Clint Eastwood se aleja del dramatismo de sus últimas propuestas y nos ofrece una película en la que se recalcan los aspectos positivos de los seres humanos. Emotiva y amena, la cinta se beneficia de unas espléndidas interpretaciones.
Perplejo me dejan las flojas recaudaciones que “Invictus”, de Clint Eastwood, está obteniendo en Norteamérica, mercado en el que terminará ingresando alrededor de 36 millones de dólares (poco más de la mitad de lo que costó rodarla). Sin embargo, conviene recordar que con “El intercambio” y “Banderas de nuestros padres” sucedió algo parecido, mientras que otros títulos de inferior presupuesto, caso de “Gran Torino” o “Million dollar baby”, se convirtieron en un gran éxito de taquilla. Ahora bien, estos dos últimos contaban con la presencia del actor tanto delante como detrás de las cámaras, un dato que quizás habría que tener en cuenta y que evidencia el gancho que esta leyenda viva tiene entre el público adulto. Su penúltimo largometraje (actualmente se encuentra rodando “Hereafter”) es un recomendable relato plagado de buenas intenciones, magníficas interpretaciones y grandes dosis de buen cine.

El filme no es un biopic de Nelson Mandela, sino una descripción de cómo éste utilizó un evento deportivo para buscar un punto de encuentro en una población completamente dividida. Eastwood no persigue detallarnos la vida personal y política del mandatario, le basta con esbozarla para así poder centrarse en aquello que en realidad le interesa narrar. Bajo mi punto de vista, el realizador es consciente de que el público ya conoce todos los terribles aspectos relacionados con el apartheid, por lo que aquí se fija más en la esperanza, la humanidad, la indulgencia y la reconciliación que, aun así, son capaces de aparecer tras una etapa histórica repleta de ignominias. Semejante historia la construye sin que el ritmo decaiga en ningún momento y otorgándole a la misma una emoción que no considero se pueda tildar de forzada.

Por supuesto, no se trata de una obra redonda y, de hecho, probablemente le sobren algunos planos a cámara lenta y varios minutos de su metraje (el partido final entre Sudáfrica y Nueva Zelanda se prolonga más de lo debido), pero ello no se convierte en un impedimento para que disfrutemos de una película que llega al corazón y que supone un cambio de registro en su director, quien en los últimos años se ha especializado en filmar dramas que nos dejan malas sensaciones en el cuerpo (todo lo opuesto a lo que sucede en “Invictus”). Eastwood nos deleita con una elegante puesta en escena en la que no faltan esos pequeños detalles que evidencian que nos hallamos ante un sólido narrador (la contraposición de cómo los blancos juegan al rugby y los negros al fútbol justo al comienzo de la cinta), por no hablar de que sabe rodearse de un reparto al que sólo pueden lanzársele alabanzas, desde un soberbio Morgan Freeman hasta un notable Matt Damon. Tal vez el optimismo que rezuma esta producción no juegue a su favor, pero al menos su principal artífice sabe manejarlo con la suficiente inteligencia como para no caer en el sentimentalismo barato.
- Ficha completa de “Invictus”
- Fotos de “Invictus”
- Photocall de “Invictus”
- Tráiler de “Invictus”
- Rueda de prensa de “Invictus”
- Previa: Mandela y el deporte nacional, por J. Revert
- Crítica (6/10): El discurso de la épica, por J. Revert
- Notas sobre cómo se hizo “Invictus”
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
En las imágenes: Fotogramas de “Invictus” – Copyright © 2009 Warner Bros. Pictures, Spyglass Entertainment, Revelations Entertainment, Mace Neufeld Productions y Malpaso Productions. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.
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Una pelicula honesta en su esencia y que no busca ser pretenciosa, donde el director logra llevar el mensaje de que la grandeza de una patria radica en sus habitantes y no en su riqueza material. Morgan, contigo simpre me quitare el sombrero, nunca me decepcionas como actor, Eastwood impecable y soberbio como siempre tras camara. A pesar de que esta basdada en hechos reales la pelicula logra tocar sensibilidades sin tanto adorno y exageración. No tengo mas que decir, solo recomendarla. Punto.
La película es emocionante, y provoca congoja en el espectador durante gran parte de la misma. La forma de contarla es magnífica. Y es cierto que el grandísimo Eastwood eleva a la categoría de épico a Nelson Mandela, mostrando la cara más amable del personaje. Me ha parecido una película fantástica, pese a que uno es consciente de que el personaje real tiene más altibajos.
Comprendo tu postura, Humphrey, pero, al igual que observamos el interés de Mandela en cómo le va al equipo, me pareció que Eastwood recortaba demasiado los partidos que precedían a la final, quitándonos de ver el esfuerzo que supone llegar hasta ahí. Es por ello que menciono la posibilidad de reducir el metraje de los minutos finales y centrarse un poco más en estos partidos a priori intrascendentes pero de gran relevancia para el conjunto.
No habría tenido mucho sentido que tras crear tantas expectativas sobre el partido final, con un montón de entrenamientos, concentraciones, arengas de vestuario y demás entretelas deportivas y políticas no se le concediera luego al match una duración acorde, necesaria en términos de crescendo dramático, tanto si se conoce como si no el resultado de antemano.
En el cine deportivo americano, aunque esta cinta no se encuadre estrictamente en esa categoría ni por la temática ni por el escenario de los hechos, abundan las películas donde asistimos, cuando no a la carrera de una figura individual desde sus inicios, al desarrollo de una temporada completa de un equipo, con todas sus dificultades intermedias hasta llegar al momento crucial, definitivo, al que se le dedica preceptivamente un tramo considerable del metraje. Y la narrativa cinematográfica es la que a menudo logra transmitirnos la emoción requerida aunque desconozcamos el reglamento del deporte en cuestión o sólo tengamos unas nociones muy básicas del mismo. Pensemos , por ejemplo, en muchas películas en torno al “basse-ball”.
Algo parecido debía de ocurrirles a los espectadores norteamericanos ante películas sobre fútbol (no el suyo por antonomasia, sino lo que ellos llaman “soccer”), como por ejemplo, “Evasión o victoria”, aquel divertimento o trabajo alimenticio de John Huston. Claro que allá el fútbol era el pretexto de la trama principal, o sea, la fuga de los prisioneros, pero el partido y sus preparativos no estaban tratados de pasada o como una anécdota o “Mac Guffin” cualquiera , tenían su espacio y, además, al final se convertían en una cuestión de honor.
En “Invictus”, salvando todas las distancias que haya que salvar, advierto de entrada un cierto paralelismo Eastwood-Huston, no del grado, obviamente de “Cazador blanco, corazón negro” y “La Reina de África”, sino en cuanto a la actitud de dichos directores respecto a una película atípica en su filmografía y en el hecho de que ambos aborden un evento deportivo como vehículo de un discurso de otra índole y de corte optimista, ellos, que han sido cada uno en su época referentes paradigmáticos de las historias de perdedores, a veces heroicos y a veces antiheroicos.
Es cierto que aquí Eastwood se sale de los parámetros del “biopic”, pero también que asume los principales canones del género deportivo, aunque pescindiendo de los tics más socorridos y otorgándole a la circunstancia una significación que trasciende las típicas y tópicas vicisitudes de un equipo,las pasiones de una hinchada concreta o los intereses y tejemanejes de los directivos o propietarios de un club. Lo que se dirime en ese partido lo acaban entiendo hasta los guardaespaldas negros que no entienden ni papa de rugby, o la población negra en general, que poco antes odiaba masivamente los colores de un camiseta por la que no se sentían representados, el uniforme de sus enemigos interiores, de sus dominadores. Esa metamorfosis del perdón y la reconciliación está explicada con sencillez (que no con simpleza) y muy buen pulso, con pulcritud clásica, y, curiosamente, sin ser una obra maestra como Gran Torino, Invictus añade un remache al tema de los conflictos interraciales. Lo que en Gran Torino era una metamorfosis individual es aquí una metamorfosis colectiva. Y el partido final debía escenificar esa catarsis como lo hace, si hubiera durado menos o hubiera sido rodado y montado de modo recursivo o distanciado, sin implicación emocional, hubiera perdido gran parte de su “phatos”.
Si tuviera que describir esta pelicula con una palabra diria que es “vibrante”, porque no pasa un minuto del film sin que la emocion no te haga estar alerta, en tension. Y es que la historia de Mandela y Sudafrica es de aquellas que adquieren tintes mitologicos, comparables con historias como “Espartacus” pero con el añadido de que, como quien dice, paso ayer.
Desde el punto de vista cinematografico, de la historia que nos cuentan y la manera en que esta contada creo que es casi perfecta, creo que otro director hubiese podido desgraciar la historia y su tempo con gran facilidad, mientras que Eastwood esta dandonos en todo momento la intensidad maxima y la envergadura necesaria, pasando de escenas grandilocuentes a la intimidad de los personajes sin que por ello se note ningun bache.
En la parte actoral tambien podemos decir que los actores estan fenomenales, plenamente integrados en la accion y sin excesos o defectos.
Solo le pondria un pero a esta pelicula y es su enfoque, excesivamente comercial para mi gusto, sin ningura arista, todo es demasiado perfecto, de manera que al final de la pelicula y aun durante, uno se pregunta si todo puede llegar a ser tan y tan perfecto y bello desde todos los puntos de vista.
Estoy de acuerdo con que se hubiesen podido acortar las escenas de rugby, pero entonces se hubiese cargado la cohartada de la pelicula, su punto central, su razon de ser.
Absolutamente recomendable.
saludos
Marinés y Miguel, entiendo la función dramática de ese partido y el porqué de su duración, y desde luego se puede afirmar que está bien rodado, pero, no sé, viendo el filme me dio la impresión de que podría haberse montado para que durara menos (ello no quiere decir que se me hiciera pesado, y eso que tampoco me gusta este deporte).
CARMEN, si te gustó sin entender los diálogos, entonces seguro que te encantará cuando la veas en condiciones XD Discrepo en lo de la banda sonora, al menos en lo que respecta a la escrita expresamente para la película.
A pesar de que la película que yo vi no era doblada,es más era con subtitulo en “africano”, os aseguro que hacia tiempo que no disfrutaba con una película despues de ver INVICTUS.No me gusta el rugby y por lo tanto desconozco sus jugadas,y ni el rugby ni ninguna de las escenas de la película se me hicieron largas…todo lo contrario.De acuerdo con Marinés me emociono el final, a pesar de no entender las palabras exactas que pronuncia Freeman.El trabajo de Freeman como el de Matt Damon es extraordinario, con un director como
Eastwood que más se puede pedir. Otro detalle, es la música de fondo, MARAVILLOSA. Yo os la recomiendo, solo espero poder verla doblada y entender todo el diálogo, incluso el de los guardias de seguridad, en especial al finalizar el partido.Otro detalle fué la danza de los contrincantes de Nueva Zelanda, !!fascinante!!
Coincido con Marinés, Joaquín. A mí también me encanta el partido final, de hecho creo que es cuando verdaderamente la película crece.
Un abrazo!
De acuerdo con la crítica de Joaquín R. Fernández;sólo discrepo levemente en el comentario sobre la duración del partido: a mí no me gusta el rugby ni lo entiendo y, sin embargo, no se me hizo largo en ningún momento. Morgan Feeman está magnífico, como siempre. A mí me emocionó el final; y eso, repito, sin interesarme para nada el rugby. Estupenda película, que recomiendo encarecidamente.

























































