Servidor jamás hubiese sospechado que acabaría rindiéndose ante una película protagonizada por Jean-Claude Van Damme. Sin embargo, tras visionar “JCVD”, no queda otra opción que quitarse el sombrero ante esta cinta en la que la otrora gran estrella del cine de acción, junto con nombres como Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger, demuestra que, digan lo que digan, es lo suficientemente valiente como para enfrentarse a su mayor rival posible: él mismo en la plena decadencia de su carrera como actor.

Porque es muy fácil hacer juegos metacinematográficos cuando la estrella homenajeada lo es desde el cénit de su carrera, y cuando se construye una ficción en la que no se hace más que remachar su condición de icono (experimentos del tipo “Cómo ser John Malkovich”). Otra cosa es lo que hace el protagonista de “Soldado universal”, mostrándose como un muñeco roto que ha dilapidado su fama y fortuna, perdido la custodia de su hija, acabado hundido en su adicción a las drogas y enfrentado al embargo de sus cuentas por el fisco. El Van Damme que aquí se nos presenta es incapaz incluso de lograr papeles de baja estofa porque se los roba su competidor Steven Seagal. Para colmo, al regresar a su Bélgica natal en busca de un suelo sobre el que empezar de nuevo, se ve involucrado en un atraco a una sucursal de correos del que la policía le hace responsable.
Lejos de juegos que ahuyenten al espectador menos informado, Mabrouk El Mechri logra intercalar diversos registros que impiden que nadie quede fuera de la película. Eso no quiere decir que ésta no nos reserve momentos inolvidables, como aquél en que Van Damme parece abandonar el escenario de rodaje para encararse directamente con el público (ese mismo que consiguió hacerle una estrella) para hablarle de por qué fue capaz de arruinar su sueño infantil de convertirse en astro de la pantalla para meterse en una vorágine que literalmente le destruyó. En ese momento, uno no puede evitar sentir cómo se le pone la piel de gallina al contemplar lo descarnado de una confesión que convierte al actor en uno de los personajes más humanos que en mucho tiempo hayan pasado por una pantalla de cine.

El Mechri consigue la justa distancia entre el homenaje y la revisión, entre un cariño nada disimulado hacia el personaje y, a pesar de ello, la muestra de su peor cara. Lo que es más importante: frente a la tendencia innata que todos tenemos a juzgar a quienes logran un estatus determinado, listos a caer sobre ellos al menor fallo o vacilación, nos lleva a darnos cuenta de que el material con el que están construidas esas glorias efímeras quizá no difiera tanto del nuestro propio. Y es que al final, un bruto cinematográfico como Van Damme también tiene unos padres que siguen creyendo en su hijo, y puede que no haya nada peor que un fan entregado que por haber visto todas sus películas se crea dueño y señor de la estrella.
En definitiva, nos encontramos ante una de las cintas más estimulantes que nos han llegado en los últimos meses y que, por desgracia o miopía de las distribuidoras, ha tenido un estreno poco menos que paupérrimo. Háganme caso: aunque les suponga una excursión, denle una oportunidad si de verdad están hartos de productos manidos y quieren ver algo fresco, nuevo y sincero.
Calificación: 8/10
En las imágenes: Fotogramas de “JCVD” – Copyright © 2008 Gaumont, Samsa Films, Artemis Productions y RTBF. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos reservados.
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