Andrea Arnold se demuestra en “Fish tank” una de las herederas más sólidas del realismo social británico, si bien su esporádica tendencia a la lírica y su incontinencia narrativa le otorgan una potente identidad propia.
Cuando hablamos de identidades sólidas en el cine británico, una de esas identidades, probablemente la más consistente de todas ellas, es la del realismo social. Nunca se trató de un movimiento forjado desde un manifiesto o desde una generación de cineastas vinculados a un contexto y señas que lo propiciaran, sino más bien de una tradición cinematográfica que ha encontrado honrosa sucesión, consolidados maestros y discípulos que han asumido su herencia sin renunciar a una escritura desmarcada.

A propósito de “Fish tank” decía Nick James, editor de Sight & Sound, que es Ken Loach el padrino de una generación de realizadores pertenecientes a esa tradición. Andrea Arnold, sin duda, entra en ese grupo y se destaca, según James, por una suerte de esfuerzo semi-poético. Efectivamente, no es difícil alinear a Arnold en ese realismo social con nombres como Mike Leigh o, algo más lejos, con Shane Meadows (con quien comparte preocupación por el aislamiento adolescente), pero quizá sea más atinado poner en común aquí dos títulos provenientes del país vecino: “Ricky” (2009), la fábula obrera y desencantada de François Ozon, en cuanto a tono y ramalazos líricos en medio de la contención; y “Julia” (Erick Zonca, 2008), en lo que se refiere a cierta (y plausible) intemperancia narrativa que sobreviene en la última media hora.

Esa semi-poesía visual se remite en el filme de Andrea Arnold a momentos puntuales en los que la cámara en mano salva las distancias para captar las expresiones de Mia, la quinceañera irascible a la que interpreta Katie Jarvis, en los deseados acercamientos de Connor (Michael Fassbender), el encantador novio de su madre con el que establece una relación cada vez más (peligrosamente) estrecha. En una de esas escenas, Connor lleva en brazos a la cama a Mia, quien finge estar dormida. Una vez allí, el juego de contraplanos y puntos de vista permite entender su silencioso deseo y necesidad de afecto, destilados desde su mirada entrecerrada y secreta. En otra escena, una imagen ralentizada de la niña que huye de Mia pone la nota desconcertante y crepuscular, ilustración extraña del ocaso de la adolescencia que se confirmará poco después.

No obstante, la verdadera poesía de “Fish tank” se encuentra en su sensibilidad suma, su capacidad para penetrar en la desesperanza aparentemente inescrutable de su protagonista («¿te he dicho alguna vez que estuve a punto de abortarte?», le espeta su madre) y convertirla en un cúmulo de emociones transferibles al espectador. En última instancia importa menos si las vías de escape y aprendizaje se traducen en bailes de hip-hop, o si el destino se resuelve con una metáfora ecuestre, que la riquísima galería de matices del desencanto que ofrece Jarvis, verdadero sustento del filme. Al fondo, la Inglaterra de las periferias y las industrias desguazadas dibuja un escenario terrible, imposible para la supervivencia emocional y la educación afectiva.
- Ficha completa de “Fish tank”
- Fotos de “Fish tank”
- Tráiler de “Fish tank”
- Previa: Amarga adolescencia, por J. Revert
- “Fish tank”, Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2009
- “Fish tank” en los premios BAFTA
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
En las imágenes: Fotogramas de “Fish tank” – Copyright © 2009 BBC Films, UK Film Council, Limelight y Kees Kasander. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.
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