Clint Eastwood se atreve con un ejercicio biográfico poco ortodoxo. “J. Edgar” no se limita a contar la historia, sino que también se plantea la manera en la que ésta se cuenta. Una película tan irregular como seductora, con un gran Leonardo DiCaprio.
Como despojándose de la tradición anquilosada del biopic que confunde la biografía con la hagiografía y se constituye a golpe de complacientes hitos de una vida, Clint Eastwood opta en “J. Edgar” (ver tráiler) por el relato abiertamente subjetivo que se libera de todo lugar común de un género en exceso manoseado. Subjetivo respecto al relato personal de J. Edgar Hoover, sí, pero también respecto a la Historia que le contempla y que vivió a través de sus propios fantasmas. Eastwood, en otras palabras, lanza un órdago a la Historia y lo hace vía uno de sus torturados protagonistas, y el resultado es una película fascinante por desequilibrada, tan capaz de brindar una lúcida reflexión sobre la memoria historiográfica como de devenir su propia y exacerbada caricatura.

Una de las grandes virtudes de la película de Eastwood reside en cómo construye ese relato ingobernable de cinco décadas sin la ansiedad de la cronología —la película alterna con elegancia de transición y sin traumas estructurales los diferentes momentos históricos del personaje—, sin la necesidad acaparadora de los anales pero sí con la precisión contextual de los episodios que describe. Y sin embargo, es en esa minuciosidad que dicho relato de vocación oficial queda en entredicho, al sucumbir a la fragilidad de la memoria, a sus caprichosas reconstrucciones aliadas con el ego y a sus traiciones inesperadas. A diferencia de tantos y tantos biopics, “J. Edgar” no se limita a contar la historia —la de su protagonista, la de su contexto, la de todos—, sino que también se plantea desde el principio los mecanismos con que ésta se edifica y pone en duda su presupuesta legitimidad.

En el otro lado, la valentía de Eastwood al lanzarse a un ejercicio biográfico tan poco ortodoxo, se ve descompensada en los excesos emocionales que hacen explícito el amor de Hoover hacia su eterno ayudante Clyde Tolson —un insípido Armie Hammer—, hasta desembocar en un guiñolesco intercambio de afectos en la vejez que, con la ayuda de un poco afortunado maquillaje, acaba por derivar los momentos más dramáticos hacia los terrenos de la comedia involuntaria —por ejemplo, la escena en el hipódromo—. En todo caso, la interpretación de Leonardo DiCaprio, enrocada en la persistente paranoia y complejos del personaje, sostiene y salva de los momentos más críticos a una película tan irregular como seductora en su contraposición de los demonios internos de su protagonista con los del mundo y el tiempo que quiso modelar.
Calificación: 7/10
- Ficha completa de “J. Edgar”
- Carteles de “J. Edgar”
- Imágenes de “J. Edgar”
- Tráiler de “J. Edgar”
- Entrevista al director Clint Eastwood
- Entrevista al actor Leonardo DiCaprio
- Entrevista a la actriz Naomi Watts
- Entrevista al actor Armie Hammer
- Crítica (8/10) de “J. Edgar”, por José Arce
- Crítica (7/10) de “J. Edgar”, por Julio R. Chico
- Crítica (6/10) de “J. Edgar”, por Joaquín R. Fernández
- Reportaje: El poder en la sombra, por Jordi Revert
- Reportaje: De “Hoover” a “J. Edgar”, por Joaquín R. Fernández
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
Imágenes de “J. Edgar”, película distribuida por Warner Bros. Pictures International España © 2011 Warner Bros Pictures, Imagine Entertainment y Malpaso. Todos los derechos reservados.
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