Tiene idénticas pautas narrativas y elementos artísticos y técnicos que su predecesora. La dueña de la función sigue siendo una Noomi Rapace cuya Lisbeth Salander capta a la perfección la esencia del personaje libresco.
Debe ser reconfortante, para los promotores de un proyecto cinematográfico, saber, aun antes de su puesta en marcha, que no han de preocuparse de los aspectos promocionales del mismo: su difusión y publicidad (a coste cero, o casi) están garantizados por el descomunal alcance, mediático y popular, del texto literario en el que se basa. Pero también debe alcanzarles cierto punto de inquietud cuando son conscientes de que, más allá de las bondades y calidades intrínsecas del producto que sean capaces de manufacturar, todo ejercicio valorativo que del mismo se haga va a pasar, ineludiblemente, por la comparación con dicho texto. En tal tesitura llega a las pantallas la segunda entrega de la saga Millennium, “Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”: precedida por el éxito brutal de la serie completa de novelas de Stieg Larsson —convertida en el fenómeno literario del año— y avalada, en cierta manera, por el más que discreto resultado alcanzado por su predecesora en celuloide, “Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres”.
Un aval que no cae en saco roto, dado que si hay un aspecto que cabe destacar en esta segunda parte de la trilogía, es el de la continuidad. No hay la más mínima ruptura en el tono general de la película, que se encadena a la perfección con su antecesora, de la que adopta idénticas pautas en cuanto a los usos narrativos y a los elementos técnicos y artísticos más significativos (fotografía y ambientación, aun con las lógicas adaptaciones que impone la mucha mayor presencia de los paisajes urbanos de la capital sueca, Estocolmo, por imperativos del desarrollo de la trama).
Y un aval que, además, se extiende al que probablemente constituye el rasgo más destacable de esta producción, que es la vivacidad de su ritmo narrativo: las andanzas de la sin par pareja constituida por el aguerrido Blomkvist y la temeraria Salander se despliegan sin prisa pero sin pausa, lejos de los excesos y desenfrenos a los que nos tiene acostumbrados la rama más comercial del reciente cine de acción venido de allende los mares, pero sin que la acción se resienta por la falta de movimiento ni quepa achacarle lentitud o parsimonia. El punto de equilibrio alcanzado al respecto por el equipo de producción se puede calificar, sin temor a exagerar, de bastante notable.

Sospecho que, a estas alturas, más de un buen amigo lector sospecha que se está eludiendo la pregunta del millón: ¿qué hay de la fidelidad del filme al texto literario en el que se basa? Pues no hay la más mínima queja, en mi humilde opinión. La película que firma Daniel Alfredson se ciñe de manera escrupulosa a los elementos argumentales básicos de la novela de Larsson, que traspone a la pantalla de una forma plenamente identificable por la legión de lectores de la obra literaria. Y lo hace, además, esquivando el peligro más evidente que, a la hora de pergeñar un guión eficaz, puede suponer una novela tan extensa como la de Stieg Larsson: dar un peso excesivo a sus elementos más digresivos (las observaciones de tipo político-social o las cuestiones técnico-informáticas). El guión del filme soslaya, en la práctica, ambos capítulos, dejando para los mismos un peso y presencia poco más que anecdóticos en el desarrollo global de la historia y centrándose en los episodios de acción, con lo cual se garantiza la vivacidad narrativa que requiere una propuesta de este corte. Desde mi punto de vista, un acierto innegable.
Para finalizar, no quisiera dejar de mencionar a la auténtica dueña del cotarro, Noomi Rapace: su Lisbeth Salander constituye una creación particularmente ajustada a la esencia del personaje libresco, lo que unido a la circunstancia de que su exhibición en pantalla es casi permanente, le otorga una preponderancia decisiva. Y no lo aprovecha mal: la limitación de su registro, lejos de suponer una rémora, viene a sumar, más que a restar, en la línea de configurar un dibujo más preciso de un personaje que, si por algo destaca, es por el hieratismo y la frialdad con que Rapace adorna su trabajo.
Nos hallamos, en suma, ante una propuesta que, sin aspirar a un Olimpo al que, a nivel literario, tampoco llegará su soporte en letras —ni creo que lo pretendiera—, sí que ofrece un par de horas de entretenimiento ágil, efectivo y bien trabajado, moviéndose en los cánones de un género (el de suspense de acción) donde, a falta de ideas originales, siempre es de agradecer que no nos pretendan colar el producto como la invención de la pólvora. Algo es algo…
- Ficha completa de “Millennium 2″
- Tráiler de “Millennium 2″
- Fotos de “Millennium 2″ (19)
- Crítica (2/10): El telefilme que soñaba con ser película, por M.A. Delgado
- Previa: Fiebre de best-seller, por J. Revert
- Reportaje sobre el fenómeno “Millennium”, por A.M. Pérez
- Noticias relacionadas con la película y su equipo
- Videocartelera de la semana de su estreno
- Ficha completa de “Millennium 1″
En las imágenes: Fotogramas de “Millennium 2: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” – Copyright © 2009 Nordisk Film, Sveriges Television, Yellow Bird Films, ZDF Enterprises, Filmpool, Film I Väst y Spiltan Underhallning M AB. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.
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