Tras expulsar parte de sus demonios interiores con “Antichrist”, Lars von Trier corta por lo sano y pulveriza toda esperanza con una propuesta demoledoramente hermosa, hipnótica y atrapante, con un elenco protagonista tremebundo.
Justine (Kirsten Dunst, en un papel pensado inicialmente para Penélope Cruz) y Michael (Alexander Skarsgård) ofrecen un suntuoso banquete de bodas para amigos y familiares. Mientras, un planeta se acerca a la Tierra. Tras expulsar parte de sus demonios interiores con la hermosamente hueca “Antichrist” (2009), Lars von Trier —más allá de gustos y actitudes, uno de esos directores necesarios en el espectro cinematográfico universal— regresa tras las cámaras con “Melancolía” (ver tráiler), estupenda propuesta que llega precedida por el terremoto provocado en el último Festival de Cannes, de donde se volvió con el Premio a la Mejor Actriz y los ecos de las irresponsables declaraciones del realizador sobre la figura de Adolf Hitler.

«Podría haber sido diferente». «Sí, pero ¿qué esperabas?». Si por algo destaca la película es por la extraordinaria desesperanza que la nutre e impulsa de principio a fin. Von Trier firma y filma una auténticamente demoledora disección del espíritu humano, un en cierto modo inesperado ─a estas alturas, no nos vamos a sorprender con el trabajo del danés─ guantazo anímico en su presentación de una radiografía social cínica, cáustica y desolada a partir de un cuadro de personajes de clase alta plenos en lo material pero totalmente destartalados en lo anímico y absolutamente desequilibrados por encima de su descacharrante excentricidad. El mundo se acaba ─así lo presenta un precioso prólogo mecido por la música de “Tristán e Isolda”─, aunque en realidad dentro de los protagonistas ─y, por ende, dentro de la raza humana, nos proponen─ se acabó hace ya tiempo.

El realizador opta nuevamente por la brusquedad casi intimidatoria de la cámara en mano durante buena parte del metraje, salpicada de composiciones ralentizadas de gran naturalidad y belleza en un conjunto potenciado por un estupendo trabajo de fotografía de Manuel Alberto Claro, que ayuda a aguantar el tono durante una narración en absoluto pesarosa ─todo lo contrario, resulta peligrosamente atrapante─ pese a superar las dos horas de duración. Junto a los (in)felices contrayentes, fantásticos ambos, un elenco sencillamente tremebundo, con Charlotte Gainsbourg, John Hurt, Charlotte Rampling, Stellan Skarsgård, Udo Kier, Jesper Christensen y un sorprendente Kiefer Sutherland supurando sensaciones encontradas entre la aceptación y una apatía que contagia a un palco atenazado en un marasmo de violencia y lirismo casi radicales. La Tierra está llena de maldad, y Von Trier vuelve a dar en el clavo.
Calificación: 8/10
- Ficha completa de “Melancolía”
- Carteles de “Melancolía”
- Imágenes de “Melancolía”
- Tráiler de “Melancolía”
- Escenas de “Melancolía”
- Los efectos especiales de “Melancolía” (v.o.)
- Reportaje sobre “Melancolía”, por Jordi Revert
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
Imágenes de “Melancolía”, película distribuida en España por Golem (fotos por Christian Geisnaes) © 2011 Zentropa Entertainments, Memfis Film, Slot Machine, BIM Distribuzione, Eurimages, Trollhättan Film AAB, arte France Cinéma y Zentropa International Köln. Todos los derechos reservados.
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USO Y ABUSO DEL TRISTÁN. Melancolía no es un bodrio, no es una buena película y funciona emocionalmente, desde la causticidad y cinismo de la primera parte hacia los abismos de ambas historias. Está balanceaada en una fotografía sugerente con la cadencia de una música especial. Corres el peligro de dejarte caer en lo visual y obviar un guión fragmentado. Pero el mayor peligro es el preludio del Tristán. Es música devoradora que te consume en un interminable acorde sin resolución y que, cuando lo hace, continúa en su viaje sin referencias. Lars abusa y el acorde del Tristan lo devora, a él (¿lo sufriría en sus carnes?) y a su discurso. Una y otra vez monta la música sobre sus visiones del amén, recurso fácil en un metraje para mí abusivo, quizá como una melodía sin fin, como la que Wagner tejió en la mayoría de sus obras. Una consecuencia es descontextualizar la carga emocional (que a ratos logra) de tanto preludio para aquí y para allá. No soy wagneriano; jugar con el acorde del Tristán entraña sus riesgos. Todo fin es comienzo, Lars.
Yo es que no pienso ni ir a verla, a mi Triers no me engaña más, a los que les guste, les regalo mi butaca y mi tiempo perdido viendo su onanismo cinematográfico y su pesimismo vital, no me estraña que tenga tantas manías, con esa manera de pensar…
Saludos
Un pestiño insufrible y va para mejor pelicula europea, no me etraña que Spilberg se lleve toda la taquilla.Que mas quisieramos que se acabara el mundo, a sufrir tocan.Arte y ensayo de los 80 y seguimos picando.
Todavía no entiendo que le encontraron de buena a esta película, un bodrio bárbaro toda la primer hora, que por suspuesto que no continué, sí una película en una hora no te atrapa y te aburre no vale la pena seguir mirando. Saludos
























































