“Más allá de la duda” es la obra de un artesano capaz de aceptar las reglas de los géneros para despachar productos acordes a las expectativas de los estudios. Peter Hyams juega a ser Sidney Lumet, sin sorprender ni brillar.
¿Peter Hyams jugando a ser Sidney Lumet? Algo así, porque desde luego este remake de “Más allá de la duda”, la película original rodada por Fritz Lang en 1956, recuerda más al veteranísimo director de “Antes que el Diablo sepa que has muerto” que al clásico alemán. Y no parece una decisión casual, pues todos los detalles (desde la composición de los planos, la música o el montaje) parecen remitirnos a una forma de narrar ya desterrada de los usos habituales en el cine. Una narrativa, en realidad, más televisiva que cinematográfica, pero que aquí va desgranando la historia, despertando el suficiente interés como para que el espectador no la abandone, aunque no tanto como para que se sienta apasionado por ella.
Porque el guión está tan ajustado que dedica el tiempo justo en presentar a sus personajes principales: un ambicioso periodista (Jesse Metcalfe) que aspira a dar la campanada desenmascarando a un mediático fiscal que suena como futuro gobernador (Michael Douglas); su novia (Amber Tamblyn), ayudante de ese mismo fiscal; y su amigo y compañero en la cadena de televisión en la que trabaja (Joel David Moore), con el que construirá su falsa autoinculpación para demostrar así que el fiscal falsea pruebas para asegurarse la condena de los acusados. Y así, la mayor parte de las escenas se suceden en su tiempo justo, sin concesiones excesivas a la acción (aunque no podía faltar la consabida persecución en coche por las calles de la ciudad, santo y seña del policíaco de los setenta).
Podría parecer que, de este modo, “Más allá de la duda” viene a sumarse a la moda de recuperar cintas que reivindican el papel del periodismo como garante indispensable de las libertades al desenmascarar a quienes abusan de sus posiciones de privilegio (y cuyo último exponente, hasta el momento, había sido “La sombra del poder”), si bien en este caso la capacidad crítica cede el paso a una narración que apenas plantea dilemas y más bien se ciñe a la pregunta de si el protagonista logrará finalmente salvarse de la inyección letal, probar su inocencia y, por consiguiente, hundir al fiscal. Para ello, se ayudará de algunas eficaces secuencias (como la de la carrera de su amigo durante el juicio) y de unos (no siempre logrados) giros de guión.
La filmografía de Peter Hyams le ha definido como un eficaz artesano capaz de aceptar las reglas de los géneros para despachar productos acordes a las expectativas de los estudios. Nunca ha llegado a la genialidad, por más que fuera capaz de levantar artefactos que respondían a lo que se esperaba de ellos (sobre todo en el campo de la ciencia ficción, donde despachó títulos apreciables como “Capricornio Uno”, “Atmósfera cero” y la para muchos innecesaria “2010: Odisea dos”), pero nunca iban un paso más allá. “Más allá de la duda” no viene a desmentir nada de ello; es más, refuerza esa imagen. Y quizá esa sea la principal diferencia: que Fritz Lang, ante un encargo, era capaz de introducir elementos que hiciesen que su obra perdurase, siguiese estando viva cuando se la revisita desde nuestros días. Algo que queda lejos en esta revisión de su película. Sin embargo, si dentro de unos años alguien se la encuentra en la televisión y se queda a verla, seguro que pasará un rato entretenido… para olvidarla casi instantáneamente. Puede sonar a poco, pero viendo cómo está el nivel de los telefilmes con que nos castigan las cadenas de televisión, tiene más mérito de lo que a primera vista puede parecer.
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En las imágenes: Escenas de “Más allá de la duda” – Copyright © 2009 Autonomous Films, Foresight Unlimited, RKO Pictures y Signature Entertainment. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.
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Me pareció una película nula y de poca calidad. Una historia con ineficiencias, en donde saltan de forma brusca las secuencias. Un intento de thriller, con similitudes también a la película “La vida de David Gale” con la diferencia, de que esa sí es una buena historia.
El giro del final incomprensible para mi, luego de la lucha, del heroe que busca la verdad, de expresar la importancia de la verdad, objetividad,convierten al protagonismo en un asesino con mal desarrollo de la historia. Poca química entre los protagonistas.




























































