“Marmaduke” vacía de todo sentido y humor original las viñetas de Brad Anderson para reemplazarlas por la más ínfima comedia familiar de sobremesa. Exenta de originalidad y personalidad, sólo satisfará al público infantil.
En su crítica de “Marmaduke”, alaba Roger Ebert la personalidad del afable perro de las viñetas originales de Brad Anderson (casi al nivel de Garfield, dice), para luego preguntarse si adaptarlo al cine en una comedia de animales parlantes no es el primer paso para perder esa personalidad. Da en el clavo. El gran danés se presenta en las tiras como un animal jovial e incontrolable, a menudo junto a su amo Phil en deliciosas escenas donde la comedia se sintetiza en la homologación de comportamientos entre humano y animal, o en las situaciones que propicia el físico enorme del cánido. Su versión cinematográfica, en cambio, olvida todo esto para ajustarse a los lugares comunes del siempre temible subgénero animalesco.

Si “Garfield: La película” (Peter Hewitt, 2004) anuló y hasta denigró las excelsas viñetas de Jim Davis, “Marmaduke” hace lo propio con las de Anderson, vaciándolas de todo sentido y humor original para reemplazarlas por la más ínfima comedia familiar de sobremesa. Es fácil, y perfectamente válido, hacer hablar a un animal en la pantalla como reclamo para un público infantil. Tanto como innecesario recurrir a un referente cultural para tal propósito. Convertir a Marmaduke en instrumento para explicitar la enésima dicotomía entre vida familiar y profesional, para ser uno más de los sucesores de “Beethoven: uno más en la familia” (Brian Levant, 1992), es, en cierto modo, como desdeñar el desencanto encapsulado de los “Peanuts” de Charles Schulz para hacer de Charlie Brown un revoltoso y desatendido niño en busca de amor parental.

Quizá lo más plausible de “Marmaduke” sea su intento (tímido, insuficiente) de transponer la comedia de instituto al ámbito canino (la presentación en el parque de las distintas bandas). Sin embargo, la general falta de astucia del producto hace que esta sólo sea una sugerencia mal explotada y que, al final, sean los previsibles chascarrillos de baja estofa («caen chuchos de punta», dice uno de los perros) los que acaben por imponerse de manera indeleble en el no menos previsible esquema (cambio en la vida familiar, crisis de la unidad y restauración). Quizá los más pequeños disfruten pese a su escasa originalidad o pasen por alto la pobre factura de sus efectos visuales, delatada en los bailes de Marmaduke o en una ola digna del más barato telefilme de catástrofes. Pero seguramente sus mayores acompañantes seguirán anhelando un cine familiar capaz de dirigirse a todos con alguna inteligencia, de mostrar algún respeto por la apreciada fuente.
En las imágenes: Fotogramas de “Marmaduke” – Copyright © 2010 20th Century Fox, Davis Entertainment, Intrigue y Regency Enterprises. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
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