“Los descendientes” es una película cuidada, brillante y adulta, que cuenta con un guión sublime. George Clooney brilla con luz propia en un papel exigente y el director Alexander Payne se consagra como uno de los grandes.
Dentro del cine de narrativa convencional, podemos distinguir entre el cine de historias y el cine de personajes. No es que el primero no nos presente personajes, o que el segundo no nos cuente historias, pero sí que se puede apreciar, en el contexto de esa diferenciación y a grandes rasgos, la primacía de uno u otro elemento como eje articulador de la obra. Desde esa perspectiva, es evidente que una cinta como “Los descendientes” (ver tráiler y escenas) se trata de una película de personajes —o, para ser más precisos, de personaje—.

Nuestro hombre es Matt King. Un hombre sencillo y austero, con una existencia rutinaria. Abogado residente en Hawai, casado —aunque su matrimonio se halle en horas bajas, aquejado de un distanciamiento más fruto del tiempo pasado que de episodios de ruptura—, con dos hijas de las que sabe poco —poco se relaciona con ellas—, y responsable fiduciario de la administración de unos terrenos correspondientes a una inmensa herencia de sus antepasados, la misma que le permite mantener un nivel de vida notablemente acomodado, y sobre la cual, a consecuencia de la presión del resto de sus familiares, debe adoptar una decisión definitiva. Pero sobreviene un grave suceso en el ámbito familiar que trastoca por completo ese cuadro de situación, y que obliga a King a ocuparse —y preocuparse— por una serie de cuestiones a las que, hasta ese momento, había prestado poca o nula atención, dando pie a un proceso catártico de resultado incierto.

Alexander Payne, como ya hiciera con la magnífica “A propósito de Schmidt” (2002) —un filme de premisa argumental de evidentes concomitancias con el que nos ocupa—, nos vuelve a ofrecer el retrato de un hombre común sometido a circunstancias poco comunes. Un ejercicio narrativo que, si no hila con soltura sus cuitas y vericuetos, corre el peligro de despeñarse por el barranco del aburrimiento —por irrelevancia o insustancialidad—; un riesgo que, como ya hiciera en aquella, vuelve a conjurar en “Los descendientes”, con el concurso de dos instrumentos de tremenda eficacia: un guión sublime y un intérprete majestuoso.

De las bondades de un guión como el de “Los descendientes” da buena medida el hecho de que, a diferencia de tantas cintas fallidas, su desarrollo de la trama, a medida que concreta y solventa las diferentes líneas argumentales, gana consistencia y empaque para componer un fresco que, visto en panorámica, cobra pleno sentido y da razón de ser a todos y cada uno de sus personajes y situaciones. ¿Un golpe de genialidad? Lo dudo; más bien, un trabajo meticuloso de construcción y depuración, con el que los autores del texto consiguen, sin hacer proclamas morales explícitas ni alejarse de modos narrativos convencionales, un material cálido, humano y relevante.

En cuanto al intérprete, ¿qué decir del trabajo de un George Clooney que con su presencia continua en pantalla asume la conducción “física” de una historia plagada de recovecos sentimentales? Pues que lo hace con la brillantez que solo pueden exhibir los grandes, con una gama de registros tan variada como contenida. Su personaje es un hombre tranquilo, sin grandes pasiones, pero al que los acontecimientos llevan a un abanico de emociones que abarcan desde la estupefacción al dolor, pasando por la rabia, la incomprensión o la duda; y todos ellos, desde los más intensamente dramáticos hasta aquellos en que roza lo grotesco, los cubre con solvencia, credibilidad y profundidad.

Propuesta cuidada, brillante y adulta, un filme como “Los descendientes” es una bendición para una cartelera. Una película que consagra a Payne —si es que no cabía considerarlo así ya previamente— como un gran director y que, sobre todo, eleva a Clooney a un estatus interpretativo que va más allá de la condición de estelar.
Calificación: 8/10
- Ficha completa de “Los descendientes”
- Cartel de “Los descendientes”
- Imágenes de “Los descendientes”
- Tráiler de “Los descendientes”
- Escenas de “Los descendientes”
- Cómo se hizo “Los descendientes”
- Entrevista al director Alexander Payne
- Entrevista a George Clooney y Alexander Payne
- Crítica (7/10) de “Los descendientes”, por José Arce
- Crítica (7/10) de “Los descendientes”, por Joaquín R. Fernández
- Crítica (8/10) de “Los descendientes”, por Jordi Revert
- Reportaje sobre “Los descendientes”, por Jordi Revert
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
Imágenes de “Los descendientes”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2011 Fox Searchlight Pictures y Ad Hominem Enterprises. Todos los derechos reservados.
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Caramba, Titajú, cuatro de cuatro (coincidencias…): más, imposible. De acuerdo en los dos ‘positivos’ (Clooney y la peli); basta con leer el texto de la crítica para constatarlo, me han encantado tanto el uno como la otra. Y también de acuerdo con los dos ‘negativos’: los apuntes musicales, esas pequeñas codas melódicas que puntean todas las secuencias, constituyen un subrayado emotivo totalmente innecesario (por redundante: las imágenes y los diálogos ya generan intensidad emocional más que suficiente…); y en cuanto a la voz de la hija mayor (doy por sentado que, como yo, y por desgracia, viste una copia doblada), mejor me reservo la opinión, mejor…
Un abrazo y gracias por comentar.
Me encantó la película, y cuando salí, decidí que George no merecía sólo un óscar; además, alguien debería pagarle vacaciones a ese pobre chico
Por ponerle alguna pega, diré que no me gustó la banda sonora (me cansa), y la voz de la hija mayor me poner nerviosa.
Por lo demás, un diez.
Muchísimas gracias, Izaskun, por tus palabras, tan cariñosas como estimulantes. Ciertamente, es una peli muy hermosa y que, como bien apuntas, está disfrutando de un éxito de público espectacular (la sala donde la vi yo también estaba en esas mismas condiciones; lleno absoluto…). Ojalá propuestas como ésta cundan en la cartelera.
Un abrazo y hasta pronto.
Ayer pude ver esta preciosa película, Manuel, en una sala repleta en la que tuve que sentarme pegadita a la pared. Disfruté las dos horas de una película que aborda con delicada suavidad temas muy duros.
Felicidades por tu crítica, perfecta y totalmente acertada.
Un abrazo
























































