“Kika superbruja: El viaje a Mandolán” aporta algo más de orden narrativo que su predecesora, pero sigue siendo el mismo producto infantil tirando a infantiloide, aquí además con un gusto estético de lo más dudoso.
“Kika superbruja y el libro de hechizos” (Stefan Ruzowitzky, 2009), primera adaptación sobre los libros de Knister, dejaba poco margen de esperanza para creer en una potencial saga infantil nacida desde el mismo corazón de Europa y dispuesta a equipararse a grandes e/o incipientes sagas del fantástico con predilección por los jóvenes magos. Y no tanto por fundamentos ni presupuestos —la valía del material base para la creación de una franquicia es poco discutible—, sino por la falta de tacto a la hora de dirigirse a su público objetivo, el tono inmaduro e infantiloide que asumía casi de inmediato la ausencia de inteligencia del palco al que se dirigía. Dos años después, “Kika superbruja: El viaje a Mandolán” (ver tráiler y escenas) parece aún más fruto del éxito literario de Knister que de aquella primera adaptación al cine, si bien hay al menos aquí una voluntad algo más sólida de desmarcarse del fastidioso caos de aquella y reconducir la serie hacia derroteros igualmente tópicos, pero al menos, más ordenados.

Esta segunda entrega responde a la lógica de secuela que traslada la acción a parajes más exóticos, en este caso un ficticio Mandolán que se describe como una suerte de emirato caprichoso gobernado por un rey bufonesco y un pérfido visir que conspira sin mucho disimulo. Lo que gana esta continuación respecto a su anterior no se debe tanto al cambio de contexto sino seguramente a un cambio de realizador (Harald Sicheritz) que se esfuerza por hilar un relato más allá de las idas y venidas sin concierto que lacraban su predecesora. Más allá de eso, poco más se puede elogiar de una propuesta que sigue optando por el chiste simplón, los personajes caricaturescos y sin aristas, las subtramas del todo prescindibles —Elviruja/Pilar Bardem y sus desencuentros con un estirado camarero de hotel— y los previsibles lugares comunes que llevan a los protagonistas en volandas hasta la celebración final.

En todo caso, si por algo será recordada “Kika superbruja: El viaje a Mandolán” es, sin duda, por su incontenible horterismo y una temeraria paleta de colores que invita a imaginar un diseño de producción sumido en el despropósito y la falta de esmero. De hecho, en más de un momento y en más de dos, los festejos y bailes populares en Mandolán conseguirán implantar en el adulto acompañante la extraña sensación de haber sido transportado a una mala película de Bollywood. O, en su defecto, a una recargada verbena de urbanización que hace factible cualquier disparate estético en próximas aventuras de su protagonista.
Calificación: 5/10
- Ficha completa de “Kika superbruja: El viaje a Mandolán”
- Cartel de “Kika superbruja: El viaje a Mandolán”
- Imágenes de “Kika superbruja: El viaje a Mandolán”
- Tráiler de “Kika superbruja: El viaje a Mandolán”
- Escenas de “Kika superbruja: El viaje a Mandolán”
Imágenes de “Kika superbruja: El viaje a Mandolán”, película distribuida en España por Buena Vista International Spain © Blue Eyes y Trixter. Todos los derechos reservados.
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