“Mi vida en ruinas” es algo cercano a una película-tópico que se acerca peligrosamente a una cierta reivindicación del viaje-tópico, sin dejar de denigrar la comedia a terrenos ya casi olvidados. Como cinta romántica, tampoco funciona.
Puede establecerse un (desgraciado) símil entre el turismo que practican los personajes de “Mi vida en ruinas” y la propia experiencia cinematográfica de asistir a la película de Donald Petrie: el recorrido prototípico, usual e infatigable por todos y cada uno de los tópicos de folleto, la confirmación a toda costa de los arquetipos allá por donde se pasa y el imperioso vaciado de cultura que exige el turismo idiota. Y entendamos, por esta (ínfima) forma de viaje, aquella en la que el viajero antepondrá la foto a la contemplación, el monumento en forma de llavero al mismo monumento, la tienda de souvenirs y la recolecta de objetos que atestigüen su presencia allí a cualquier enriquecimiento cultural derivado de la visita.
“Mi vida en ruinas” reivindica, muy lamentablemente, la postal griega bajo su caparazón (presuntamente) crítico. El variopinto grupo de turistas (de estereotipos) que es objeto de mofa acaba resultando, paradójicamente, un puñado de buena gente que al final tenía razón: la cultura aburre siempre, toda cita histórica sobra en un viaje a la cuna de la civilización, y la experiencia griega consiste en ver el Partenón, pasar por la tienda de recuerdos e ir a la playa. Así pues, la cinta de Petrie es algo cercano a una película-tópico que reafirma peligrosamente el viaje-tópico, sin dejar de denigrar la comedia a unos terrenos ya casi olvidados. Tiene de todo: chistes rancios de gays y nombres cacofónicos, acompañamiento musical de comedia ligera (ligerísima), perpetuación de estigmas varios (españolas divorciadas en busca de sexo, australianos tirados), un villano increíble (con su correspondiente castigo final) y el enésimo mensaje reaccionario encubierto.

Amparada bajo el eslogan «De la protagonista de “Mi gran boda griega“» y «los creadores de “Mamma Mia!”», el producto pone su granito de arena en la consolidación de una suerte de franquicia que quizás acabe invitando a celebrar la superficialidad en idílicos y helénicos escenarios. “Mi vida en ruinas” es, qué duda cabe, un gran paso en esa dirección. Y lo que es peor: más allá de la suma de gags burdos y apenas conexos, más allá de lo manido, ni siquiera funciona en el romance que propone. No hay indicio de química entre Nia Vardalos y Alexis Georgoulis, no hay evolución alguna en su relación ni en la de nadie más. Sí hay, en cambio, una previsibilidad exasperante que permite, a los cinco minutos de metraje, adivinar con toda certeza cómo terminarán los devaneos amorosos entre la desquiciada guía turística y el gallardo conductor de autobús.
- Más información sobre “Mi vida en ruinas”
- Fotos de “Mi vida en ruinas” (21)
- Tráiler español de “Mi vida en ruinas”
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
- Videocartelera de la semana de su estreno
En las imágenes: Fotogramas de “Mi vida en ruinas” – Copyright © 2009 26 Films y Kanzaman. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.
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Coincido contigo. El guión tiene poco de humor y mucho de tópicos tipo los años 70 en España con el turismo. Y por si fuera poco me quedé patidifusa cuando reconocí los escenarios (soy de Altea) como la isla de Benidorm, el pantano de Guadalest y el paseo marítimo de Altea.
¡Increíble la tomadura de pelo!
Es entretenida por la parte de caricatura de los turistas, me he visto reflejado en muchas escenas.
Pero nada que ver con las expectativas que dejaban Mi gran boda griega y los preciosos paisajes de Grecia.
Demasiado topicazo. Si hubiera sido sobre España, creo que nos hubiera molestado.
Acabo de ver la película, atraida por los buenos recuerdos que tenía de “Mi Gran Boda Griega” y “Mamma Mia”. ¡Vaya desilusión me he llevado!
El guión ha sido escrito para puro lucimiento de Nia quien, con todo y eso, no consigue destacar en nada más que en la sobreactuación que hace de su papel de guía.
He vivido en Atenas y trabajado en turismo allí.
Si bien es cierto que alguno de los topicos con que se describen a los turistas son 100% reales (aunque parezca mentira), no se ha tenido ningún cuidado con la fotografía ni con el itinerario que supuestamente hace el grupo.
Donde ya casi me saltan las lagrimas es cuando en los rotulos finales compruebo que parte de los exteriores han sido rodados, al parecer, ¡¡¡en Alicante (Altea, Xàbia, Benidorm o Castell de Guadalest)!!!
¿De verdad hacía falta ser tan cutres?
¡Se han lucido Tom Hanks y el ICO escogiendo donde meter su dinero!


























































