“Fighting: Puños de asfalto” es sencilla y honesta en sus planteamientos como lo era “Memorias de Queens”. Un efugio nada mainstream, pretendidamente sencillo y capaz de destilar la sensibilidad del autor al que el subgénero le niega tal título.
Dito Montiel lo tuvo más fácil con “Memorias de Queens”. Su relato autobiográfico podía permitirse apelar al gran público sin abandonar la impronta autoral, llamar al corazoncito del espectador con los ingredientes mismos del mejor Scorsese o contando otra historia del Bronx. Ya saben: la preservación de la inocencia en un contexto listo para reventarla a cada paso, con padrinos, padres y chicos necesitados de esas guías para reconocer a sus santos. Excusa perfecta, en cualquier caso, para descubrir a un cineasta portentoso captando la atmósfera de las calles, que te hace vivir Queens, sentir Queens y oler el tufillo de cada callejón, de cada puesto de comida en un asfixiante verano de la Gran Manzana. De no haberse lanzado a la piscina, quizás Montiel hubiera recibido las mismas alabanzas (o sólo unas pocas menos) repitiendo la fórmula, volviendo a las malaventuradas malas calles de sus memorias para asegurarse la confirmación de gran autor.
En un mundo más justo, quizás “Fighting: Puños de asfalto” pudiera ser esa confirmación. Pero lo cierto es que la temática escogida por Montiel para su segunda película se convierte, casi inconscientemente, en una tara para todo aquel que crea en el descrédito del subgénero de la lucha callejera. Y eso pese a volver a superaciones personales en submundos hostiles, y eso pese a la firma que no se ha desdibujado ni un ápice. Si en “Memorias de Queens” eran memorables Frank the Dog Walker y Baker Street, en “Fighting: Puños de asfalto”, la cover de Randy Crawford de Street Life suena mientras Shawn MacArthur (Channing Tatum) camina entre la ebullición de las aceras neoyorquinas. O sea, que Montiel continúa atrapando olores, imágenes a pie de calle con chavales buscando dinero fácil entre trapicheos y timos de poca monta, entre trabajillos de ocasión conseguidos por protectores de medio pelo que una vez perdieron su dignidad.

“Fighting: Puños de asfalto” es sencilla en planteamientos y tan honesta como lo eran aquellas “Memorias de Queens”. De hecho, no es descabellado encontrar en Shawn la evolución de aquel Antonio condenado que Tatum interpretaba en la ópera prima de Montiel. Aquí el realizador niega el luchador ambicioso del trono de la lucha callejera y opta por el buenazo maldito por su pasado, el que sólo aspira a ganar algo de dinero con que invitar a comer a la chica que le gusta. Precisamente, el primer alejamiento de los lugares comunes del subgénero reside en que los encuentros y desencuentros sentimentales de Shawn con Zulay (Zulay Valez) no centran la fuerza dramática de la trama. Muy al contrario, el primer revés a la expectativa de la platea llega cuando ella le pregunta de dónde saca el dinero y él se lo cuenta sin rodeos (huyendo de la casi siempre recurrida mentira, posterior decepción y todo lo demás). La incidencia dramática ejerce, más bien, sobre un Harvey (Terrence Howard), tan necesitado de restaurar el honor perdido como de escapar a una soledad apenas disimulada. Él es quien busca la reafirmación, pretende el respeto y, en última instancia, propina el sopapo más grande de Montiel al tirar por tierra cualquier presunción de previsibilidad.

En cuanto a las peleas, son furiosas descargas de adrenalina que el realizador filma con destreza, lanzándose al cuerpo a cuerpo más crudo y visceral con una cámara sólo entendida en el centro mismo de las batallas. Ahora bien, estas no son tomadas sino como meros divertimentos ante la cámara, con monstruos surgidos del último callejón del Bronx o expertos en artes marciales, contrincantes a cada cuál más imposible cuales jefes de fase final en el arcade de lucha más simple, pero también el más disfrutable. “Fighting: Puños de asfalto” resulta un efugio nada mainstream, pretendidamente sencillo y capaz, aún así, de destilar la sensibilidad del autor (hermosa la secuencia de la cena entre Shawn y Zulay), al que el subgénero le niega tal título. No puede evitar, eso sí, caer en alguna subtrama prescindible (la relación desvelada de Harvey y Zulay) u otorgar a su protagonista un endeble pasado con el que reforzar las circunstancias dramáticas finales. Pero esto importa menos cuando, al alcanzar los créditos, uno es feliz de haber reconocido a Montiel donde no lo esperaba. Y se frota las manos pensando en todo lo que este cineasta puede aún ofrecer.
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En las imágenes: Escenas de “Fighting: Puños de asfalto” © 2009 Rogue Pictures y Misher Films. Fotos por Phillip V. Caruso. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.
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Cinta bastante inestable llena de altibajos pero que al final deja un buen sabor de boca compensando con creces los pocos buenos momentos a los flojos, mas abundantes. En cualquier caso y con todos los respetos a J.Arce darle una estrella a esta pelicula y tres a G.I.Joe hace que haya perdido bastantes enteros en la confianza que me merecen sus criticas. Aunque como dijo el otro: “nadie es perfecto”.


























































