenta a la hora de configurar un espectro técnico realmente notable, con una muy buena visión a la hora de componer y disponer los planos, narrando con inteligencia y apoyado en un montaje sereno ─un tanto errático, eso sí─, una fotografía que realza la belleza de las localizaciones ─el rodaje tuvo lugar en Suiza y el Pirineo aragonés─ y una banda sonora ajustada que ya desde los mismos créditos iniciales otorga un mágico halo elfmaniano/burtoniano a la historia. La integración de la tecnología futurista está muy lograda, en un conjunto que se beneficia de un look retro potenciado por una atenta y cuidadosa dirección artística que esquiva con mimo las limitaciones presupuestarias.

Además, el guión de Sergi Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca y Aintza Serra trata con delicadeza los parámetros morales de las historias clásicas que enfrentan humanos e inteligencia artificial ─se trata con acierto la ruptura de la Segunda Ley de Asimov─, logrando cotas de lirismo visual y emocional realmente interesantes. Lástima que el reparto no esté del todo a la altura: Daniel Brühl se va soltando (muy) poco a poco, pero Alberto Ammann, Marta Etura y la pequeña Claudia Vega ─esta última, en menor medida y finalmente encantadora─ resultan demasiado fríos en su búsqueda de una humanísima vulnerabilidad, lo que en algunos incluso delata intenciones alejando en cierto modo al espectador de un clímax sorpresivo; atención, eso sí, al todoterreno Lluís Homar como Max, una simpática mezcla de Andrew Martin y Gigoló Joe. Pero, en conjunto, “Eva” cuenta con suficientes elementos positivos como para superar la flaqueza de su elemento más humano. Una alegría.
Calificación: 7/10
- Ficha completa de “Eva”
- Carteles de “Eva”
- Imágenes de “Eva”
- Tráiler 1 de “Eva”
- Tráiler 2 de “Eva”
- Escenas de “Eva”
- Cómo se hizo “Eva”
- Reportaje sobre “Eva”, por Jordi Revert
- Entrevista al director Kike Maíllo, por José Arce
Imágenes de “Eva”, película distribuida en España por Paramount Pictures Spain © 2011 ESCAC, Escándalo Films y Ran Entertainment. Todos los derechos reservados.
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Más que correcta película, pausada, con un metraje que no se alarga ni un segundo de lo necesario y con unas actuaciones muy logradas. La introducción de la película me parece digna de cualquier de los mejores directores actuales, ante estas expectativas la película pierde enteros en cuanto entra en harina y son los actores los que la pelean consiguiendo mantenerla con las velas secas. Los peros que le pongo son la previsibilidad de la historia y un ligera falta de ritmo y en algunos momentos unos diálogos demasiado superfluos.
A pesar de eso la película carece de defectos graves y es digna de cualquier pantalla,ya sea europea o americana. Una de sus mejores bazas es ese aire de naturalidad, ese “realismo”, ese verismo que destila.
En definitiva una buena película Española, una película que no desmerecería la filmografía de ningún país. Esto se puede definir con una palabra, PROFESIONALIDAD.
Saludos.
“Eva”. Ha causado sensación entre la cinefilia el estreno de esta película. Seguramente, por la desgraciadamente poca costumbre que tenemos que disfrutar de platos aderezados con este guiso, cocinados en España. Y yo creo que he aquí el mayor mérito de esta cinta, que puede parecer poco, pero no lo es, si, como cabría esperar, abre la puerta a más autores (autóctonos) para que se adentren y exploren en el multidimensional mundo de la ciencia ficción, cosa que estaría muy bien porque, cuantos más lo intenten, más posibilidades hay de que surjan nuevas u originales ideas en un campo que, por la producción que llega de más allá del atlántico, se antoja muy trillado. Así sucedió con la fantasía de terror (de la cual no soy muy fan pero reconozco los hechos), y hoy los cineastas españoles han alcanzado un nivel perfectamente homologable internacionalmente y son celebrados y hasta buscados en todo el mundo. Pero no sólo por eso. Yo creo que “Eva” es una buena película, con una buena factura visual: ahí están unos efectos digitales convincentes, un diseño de producción (como destacan los críticos de La Butaca) muy cuidado (aunque también hay algún seguidor de la página a quien no le ha gustado, como jdavi), una fotografía trabajada y un guión que, aunque de desarrollo previsible (como también indican algunos espectadores), no decae y mantiene el interés, introduciendo, en lo que podríamos llamar un ardid de los guionistas, un triángulo amoroso con el centro de gravedad en la niña protagonista, Eva. Que nadie busque en “Eva” disertaciones de orden moral o ético, ni siquiera hay planteamientos tecno-científicos, lo que, para los más exigentes puede restar credibilidad a lo que acontece: se trata simplemente de una fábula (moral) que nos viene a decir “cuidado con jugar a ser Dios”. Por una parte, está el hecho de diseñar una máquina con un programa específico que lo cumple sin más, con la salvedad de posibles errores que el propio diseñador haya cometido al crear dicho programa. En este grupo incluiríamos desde una lavadora hasta a Max, pasando por robots industriales, coches, ordenadores personales, etc., etc., en general, cualquier dispositivo electromecánico. Max, el personaje felizmente interpretado por Homar (un Gigoló Joe pero de andar por casa, en el sentido literal de la expresión), aunque muy sofisticado, no pasa de ser un “circuito lógico”, o sea, una lavadora muy complicada (alguien lo definió muy acertadamente por ahí, entre los comentarios, como una thermomix que sonríe). Sin embargo, el científico busca más, superar lo ordinario: lo extraordinario, la perfección. Y lo busca porque, en cierto modo, es una exigencia social que recae sobre él: “¿quién va a querer un niño[-robot] normal?” le cuestiona Álex, el ingeniero protagonista (Daniel Brühl) a su mentora y mecenas cuando le muestra modelos de niños de carne y hueso en los que referenciar al niño-robot que se le ha encargado (todos le parecen “aburridos”). Y ahí comienza su búsqueda de un modelo para la creación, modelo que encontrará en Eva, una niña “diferente” con la que comparte más cosas de las que al principio cree. La paradoja es que, finalmente, el modelo ya es el resultado y, además resulta fallido desde el punto de vista de un servicio al hombre o a la sociedad. Son evidentes las referencias a “Yo robot” de Asimov y, particularmente, a las leyes de la robótica que éste enunció. El ingeniero le otorga la libertad como un valor a su creación (se cita varias veces en la película que se trata de diseñar un robot “libre”, de un programa que lo encorsete, se entiende), pero establece unos límites a dicha libertad, las leyes que no quebrantará: 1.No causará daño por acción u omisión a un ser humano. 2. Obedecerá simpre las órdenes de éste, siempre que no se contradigan la primera ley. Y 3. Cuidará y protegerá su integridad, siempre que ello no suponga conflicto con las dos leyes anteriores. Haciendo el paralelismo con el relato bíblico del Génesis (y de ahí, es de pensar, el título de la película), Dios creó a Adán (el ser humano), pero pensó que necesitaba una compañera y más tarde creó a Eva (el hombre crea al robot para acompañar al hombre), y les regaló el jardín del Edén (la existencia); les dio el libre albedrío (la libertad) para reinar en el Paraíso, siempre y cuando le guardaran obediencia y no tomaran el fruto del Árbol del Bien y del Mal (o sea, la existencia del robot se condiciona a que no quebranten las leyes de la robótica); pero Eva, tentada por satanás, comió del fruto del árbol y le dio a probar a su compañero (Eva, la niña, enajenada por la pasión y la ira –emociones totalmente humanas- que le produce conocer su secreto, quebranta la ley), entonces Dios no tiene más remedio que castigar a sus hijos, y nace así el dolor (el proyecto debe finiquitarse, lo cual pasa por “desconectar” al robot “rebelde”). Obviamente, las repercusiones de orden moral que se derivan de la enunciación y aplicación de las tres leyes de la robótica no es posible desarrolarlas en una película (de hecho, Asimov lo hace en toda una extensa obra literaria de ciencia ficción), por lo que en “Eva” sólo se apuntan. En este sentido, “Eva” entronca con “Blade runner”, donde los replicantes (seres, según reza el lema de la empresa que los creó, la Tyrell Corp., “Más humanos que los humanos”) también deben ser destruidos, aniquilados, sólo por aspirar a ser entes con “contenido emocional”, es decir, parecerse a sus creadores… El problema estriba en que, como sucede en el Génesis, su creador sabe que, una vez el robot desarrolla sentimientos y emociones propias (es decir, cuando Adán y Eva conocen el Bien y el Mal) escapa a su control y, siendo en muchos aspectos más perfecta la creación que el propio creador, el robot debe ser desconectado, por temor a que, de lo contrario, éste termine “desconectando” al creador sin que éste pueda hacer nada por impedirlo, con lo cual nos abocaríamos a pesadillas del tipo “Matrix” o “Terminator”. Por eso Adán y Eva son expulsados del Edén y conocen la muerte; por eso los replicantes tienen un gen “terminador” que les otorga tan sólo vida por 4 años; por eso Eva, no tanto por ser responsable de una muerte o por haber quebrantado una ley tecnológica, sino por el riesgo o la amenaza que en un futuro suponen los de su clase, debe ser desconectada. Creo que todo esto queda bien reflejado en la película y sirve como punto de partida a una discusión, y, desde este punto de vista, funciona muy bien, como he dicho, a modo de cuento moralizante, en la línea de “A.I.” o “El hombre bicentenario” (1999), quizá sus dos referentes más claros. De la puesta en escena me gustaría destacar un aspecto concreto que, creo, sintoniza muy bien con el tono general de la película (bien secundado por las interpretaciones y, especialmente, por la fotografía), que se ha calificado de distante. No creo que sea casual la elección de un paisaje helado, invernal y montañoso como escenario de la narración, pues enfatiza la frialdad de las relaciones entre los seres humanos a mediados de siglo XXI y hace que resalte aún más la intensidad afectiva de los robots (sí, hasta Gris, el gato -buen detalle visual- resulta en ocasiones más empático que su propio amo); nótese que los principales picos de emoción en la historia siempre tienen lugar entre humanos y robots (salvo la pelea entre hermanos que, al final, no pasa de ser algo anecdótico y poco relevante para la historia). Paralelamente a la “humanización” de los robots se da el proceso inverso: la desnaturalización de los humanos. Para terminar, el único “pero” que yo pondría a la película es la elección de Daniel Brühl para el rol que desempeña, en el cual no me resulta particularmente creíble. Una película que quizá no pase a la historia del cine hecho en España como una de las grandes, pero que puede significar el inicio de una gran amistad.
Bueno, no quisiera reabrir la polémica al respecto de “A.I.”, pues sé que tiene grandes fans y también algún que otro detractor… entre quines no me considero incluido. La calidad narrativa de esa cinta ya fue ampliamente debatida en su momento, año 2001. No era casual la fecha de estreno, pues el padre del proyecto, y, en buena medida, también del guión, junto con el autor del cuento en el que se basa la historia, Brian Aldiss, era Stanley Kubrick. Desconozco por qué razón el genio neoyorkino nunca rodó la película pudiendo haberlo hecho, y no sé si nadie la conoce o el motivo se fue con él a la tumba. El casó es que, ya bastante avanzado, se lo cedió a Steven Spielberg, y aquél optó por rodar el que, a la postre, sería su testimonio póstumo: la cautivadora “Eyes wide shut” (1999). Así pues, “A.I.” tanto o más es de Kubrick como lo es de Spielberg. El problema, quizá, es que la película se presentó como “la obra inacabada del autor de ‘2001’”, y, claro, por buen director-productor que sea el amigo Spielberg, cosa que ni yo ni creo que nadie ponga en duda, no es Kubrick: sus estilos difieren diametralmente; mientras que el primero pone la dirección al servicio de la acción, el segundo es mucho más contemplativo y le interesa más “el ser”. Por eso me pareció un tanto extraño que Kubrick depositara su confianza en Spielberg en lugar de hacerlo en algún director visualmente de largo más afín, como, por ejemplo, Malick, que por aquel entonces se encontraba trabajando en la que, desde mi punto de vista, es su mejor película “La delgada línea roja”. Curiosamente, el mismo año que Malick estrenó su obra maestra, Spielberg presentó también una de sus obras más celebradas: “Salvar al soldado Ryan”, también un drama de ambientación bélica. Sólo hay que comparar visualmente una y otra para darse cuenta de lo que estoy hablando; que nadie me malintierprete, sin que ello sirva de menoscabo hacia el film de Spielberg: mientras que Malick mima el cuadro, se recrea en la naturaleza, en los detalles, en el pensamiento de los personajes, el director de “A.I.” emplea en “Salvar al soldado Ryan” una dirección enérgica, impactante, que plasma la crudeza de la guerra con el mayor realismo posible. Personalmente, me parece más próximo al estilo del mejor Kubrick el primero, que el segundo, ya digo, sin que esto signifique nada en desfavor de Spielberg. Por eso, yo creo que “A.I.” no era película para él, y quien fue al cine con la expectativa de encontrar una narración al estilo de “2001”, como fue mi caso, pues salió algo decepcionado, porque los puntos de contacto entre una y otra, más allá de los evidentes homenajes y tributos que Spielberg, deliberadamente, paga a, en este caso, su mentor, son pocos, y la narración, en general, es “muy Spielberg”. ¿Me disgustó la película? No, me decepcionó, que es distinto, pero no por eso pienso que sea una mala película, al contrario, reconozco el esfuerzo de su autor por adaptarse a un guión ya “pre-fabricado”, lo cual se aprecia en el excelente trabajo que tiene, por ejemplo, de la luz, y, probablemente, sea una de las mejores películas del director, pese a ser (¡paradoja!) una de sus películas menos personales. El caso, no obstante, es que me pareció que “A.I.” optaba más por apelar a las emociones del espectador (reconozco que la historia, con niño-robot de por medio, se prestaba a ello) que no a la especulación filosófica, cosa que esperaba con fervor en tanto que proyecto kubrickiano (qué duda cabe que Spielberg es un gran gestor –uno de los mejores, si no el mejor- de las emociones del espectador a través de.su obra fílmica). Y hasta aquí la explicación de mi comentario. Aprecio el consejo de Joaquín R. Fernández de un nuevo visionado, que probablemente tengo que hacer, y la opinión de Merovingio calificándola de obra maestra, que, aunque no comparta, seguro que tampoco es descabellada. Es más, aprovechando el estreno de “Eva” animo a los seguidores de La Butaca a redescubrir “A.I. Inteligencia artificial”, yo el primero.
Solo por ver a Lluis Homar ya merece la pena. Con una calidad por encima de la media, bien rodada y, si, un poco fría (y no solo por la nieve). Un 7.
Por cierto, Juan, sin ánimo de ofender, pero prejuicios como el tuyo contra el cine español (y contra lo que sea) dan bastante asquito. Y el ¿argumento? de “no pasa nada” es el que suelen utilizar aquellos que únicamente son capaces de encontrar “significado” en las escenas de explosiones, carreras y tortazos. Simple, simple, simple.
Amigos, “A.I. Inteligencia artificial” (Steven Spielberg, 2001) es una OBRA MAESTRA. Si “Eva” consigue parecerse tan siquiera un poquito, ya debe contabilizarse eso entre sus méritos.
No me puedo creer la crítica que he leido. ¿Estás seguro de haber visto la misma película que yo?
Es aburrida, pero aburrida aburrida. NO es como otras películas que comienzan suaves y poco a poco van metiendo al espectador el interés suficiente para seguir viéndola. Cuando llevas un cuarto de hora y no pasa nada interesante, pasa otro cuarto de hora y sigue igual, realmente lo único que esperas es que acaba la película, o que tenga un desenlace fabuloso…lo cual NO OCURRE.
Es un intento descarado de copia de algunas películas americanas, como por ejemplo IA, pero a lo cutre, cutre, cutre…
Y lo que más me fastidia es que intenten colarlas por películas que no son españolas. El cine español se está intentado meter en las carteleras con trailers y publicidad muy parecidos, y luego vas a verlas y te llevas la misma decepción de siempre. El cine español no levanta cabeza.
La próxima vez tendré que asegurarme si la pelicula que voy a ver es española o no, porque el cine no es tan barato como para malgastar el dinero en semejante bodrio.
Qué pena que tenga tan pocos espectadores… Personalmente creo que han elegido una fecha muy mala para estrenarla, pues va dirigida a un público parecido al de “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio”.
Eduardo, ¡con lo bien que está “Inteligencia artificial”! ¿Le has dado una segunda oportunidad?
Es un flim que se deja ver, pasas el rato, aunque su subtrama me recordó al film Beatiful Girls (calcado!)..pase del viernes dia d estreno en Barcelona (20:00h) 8 espectadores en total!..Algo funesto se avecina…(!)
¡Totalmente: a celebrar! Espero con gran interés esta película desde hace tiempo… Ahora que Spielberg estrena con Tintín y el secreto del Unicornio, no estaría nada mal que este joven talento de la ESCAC le pasara la mano por la cara al afamado “Rey Midas” con una historia muy similar a su “A.I.” (cuando menos, en su punto de partida), desarrollando al menos mínimamente todas las posibilidades narrativas que un argumento así plantea en el orden ético, moral, social y científico, posibilidades entre las que, desgraciadamente, la historia dirigida y guionizada por Spielberg en 2001 se perdió… Y nada, a ver si cunde un poco el ejemplo y los buenos aficionados a la CiFi podemos contar de una vez con buenas propuestas “made in Spain” que destaquen en el más bien estepario panorama que presenta el género a nivel general.
























































