Predecible en extremo, este subproducto sólo servirá para probar las habilidades cómicas de Forest Whitaker y Carlos Mencia. “La boda de mi familia” está repleta de chistes raciales de puerilidad suma y personajes cuya inmadurez lleva al pasmo.
El (sub)género pro nupcial sigue en vertiginosa caída libre, repetición de esquemas mediante y hacia la saturación del mercado (aún en cartelera la pavorosa “En la boda de mi hermana”) . “La boda de mi familia” no es una excepción y vuelve sobre el sobado tema de los suegros que hacen la vida imposible a sus futuras familias, eso sí, armado con un cargamento de chistes raciales (el enlace que es centro de la cinta unirá a una familia afroamericana y otra de inmigrantes mexicanos) propios de un guionista principiante, de puerilidad suma. La película de Rick Famuyiwa no encontrará la referencia, en cuestiones de sensibilidad racial, en la visceral “Adivina quién viene a cenar esta noche” (Stanley Kramer, 1967), pero tampoco su humor rendirá a costa de las vejaciones al sufrido novio, como en “Los padres de ella” (Jay Roach, 2000). Sus batallas entre consuegros abocados a la enemistad se deben, más bien, a la continuación de aquella, la decepcionante “Los padres de él” (Jay Roach, 2004). La desgraciada diferencia es que el filme de Famuyiwa ni siquiera necesita ser secuela para ostentar una flagrante falta de inventiva o pobreza en sus chistes.

En “La boda de mi familia” Forest Whitaker interpreta al padre del novio y Carlos Mencia, al de la novia. El primero, afamado locutor de radio, disfruta una vida poco ortodoxa, con varios fracasos sentimentales a sus espaldas y preferencia por jóvenes amantes. El segundo encabeza una familia de inmigrantes mexicanos en la que pesa y mucho la tradición. Ambos se convierten en inmediatos rivales, ambos se empeñan en decir la última palabra en una escalada de inmadurez que es la primera demostración de la incompetencia del libreto. No faltan ejemplos: uno de los chistes estrella (por reiterado, también) es una competición absurda por ver quién de los dos es el último en sentarse a la mesa; en otro pasaje, los dos padres rivalizan para demostrar quién canta mejor (y quién canta el último) los himnos que mejor representan a sus respectivas castas, estos son, el Negro National Black Song y México lindo y querido.

Predecible en extremo, este subproducto sólo servirá para probar las habilidades cómicas de sus enfrentados protagonistas. En esos menesteres, Mencia se demuestra más apto que un Whitaker que agota rostros de circunspección e indignación sin que sus esfuerzos se correspondan con una cantidad razonable de carcajadas. Sólo en los consabidos momentos de drama y reflexión previos al siempre feliz final permiten una cierta reconciliación con su talla de actor. Antes de que la conclusión nupcial venga a convencernos, con cierta verdad emocional, de la grandeza de un día de boda, del encanto de las congas improvisadas y de que hasta la más descreída de las solteras desea, en el fondo, atrapar al vuelo el ramo de la novia.
- Ficha completa de “La boda de mi familia”
- Fotos de “La boda de mi familia”
- Tráiler de “La boda de mi familia”
- Clips de “La boda de mi familia”
- Previa: Las familias de los novios, por J. Revert
- Noticias relacionadas con la película y el equipo
En las imágenes: Fotogramas de “La boda de mi familia” – Copyright © 2010 Fox Searchlight Pictures, Sneak Preview Entertainment y Edward Saxon. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
|
|
|

























































