Su punto débil radica en unos personajes que no siempre transmiten toda la fuerza que cabría esperar. Es en el momento en el que busca trascender lo particular para convertirse en lo general cuando la propuesta ofrece más debilidad.
El tema de la situación en el País Vasco es de los que duelen, y quizá por eso resulta tan difícil para nuestro cine abordarlo de una manera que esté a la altura del reto. La temporada pasada fuimos muchos los que nos quedamos decepcionados con la aportación de Manuel Gutiérrez Aragón, “Todos estamos invitados”, y quienes consideramos que la apuesta estética se terminaba comiendo por completo la intención de disección del problema que pudiera albergar “Tiro en la cabeza”, de Jaime Rosales. Precisamente en el último Festival de San Sebastián, y coincidiendo con esta última, se presentó “La casa de mi padre”, la ópera prima de Gorka Merchán, una apuesta que, a pesar de no carecer de alicientes, no sale indemne de los riesgos del envite. Pero hay que reconocer, de entrada, que se respira más verdad en su propuesta que en los dos ejemplos citados en primer lugar.
Porque los puntos fuertes de la película residen en la verdad que se palpa en las escenas más cotidianas, que el director sabe transmitir con la conciencia de quien vive allí y las ha presenciado. Eso, para empezar, le distancia de la impostura que transmitía, por ejemplo, la cinta de Gutiérrez Aragón. Momentos como los de la concentración frente a la casa del periodista interpretado por Álex Angulo o el incendio del autobús en un ataque de kale borroka (con el detalle de los pasajeros desalojados presenciándolo o grabándolo con su móvil, con una actitud que parece más festiva que otra cosa) logran llevar al conflicto a su perspectiva más de calle, más cotidiana, una que podemos comprender mejor que la que nos ofrecen cada día los medios de comunicación.
El punto débil, sin embargo, radica en unos personajes que no siempre transmiten toda la fuerza que cabría esperar. La intención de explicar el conflicto lleva a que prácticamente todos los que pasan por la pantalla representen una postura, una actitud y, por extensión, el pensamiento de un sector de la población ante lo que sucede. Así, el personaje de Carmelo Gómez ofrecería la mirada de los que tuvieron que irse por la insoportable presión de la amenaza y vuelven con la intención de recuperar sus raíces; su mujer (Emma Suárez), la de quien en el fondo nunca logró recuperarse de la experiencia de sentirse perseguida por los que deberían ser los suyos; la hija (Verónica Echegui), crecida al otro lado del océano, la de quien, desde la inocencia, cree que todo puede solucionarse simplemente con que todos dejen de matarse; y la de Juan José Ballesta, la del chico, en el fondo de buen corazón, que se ve atraído por el lado oscuro de la violencia más por motivos personales que verdaderamente ideológicos… Y así, hasta completar todo el reparto.
En principio, nada que objetar, si no fuera porque, en ocasiones, la trama y el dibujo de los personajes parecen excesivamente forzados, para que así ocupen su lugar en la visión totalizadora que pretende ser “La casa de mi padre”. Y es en el momento en el que busca trascender lo particular para convertirse en lo general cuando la propuesta ofrece más debilidad. Aquí no hay momentos bochornosos como el de la playa de “Todos estamos invitados”, pero sí alguno tan poco creíble como el del CD de Mikel Erentxun y Amaia Montero que Verónica Echegui encuentra en la discoteca de un local entregado a lo radical (tanto en lo musical como en lo ideológico). A pesar de ello, la película despierta simpatía por la evidente honradez con la que es elaborada, y en todo caso nadie podrá negar que propuestas como esta, aunque imperfectas, son realmente necesarias, un adjetivo del que se abusa en demasiadas ocasiones.
- Más información sobre “La casa de mi padre”
- Fotos de “La casa de mi padre” (20)
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
En las imágenes: Fotogramas de “La casa de mi padre” – Copyright © 2008 Monfort Producciones, Media Films, Videntia Frames y ETB. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.
|
|
|
AVISO: Su publicación no es inmediata, los comentarios están sujetos a moderación. La opinión de cada comentarista es personal y no tiene por qué coincidir necesariamente con la de los responsables de esta web.
me parece que la historia esta es exagerada y esto no es asi..todo es mas complejo… y no tan simplon como parece… y respecto a lo del terrorismo ahy dos mundos muy diferentes.. y una vez que cada una de las partes entienda el dolor que hay en el otro lado esto se terminara…
Castañazo como muchas tantas otras que se hacen por estas tierras con carnet en la boca y sin buenos proyectos bajo el brazo. Asi nos va
Estoy de acuerdo con los dos en esa sensación de realidad que transmite la película, eso es lo mejor. Y también en que tendría que verla más gente, a pesar de sus imperfecciones.
Un saludo!
Tampoco soy un crítico de cine…pero “La casa de mi padre” me conmovió. Muestra una realidad que aquí en Euskadi es la que es. Hay fallos. Pero el fondo de la peli es impresionante y el nudo en la garganta con el que sales del cine tan real como la vida misma. Coincido con el comentario anteror: debería verla más gente…
No soy crítica de cine ni una estudiosa del mismo, voy a menudo y sólo puedo decir que hay películas que me aburren, otras que me parecen irreales, otras tremendistas, otras que me gustan.Que no se me hace largo el tiempo que paso sentada, pues éso me pasó con La casa de mi padre, me encantó y al final quedé sin palabras.Quizá porque vivo aquí, en el País Vasco y presenta una realidad que vivo día a día y quizá hasta más dura Debería verse por mucha gente y en muchas partes




























































