Otra hija pequeña de “Shaun of the dead”, con nueva pareja de colegas rodeados de criaturas del averno, vampiras sexys en este caso. Poca referencia de género, carne voluptuosa y humor efectivo como para garantizar un buen rato.
Jimmy (Matthew Horne) ha sido abandonado por su novia… otra vez. Harto de una situación que se repite constantemente, decide emprender una aventura con su mejor amigo, Fletch (James Corden). Pronto se verán envueltos en un conflicto de consecuencias imprevisibles cuando den con sus huesos en un pueblo acosado por una maldición milenaria. “Lesbian vampire killers” nace de la unión, más acertada de lo habitual, de humor y género palomitero pero facilón a la larguísima sombra de la ya clásica y cuasi seminal “Shaun of the dead” ─me niego a reproducir el terrible título con el que fuimos castigados en nuestro país, una vez más─, todo ello rebozado voluminosamente con considerables dosis de carne femenina, un manjar siempre dispuesto a animar a un palco masculino insaciable y hormonalmente megavitaminado. El resultado, por lo que al circuito festivalero respecta, ha sido contundente: Premio del Público en la XX Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

Si bien queda considerablemente alejada en sus méritos de la genial propuesta del dúo Pegg/Wright, es justo reconocer que se trata de una producción cuidada en lo visual, repleta de chistes y chascarrillos de manera casi continuada pero efectiva, rápida en su desarrollo y con un pulso narrativo sostenido durante buena parte del metraje por parte de Phil Claydon. Sin embargo, escasea el aluvión referencial que sería deseable, de suerte que, por curioso que pueda resultar, hallamos una propuesta de género cuyos límites están cogidos por los pelos, que no cala totalmente como homenaje al aficionado y a los grandes títulos convertidos ya en obsesiones de cabecera para todos nosotros. A pesar de la exuberancia del elenco femenino ─bautizado con nombres exóticos y sugerentes como Lotte, Anke, Eva o Carmilla─, la desnudez explícita es inexistente, del mismo modo que se oculta tramposamente la violencia más salvaje y descerebrada sustituyendo la sangre por una suerte de líquido blanco que supura de las asesinas de afilados colmillos y actitudes amenazantes pero tontorronas.

La pareja central funciona en conjunto sobradamente como para ganarse las simpatías del respetable, con especial mención para James Corden, que desempeña su rol con encono, sumido en los clichés que se le presuponen como “amigo gordito” de la figura desencadenante de la historia, el simpáticamente alelado Matthew Horne. A medida que los acontecimientos se desarrollan, las bazas del guión se agotan y los golpetazos de humor van perdiendo efectividad por lo reiterativo, a pesar de que la puesta en escena no cede en celeridad y dinamismo en ningún momento. Un ejercicio pasajero de catarsis cinematográfica, serie B de pegote y en estado impuro que ofrece sin reparos un rato de diversión sin pretensiones, que no deja del todo indiferente durante su visionado pero que no empapa la retina con suficiente energía como para merecer entrar a formar parte del Olimpo de las comedias terroríficas y horripilosas.
En las imágenes: Fotogramas de “Lesbian vampire killers” © 2009 Alliance Films, Momentum Pictures, Velvet Bite y AV Pictures. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.
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