Una adaptación torpe, ejecutada con desgana y definitivamente plúmbea. “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire” pierde toda la eficacia como producto de intriga criminal de sus dos entregas predecesoras.
A diferencia de la controversia suscitada por su precedente literario, sometido —como todo bombazo editorial de dimensiones extraordinarias— a la habitual dicotomía de “puristas” (que abominan de él por su condición de literatura de digestión fácil) y “relativistas” (aquellos que, obviando marchamos de pureza, prefieren fijarse en sus virtudes como divertimento de ocio, uno más), las entregas cinematográficas previas de la saga Millennium habían sido recibidas por la mayor parte de la crítica con una displicencia —y subsiguiente baja valoración— que este escribiente no llegó a compartir, desde el punto y hora en que apreció en las mismas méritos y aciertos que, sin llegar a convertirlas en obras maestras, sí que hacían de ellas productos de entretenimiento, cuanto menos, tan dignos como las novelas de Larsson.

Pero, al igual que en la tercera entrega novelística del autor sueco se aprecia un evidente desinflamiento de las mayores virtudes que sustentaban a las dos primeras, y agotado el factor sorpresa de sus dos bazas argumentales más explotadas ―el juego desenfrenado de la parafernalia informática y el carácter friqui-excéntrico de su protagonista, Lisbeth Salander―, el relato pierde buena parte de su agilidad para hacerse más plúmbeo y de digestión algo más pesada de lo que cabe esperar de un producto de su perfil, también “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire” muestra una atonía y un descenso de nivel que la sitúa algunos escalones por debajo de sus predecesoras.

En primer lugar, y para aquellos que acudan a la sala atraídos por el interés fundamental de contrastar la fidelidad de la trasposición del texto al celuloide (el grueso del público), hay que advertirles de que las operaciones, ineludibles, de “depuración” y “compactación” han sido realizadas con una torpeza que nada tiene que ver con la buena mano de las dos primeras entregas. La “depuración” (es decir, la eliminación de aquellas tramas secundarias que se decide no incluir en el filme para aligerarlo narrativamente) se lleva por delante, de manera inmisericorde, aspectos que, aun sin dejar de ser secundarios, tienen demasiada importancia como para considerarse tan fácilmente prescindibles (y que el lector echará en falta con no poca estupefacción); y la “compactación” (la eliminación de episodios puntuales de las tramas seleccionadas, con el mismo objetivo de la operación anterior) tampoco se ha hecho con mucho mejor criterio. ¿Resultado? Un metraje final cercano a las dos horas y media en el que, pese a su generosa extensión, se echan demasiados puntos en falta.

En segundo, y para los que (aunque pocos, algunos habrán) vayan al cine huérfanos de referencias obtenidas mediante la lectura previa de la novela, se puede considerar, sin temor a errar mucho en la apreciación global, que van a toparse con una película larga, demasiado larga y confusa, en la que cuesta trabajo hilar los elementos más sustanciales de la trama y en la que se aprecia una realización atropellada, en la que lo funcional llega a convertirse en planitud, y donde son numerosas las secuencias resueltas con desgana, tanto en planificación como en la actuación de los intérpretes. ¿Resultado? Va a ser complicado que ese hipotético espectador salga de la sala con muchas ganas de afrontar la lectura de una novela cuya adaptación cinematográfica se revela tan poco apetitosa.

¿Y Lisbeth Salander? Bien, gracias. Llegados a estas alturas, Noomi Rapace, la revelación principal de las dos primeras entregas, ya funciona con el piloto automático, y le basta con seguir mostrando el mismo hieratismo y pusilanimidad externos con que se había desenvuelto en los dos primeros filmes para componer un trabajo interpretativo potable. ¿Suficiente? Está claro que no, pero también hay que considerar que no se puede sustentar toda la eficacia de un producto de intriga criminal (y no podemos olvidar que la saga Millennium constituye, en última instancia, un producto de género, de ese género) sobre la condición altamente estrambótica de su protagonista. Ni siquiera tratándose de Lisbeth Salander.

¿Conclusión? Una propuesta floja, demasiado poco consistente y en la que, más allá de alguna hermosa vista de Estocolmo y un trabajo fotográfico bastante decente (aspecto que se ha cuidado tan bien como en las dos entregas previas), poco más cabe encontrar digno de resaltar. Aún así, no cabe ninguna duda de que tendrá un buen recorrido comercial, porque siempre podrá más la curiosidad de los miles y miles de lectores de las novelas del finado Stieg Larsson que los estragos que, a buen seguro, terminará haciendo el boca-boca. Tiempo al tiempo.
- Ficha de “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire”
- Fotos de “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire”
- Tráiler de “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire”
- Previa: “Millennium 3″: El último capítulo de Stieg Larsson”, por J. Revert
- Previa: “Millennium 2″: La fiebre del best-seller, por J. Revert
- Previa: “Millennium 1″: Disección de un fenómeno, por A.M. Pérez
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En las imágenes: Fotogramas de “Millennium 3: La reina en el palacio de las corrientes de aire” – Copyright © 2009 Nordisk Film, Sveriges Television, Yellow Bird Films, ZDF Enterprises, Filmpool Stockholm Mälarden, Film i Väst y Spiltan Underhallning M AB. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.
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Acabo de ver la tercera entrega de millenniun, y el año pasado leí los tres libros y como siempre los libros gustan más, normal la narrativa escrita es muy rica, ademas pienso que son escelentes, una trama verdaderamente interesante . Pero las peliculas ponen rostro a unos personajes que imaginamos cada uno a nuestra manera y cuando los ves en la pantalla te alegra ver las coincidencias . No son unas peliculas para un oscar pero a mi me parecen bastante aceptables teniendo en cuenta la buena fotografia y los dos protagonistas que son muy buenos.
yo tengo las tres películas de millennium.
No se cuantas vezes las habre visto pero Lisbeth
Salander la tengo en el corazon,me ha dado coraje
ojala yo pudiera ser tan baliente como ella.
y NOOMI RAPACE es una actriz brillante,si viviese en españa me gustaria conocerla,no hablo ingles pero no me importaria.
Su trabajo es increible un cordial saludo a Noomi Rapace.
Pues a mi me ha ocurrido lo siguiente: Leí la primera entrega. No me deslumbró. Me gusta más Henning Mankell, pero no pasa nada. Me cayó mal miss Salander a través del libro. Como que demasiado maleducada, quizá por eso no seguí leyendo las otras dos. Pero resulta que he visto las películas y ha terminado gustándome mucho el personaje de Salander. Noomi Rapace trabaja muy bien. Al fin y al cabo, interpreta el papel que le han dado y debe ser fiel al mismo. En realidad, casi que eclipsa al periodista ¿Blomqvist?. Bueno…si hacemos un repaso de las películas basadas en novelas, casi todas se quedan con hambre. Algunas más que otras, pero nunca o casi nunca consiguen ser lo mismo. Lectura es lectura y cine es cine. Yo las he disfrutado, y especialmente, los paisajes suecos de los que ando enamorada desde siempre. Saludos a todos los suecofilos y a los que no lo sean.
De acuerdo con vanjav, no me parecio una mala pelicula, ni un telefilm, un pelin rocambolesca si acaso, pero eso viene del libro supongo, por que yo tampoco los he leido
Aveces me pregunto por que no somos un poco mas chovinistas con el cine europeo, nos encanta todo lo que viene de america, lo que viene de asia, pero lo que hacemos aqui es una M….
Esta ultima entrega de mileniun finiquita la trilogia dando sentido a toda la obra de Larsson.
Entretenida y recomendable, claro que si has leido el libro que sentido tiene que la vayas a ver…es como si hubieses leido el guion, la mayoria de adaptaciones de novelas resulta decepcionant porque cada uno ya tiene hecha su pelicula del libro, la que “filmo” en su mente cuando lo leyo.
saludos.
Sobre gustos no me voy a pronunciar, pero si discrepo, en que no sea buena, por no ser un fiel reflejo del libro. Yo voy al cine a ver una película, no a ver que tal está la adaptación del libro en que se basa.
En cuanto a la interpretación, me parece correcta, ni exagerada ni inexpresiva, la trama es en Suecia y, a lo mejor, la gente allí es así, nos guste o no su carácter.
Como cierre de la trilogía es coherente y de lo presentado en las dos anteriores entregas no deja cabos sueltos, algo que se suele descuidar con mucha frecuencia.
Puede que nos hallamos acostumbrado a las superproducciones made in USA, repletas de efectos especiales y que basan su suspense en engaños.
El cine europeo no necesita de eso para saber contar historias.

























































