“Louise-Michel” es una comedia negrísima y ensimismada en su propia extravagancia. Su mejor argumento es su talento para el gag visual y para diseñar personajes y situaciones propios de los hermanos Coen más salvajes.
El comienzo (literalmente) incendiario de “Louise-Michel” pone en aviso: esta es una comedia negra, negrísima que se ensaña a costa de esquemas sociales, clasistas y laborales, a menudo desfasados (el movimiento obrero, para empezar). El prólogo en el crematorio, silencioso (a excepción de esa versión descacharrada de la Internacional) y meticuloso en la forma en que cada ruido y mirada estupefacta diseñan el humor salvaje, es digno de los Coen más inspirados y con pocas ganas de hacer amigos. Gustave de Kervern y Benoît Delépine anuncian con él una vocación por descolocar que se extenderá hasta las últimas consecuencias, sustento de una cinta que mina siempre la corrección política y que acaba por establecer una cierta épica del desconcierto.

Define, también, ese primer pasaje, el encuadre fijo y composición del plano como instrumentos predilectos para desarmar al espectador: el plano y contraplano de enterrador y allegados del difunto establecen, en su relación, la primera dosis del preciso humor visual de De Kervern-Delépine; poco después, en un bar, el ángulo de la cámara permite tanto el gag que surge del contracampo (el televisor que muestra a un zorro con peluca) como el detalle al fondo que propicia el fortuito encuentro de los dos personajes titulares (Michel [Bouli Lanners] pasa frente a la puerta del bar y se le cae el arma, por lo que Louise [Yolande Moreau] corre a avisarle); en otro momento, ejemplo prodigioso de comedia en la simetría, Michel intenta discernir a su prima entre dos enfermas terminales en la habitación de un hospital. Los tres casos apuntan a la misma conclusión: el talento mayor de esta particularísima comedia pasa por parir irreverencia a raudales dentro de las (muy disfrutables) limitaciones del campo.

Si no fuera porque su declarado gusto por la extravagancia alcanza peligrosos niveles de ensimismamiento y/o retorcimiento (el chiste de la clave de entrada al hotel), estaríamos hablando de la comedia con comentario social más estimulante de los últimos tiempos. Puede que “Louise-Michel” se guste demasiado en su extrañeza, pero bajo su bizarrismo desatado habla de alienación social a través de freaks de factura coeniana y con excelentes actores, propone medidas drásticas ante los estragos de la crisis (el final podría ser una reinvención magnífica y en tres o cuatro planos del asalto a la mansión en “El precio del poder [Scarface]“) y aborda cuestiones de transgénero, papanatismo ecológico, enfermedad o moral sin despeinarse y con indiscriminada mala leche.
En las imágenes: Fotogramas de “Louise-Michel” – Copyright © 2008 MNP Entreprise, No Money Production y Arte France Cinéma. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.
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