“Lourdes” es una propuesta austera en lo formal, con predilección por el plano fijo, una narrativa despojada de lo accesorio y una puesta en escena sin artificio. Interpretaciones tan contenidas como frías, con una destacada Sylvie Testud.
Lourdes es por antonomasia el lugar del milagro, y a él se encaminan todos aquellos que sienten alguna necesidad o enfermedad, principalmente de carácter físico. La fe les lleva a pedir a la Virgen que les sane, también empujados por experiencias ajenas que querrían para sí. Constantes peregrinaciones alentadas por una religiosidad popular que convive con complejas actitudes donde lo humano se mezcla con lo divino, siempre con la esperanza de ser un poco más felices. Allá se dirige también Jessica Hausner, que con su cámara se suma a un grupo de peregrinos para detenerse con Christine, una joven a quien la esclerosis múltiple la ha postrado en una silla de ruedas. Ella no es muy creyente y le gustan más las salidas culturales, pero necesita encontrar el sentido a la vida y tiene una enfermedad en el corazón que le duele más que la parálisis que sufre.

En “Lourdes”, la directora austriaca mira con respeto a quienes se mueven por su fe y creen en el milagro, pero su objetivo se adentra en los personajes para escrutar otras enfermedades del alma que poco tienen que ver con su relación con Dios. En esa aproximación al individuo de la calle realiza un admirable retrato de personajes, sutil, realista y tremendamente humano, donde la amistad y la necesidad de sentirse útil —magistral la compañera de habitación, sin que tercie una palabra entre ellas— coexisten con la envidia y la amargura, y donde la fe de unos choca con el escepticismo de otros, o el hambre de afecto se mezcla con otros sentimientos más interesados y superficiales. Una galería de secundarios perfectamente dibujados, a veces con breves trazos como en el caso de las dos amigas chismosas, del policía descreído o del anciano amargado que parece alegrarse cuando la duda del milagro se instala tras el baile y caída de Christine. También resulta muy interesante el personaje de Cécile, la estricta y perfecta enfermera que esconde más de un deseo reprimido, así como algún misterio que acabará saliendo a flote.

Y es que Hausner consigue penetrar en el alma de todos ellos para, delicadamente, mostrar sus anhelos y mezquindades, su soledad y necesidad de cariño, su débil fe y su deseo de creer. No estamos ante una película religiosa destinada a un público creyente, aunque el marco y los interrogantes acerca de Dios y su arbitrariedad apunten en esa dirección. Más bien asistimos a una mirada contemplativa y comprensiva con la condición humana, que deja libre al espectador sin tratar de explicarle los misterios de la vida ni la doctrina cristiana sobre el dolor, donde el principal milagro —al margen del desenlace de la curación física— se da en el corazón de quien ha aprendido a quererse como es y a buscar ahí esa felicidad efímera y escurridiza, en un magnífico plano final que hace que toda la película cobre sentido y merezca la pena.

Austeridad formal con predilección por el plano fijo, con una narrativa despojada de lo accesorio y una puesta en escena sin artificio. Se evita cualquier elemento que distorsione esa realidad interior, con lo que la película adquiere un tono documental y la cámara se sitúa en un discreto segundo plano para no hacerse notar, donde no hay música extradiegética que reclame el sentimiento, y donde las interpretaciones son tan contenidas como frías, a destacar una Sylvie Testud de mirada franca y atractiva naturalidad. Una película extremadamente delicada e intimista, honesta —se aprecia un sincero esfuerzo por entender el sentido del dolor— y sin concesiones, con una historia mínima y de gran hondura, con un despojamiento y desnudez formal penetrantes en el alma de unos enfermos de desamor que acuden a Lourdes en busca de milagros para el cuerpo, pero también para el alma.
En las imágenes: Fotogramas de “Lourdes” – Copyright © 2009 Coop99, Essential, Parisienne de Productions y Thermidor. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.
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[...] y mentiras arriesgadas de un político que quiere que le laven la imagen con unas memorias; “Lourdes”, excelente película sobre la salud del cuerpo y la paz del alma de una mujer que peregrina en [...]
[...] en la estepa kazaja – Welcome, de Philippe Lioret: el amor no conoce fronteras ni razas – Lourdes, de Jessica Hausner: el profundo milagro interior de una mujer sola – Yuki y Nina, de Nobuhiro Suwa [...]
Ä la película, que fui a ver por la buena crítica que le ponían, le faltan emociones y le sobra dcoumental. Los dibujos de les personajes los encuentro demasiado leves y le falta un poco de interés durante el transcurso de la proyección. Parecía, durante muchos minutos, que era un programa del canal Historia porque la directora ni valoraba ni juzgaba, simplemente mostraba.
He encontrado la película muy interesante, no en la línea de reflexión sobre la fe y la trascendencia sino como un cruce entre Buñuel y Tati con esa mezcla de humor y deseo reprimido.
La película es interesante, hasta cierto punto, puesto que pone al descubierto las miserias humanas: ante una situación dura, falta de salud, dependencia de los otros, imposibilidad de llevar una vida normal… el ser humano recurre a la fe, a los milagros y a cualquier cosa que le dé una mínima esperanza. Ahora bien, igualmente a la película le falta profundizar en los personajes, carencia que suple mostrando la cueva de Lourdes hasta la saciedad. Bien es cierto que plantea algunas preguntas inquietantes, pero que luego no continua ni responde: “¿Por qué he tenido que enfermar yo y no otro?” “Dios, ¿es misericordioso o todopoderoso?” “¿Por qué se curan unas personas y no otras?” A las que cabría añadir si todavía, en el mundo de hoy, es posible que haya milagros. La película parece decantarse por una solución negativa: la “curación” no es sino una leve mejoría que, con el tiempo, vuelve a sus orígenes.
Por supuesto tampoco en el film se analiza el papel de la Iglesia y el trasfondo, de negocio o de esperanza, o de todo al mismo tiempo, que hay en Lourdes. Es una película, pues, que se queda a medias de todo, y que ha sido sobrevalorada. Nunca llegamos al meollo de los personajes. Se echa de menos a estos, y sobran algunas cuantas estancias en la Gruta. Estamos muy lejos de las películas de Bergman o de Dreyer.
[...] ver dramas humanos con la enfermedad actuando de catalizador y revulsivo hemos de acudir a “Lourdes”, una gran película en torno a la fe y la envidia pero también a la soledad y a la necesidad de [...]

























































