“La última estación” es un buen intento por recuperar aquellas producciones de repartos inabarcables y pasiones reales e históricas desaforadas. Una lúcida reconstrucción de época con un reparto en estado de gracia.
¿Qué tienen los clásicos rusos que nos atrae tanto? ¿Su visión tan intensa de la vida, su forma de afrontar las contradicciones de la clase burguesa y de combinar el anhelo de libertad con las obligaciones del día a día? Desde luego, una cosa es cierta: cuando las novelas históricas, que sitúan tramas domésticas en el marco de los grandes terremotos políticos y sociales, caen por centenares sobre las mesas de novedades de las librerías, un hecho permanece incuestionable, el de que difícilmente cualquiera de ellas puede medirse con “Guerra y paz”. Y casi puede decirse lo mismo de las grandes superproducciones que, en una época gloriosa y pasada de Hollywood, bucearon en sus páginas: para algunos dinosaurios, para otros inolvidables, en todo caso difícilmente volverá aquellas “Doctor Zhivago” (David Lean, 1965), “Guerra y paz” (King Vidor, 1956) o “Nicolás y Alejandra” (Franklin J. Schaffner, 1971) (vale, no son homologables en cuanto a calidad, pero sí en cuanto a su representatividad como muestras de un tipo de cine monumental).

“La última estación” es el mejor intento que ha llegado a nuestras pantallas por recuperar aquellas producciones de repartos inabarcables (en número, contundencia y calidad) y pasiones reales e históricas desaforadas. Eso sí, que sea el mejor no quiere decir que esté a la altura de sus referentes, pero hay que reconocer que, sin alcanzar el nivel que cabría esperar, al menos sí ofrece suficientes atractivos para cualquier amante del cine. En primer lugar, porque la historia (los últimos días de un Tolstói algo alucinado, cabeza visible de una especie de secta que le tiene por un nuevo Jesucristo, y los enfrentamientos entre sus seguidores y su esposa por el legado económico y cultural del gigante) da pie para abordar numerosos temas, a cada cual más intenso: las broncas entre el matrimonio ante los ojos atentos de la incipiente prensa del corazón, un último vistazo a un mundo, el de la Rusia de los zares, ya herido de muerte; y la posibilidad de recrear la vista en las siempre muy lúcidas reconstrucciones de época.

Si a todo eso le añadimos un reparto en estado de gracia (Christopher Plummer como Tolstói, Helen Mirren como su esposa, James McAvoy como el joven e ingenuo secretario personal del autor de “Ana Karenina” y un siempre perfecto Paul Giamatti como Vladimir Chertkov, el líder, más papista que el papa, de la nueva secta de los tolstoianos), tendremos motivos más que suficientes para acercarnos al cine.

Lástima que, a pesar de la corrección formal de la cinta, o precisamente por ello, terminemos con la sensación de que una historia tan grande podría haber dado pie a una plasmación cinematográfica no menos grande. Sin embargo, la película de Michael Hoffman se queda sólo unos pocos peldaños por encima del telefilme de sobremesa, con un guión demasiado previsible y que hace que alguno de los personajes, que al parecer existió de verdad, parezca más un invento incrustado en la trama para hacerla avanzar. Pero si a cambio asistimos en tramos como el del final, a los duelos interpretativos entre Giamatti y Mirren, o a un Cristopher Plummer disfrutando de un personaje a la altura de su fama, le disculparemos el resto de los puntos débiles. Al fin y al cabo, hace ya tanto tiempo de las películas que le sirven de referencia que nos será más fácil obviar el hecho de que el resultado está más cerca de “Nicolás y Alejandra” que de “Doctor Zhivago”. Será por la falta de costumbre.
- Ficha completa de “La última estación”
- Fotos de “La última estación”
- Tráiler de “La última estación”
- Crítica (8/10): Todo lo que sé…, por J. Arce
- Previa: Los últimos días de Léon Tolstói, por J. Revert
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
En las imágenes: Escenas de “La última estación” – Copyright © 2009 Egoli Tossell Film Halle, Zephyr Films, The Andrei Konchalovsky Production Center y SamFilm Produktion. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.
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A mi me parece que es una e las mejores peliculas de este año. Para mi, una pelicula se debeb basar en el trabajo de sus actores, y esta cubre con creces las expectativas. Los 4 actores principales estan perfectos y la señora Mcavoy demuestra que deberia tener mas papeles fuera de su pais natal porque siempre esta perfecta.
Aparte de que la fotografia deja mucho que desear, en mi opinion. Suelo fijarme en la calidad de las imágenes, puesto que de cine se trata y esto me parece bastante importante, y esta cinta la vi con unos colores bastante mediocres, al menos en el cine que la vi yo.
Hola, jose
sí, yo también coincido en que la historia de los jóvenes es floja, y eso repercute en la cinta. A mí sí que me gustan Plummer y la Mirren, pero insisto en que me quedo, sobre todo, con Giamatti, porque además me parece un papel que no ofrece tantas posibilidades de lucimiento como el de ellos. Y aun así, lo borda.
Un saludo!
Que tal?
He visto hoy esta pelicula y me he quedado con un sabor de boca regular. No me ha parecido creible el papel de Lev Tolstoi y no me ha gustado el Plumer por tanto. La mujer sí, aunque quizas algo histérica.
Se acompaña de una relación de dos polluelos más jovenes para que no agobie demasiado, supongo, el peso de los años al espectador.
Mi calificación no pasaria del 5 entre 10.
Soy un adicto a las historias del gran Tolstoi y ver esta película no ha significado que haya simpatizado mucho con el argumento, aunque la peli deja ver que el amor entre los condes es a prueba de todo, a pesar de lo que pueda parecer.
saludos.

























































