Una suma de historias que establece su ordenación y trabazón con plena naturalidad y nula pretenciosidad. Wood triunfa renunciando al dramatismo desaforado o a enclavar sus relatos cruzados bajo los límites de un único género.
Es Santiago de Chile un escenario tan válido como lo pudieran ser Los Ángeles de “Crash (Colisión)” o el valle de San Fernando, en “Magnolia”. Es un gran teatro donde vidas aparentemente inconexas van a cruzarse de manera fortuita, decisiva, tangente. Un teatro cuya obra representada viene cargada de tantos temas como coordenadas constan cada una de esas vidas, tantos problemas como la incomunicación, la ambición, la falsedad, las buenas intenciones no correspondidas y las crueles ironías del destino. Asuntos a tratar más si cabe en la urbe, más si cabe en la gran metrópolis chilena, pero sobre todo asuntos de índole universal que Andrés Wood propone en “La buena vida”, en un hermoso juego altmaniano de almas entrecruzadas, en una humilde magnolia de pequeños triunfos residentes en su universalidad.
La película que ganara el Goya a Mejor Película Hispanoamericana en la última edición de los premios resulta afable y amarga, simpática y difícil, sencilla y bella. Es un drama social, pero también un mosaico de dramas y vicisitudes personales. Teresa (Aline Küppenheim) da consejos a un grupo de prostitutas para evitar contagios y embarazos, pero es incapaz de tutelar sexualmente a su hija adolescente, Paula (Manuela Martelli). Mario (Eduardo Paxeco) ambiciona entrar en la Filarmónica, y el resentimiento puede más que todo lo que vendrá después. Edmundo (Roberto Farías) aún vive con su madre, pero es incapaz de reconciliar la memoria de su padre o consolidar una relación con Esmeralda (Manuela Oyarzún). Patricia (Paula Sotelo) es un nexo trágico que supone también apertura y brillante cierre de la narración, un personaje que nunca quiere ser ayudado y que más se puede llegar a intuir que a conocer. La coralidad aquí proporciona una serie de historias mínimas para componer una panorámica urbana y contemporánea de miedos, inseguridades y fracasos sentimentales. Triunfa renunciando tanto a cualquier dramatismo desaforado como a la narrativa más minimalista. Wood nunca decide enclavar sus relatos cruzados bajo los límites férreos de un único género, y tanto nos encontramos ante una comedia con sabor amargo como un drama dulcificado, tan pronto nos salpica de inesperado humor negro como de un pasaje de sitcom de andar por casa, y hasta una escena en la peluquería rayana en lo almodovariano.
“La buena vida” nunca se ganará al espectador con la ciclónica fuerza dramática de Paul Thomas Anderson, nunca tendrá una vocación de gran ópera de posturas tragicómicas. Más bien será una suma de historias no tan alejadas de la realidad que establece su ordenación y trabazón con plena naturalidad y nula pretenciosidad. Si acaso, lo máximo que se permite es un detalle tan delicioso como la novela que Paula escribe, a la que la silenciosa adolescente llamará “La buena vida”. El pequeño juego metaficcional introducido por Wood permite sugerir que estamos asistiendo a un relato en proceso de creación, de la mano de la existencia de los personajes que lo conforman. Así que cuando Teresa lea el texto de su hija y le pregunte cómo acabará, sólo una respuesta será posible: no lo sabe. Así es como Wood, con los menos alardes posibles y toda la sensibilidad y mesura de las que puede presumir, alcanza los logros de una obra de actores bien orquestados y estampas de vida más o menos cautivadoras. Razones suficientes para disfrutarla y reivindicar una mayor asiduidad del cine chileno en nuestras salas.
- Más información sobre “La buena vida”
- Fotos de “La buena vida” (20)
- Goya a Mejor Película Hispanoamericana
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
En las imágenes: Fotogramas de “La buena vida” – Copyright © 2007 Andrés Wood Producciones, DB Cine, Tornasol Films, Paraíso Production y Chilefilms. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.
|
|
|
AVISO: Su publicación no es inmediata, los comentarios están sujetos a moderación. La opinión de cada comentarista es personal y no tiene por qué coincidir necesariamente con la de los responsables de esta web.
Simplemente una película fresca,donde se destaca el componente humano en la construccion de los personajes.
Es una visión del Chile del hoy, con frustraciones del pasado, con ganas de vivir un mejor despertar. Y en la continua busqueda del amor, de la independencia del ser.
solo un aplauso
a todo wood
Y aline increible
Andres Wood tiene una especial manera de ver la vida de las personas que viven en una urbe tan grande pero a la vez tan pequeña en cuanto a las historias que tocan su gente… a mi parecer es una de las mejores peliculas que se hayan visto en mi pais (soy chileno). tal como dice la critica mas arriba, es una historia a lo Crash de paul haggis pero de un modo chilensis y con la idiosincracia de una sociedad como la nuestra… Antes ya habiamos visto algo del talento de Wood en Machuca y su particular manera de tratar el golpe de 1973 vista a travez de los ojos de dos niños tan distintos como las posturas politicas de aquel entonces pero unidos por un sentimiento de amistad. En resumen una gran pelicula



























































