Las dudas quedan resueltas: Wong Kar Wai, uno de los directores más esteticistas del cine actual, no ha perdido ninguna de sus principales señas de identidad en su paso del cine oriental al de Hollywood. Aquí siguen los mismos temas (la dificultad del amor, la inevitable insatisfacción del deseo y el roce constante de espíritus solitarios que buscan querer y que les quieran), permanece la misma manera de rodar (con esos planos casi más pictóricos que cinematográficos, que bañan a los personajes en los tonos pastel de los neones), y la misma atención a la interpretación de unos actores que, prácticamente sin excepción, están soberbios.
Y el primer acierto es confiar en una primeriza Norah Jones, a la que Kar Wai acaricia con su cámara, y que cumple a la perfección con su cometido de ser, además de protagonista de la historia que abre y cierra la cinta, testigo y catalizador de las otras dos que desfilarán ante nosotros en un viaje a través de Estados Unidos para superar el dolor de un fracaso amoroso. Claro que, en el fondo, su segmento es más amable, menos exigente para una intérprete sin experiencia. Si queremos emociones fuertes y actuaciones merecedoras de todos los elogios, tendremos que esperar a la historia protagonizada por David Strathairn y una Rachel Weisz en un registro novedoso de mujer fatal a su pesar, una bomba a la vez sexy y frágil. Su historia de desencuentro está condenada a la tragedia, en la que la pareja ofrece una de las mejores interpretaciones que hemos visto este año en nuestras pantallas (claro que, ayuda la manera en que el director filma momentos tan inolvidables como la primera irrupción de Weisz en el bar).
Una historia de microcosmos que el realizador encierra, en la mayor parte del metraje, en unos bares que se convierten en los únicos lugares en los que las almas solitarias llegan a rozarse, aunque nunca a acompañarse. Unos locales que son fotografiados cada uno de una manera: a través de los cristales del neoyorquino en el que los personajes de Norah Jones y Jude Law se conocen; con planos de la barra en los que no llegamos prácticamente a ver el resto del local en el caso del local nocturno de Kentucky; o con la brillante y molesta luz del día (la que paradójicamente oculta la verdadera naturaleza de las personas) en otro local en el que la protagonista trabaja. Frente a ellos, llama la atención la falta de glamour con la que se muestra la casa de juego de Nevada, o el recurso a los espacios abiertos (casi tan irreales como la luz de los neones) en el viaje hasta Las Vegas.
Tanto lo que gusta a los seguidores del cine de Kar Wai, como lo que enerva a sus detractores (si es que no estamos hablando en ambos casos de lo mismo) está aquí: el recurso a ralentizaciones y planos insertos, composiciones del cuadro y un montaje que otorgan una suave cadencia a la narración. Estarán en terreno bien conocido los que se asomaran a “Deseando amar” o “2046”, y quizá el único problema sea que el esteticismo, en algún momento, parece excesivamente forzado y va en contra de la misma potencia de la historia. Asimismo, el desigual interés de las tramas (que la de Natalie Portman sea la última, antes del desenlace y epílogo de la cinta, no parece la mejor decisión cuando hemos asistido al potente segmento anterior), va en contra de la perfección de un conjunto que, sin embargo, encierra la suficiente dosis de buen cine como para que nos sigamos preguntando cómo puede ser que haya tardado tanto tiempo en llegar hasta nosotros.
Calificación: 7/10
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En las imágenes: Fotogramas de “My blueberry nights” – Copyright © 2007 Block 2 Pictures, Jet Tone Films y StudioCanal. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.
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…y esa combinación es simplemente arrebatadora, Jordi.
Un saludo!
Muy de acuerdo en lo que dices respecto al desigual interés de las historias, Miguel. La correspondiente a los personajes de Weisz y Strathairn es mucho más potente y dolorosa. Y sí, Weisz enamora a su entrada en el bar, y eso es culpa tanto de su belleza como de la manera en que la cámara de Wong Kar-Wai la mira…



























































