Una película carente de la magia necesaria como para enganchar al público familiar, siendo su terrible guión una sucesión de estultos diálogos y previsibles situaciones cómicas.
Nunca me entusiasmó “Noche en el museo”, producción familiar que sorprendió a sus propios responsables al recaudar unos fabulosos 575 millones de dólares en todo el mundo. No es de extrañar que, teniendo en cuenta semejantes cifras, la Fox diera luz verde a su secuela, siendo otra vez su realizador el suertudo Shawn Levy, un cineasta que, a pesar de su limitado talento (y si no, ahí están “La Pantera Rosa” o “Doce en casa” para corroborarlo), cuenta en su agenda con importantes proyectos que no habrían ido a parar a sus manos si no fuera por los éxitos de taquilla que ha obtenido a lo largo de los últimos años. De momento quedémonos con su nueva película, una propuesta fallida que cuenta con una sosa puesta en escena y que espantará al público adulto, por no hablar de que tampoco es que vaya a suscitar excesivo interés entre los más pequeños de la casa.
¿Recuerdan a Larry Daley? Sí, aquel perdedor que conseguía un pequeño trabajo en el Museo de Historia Natural de Nueva York y que descubría cómo las distintas exposiciones del edificio cobraban vida debido a una mágica tabla egipcia. Pues bien, ahora regresa convertido en un empresario de fortuna gracias a sus estrafalarios inventos, algo que ya deja descolocado al espectador desde el comienzo de la cinta. No obstante, no ha olvidado a sus antiguos amigos, si bien pronto descubre que van a ser empaquetados para formar parte de los archivos del Smithsonian en Washington. A esa ciudad es a la que tendrá que viajar para enfrentarse a un risible enemigo llamado Kahmunrah. Desde luego, está claro que las neuronas de los artífices de semejante argumento no es que se hayan desgastado demasiado mientras lo elaboraban, de ahí que nos hallemos ante una banal, simplona, aburrida y fastidiosa continuación que, bajo mi punto de vista, jamás debió rodarse.
El guión de “Noche en el museo 2″ es una auténtica nadería, sobre todo por culpa de sus bochornosos diálogos. Así, cada vez que un personaje habla sólo lo hace para decir menudencias, supuestas frases graciosas en las que se esconde una preocupante falta de ingenio. Los parlamentos entre el protagonista del relato y el faraón provocan vergüenza ajena, por no hablar de la escena en la que aquél mantiene una discusión con un guarda interpretado por Jonah Hill, uno de los múltiples e innecesarios cameos que nos encontramos a lo largo del filme. La sensación de aventura brilla por su ausencia, quedándose uno estupefacto al comprobar de qué manera tan sencilla se evita que Kahmunrah lleve a buen término sus planes (en fin, ¿qué se puede esperar de los guionistas Robert Ben Garant y Thomas Lennon?). Lo único que se salva de la cinta son algunos de sus apartados técnicos y la interpretación de Amy Adams, que hace maravillas con un libreto tan nefasto (Ben Stiller se muestra igual de sobreactuado e insoportable que siempre). En definitiva, lo que tendría que haber sido una amena producción familiar se convierte en una tediosa cinta carente de magia y emociones.
En las imágenes: Escenas de “Noche en el museo 2″ – Copyright © 2009 20th Century Fox, 21 Laps y 1492 Pictures. Fotos por Doane Gregory. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
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Néstor, no coincido contigo en la definición de “estúpido” y “estupidez”. Una persona que no es estúpida puede decir alguna estupidez de vez en cuando, mientras que en el caso del estúpido estamos hablando de algo general y que prácticamente no tiene remedio. Por tanto, bajo mi punto de vista sí se trata de un insulto. En cuanto a las películas en sí, me alegro de que las hayas disfrutado (la primera al menos es visible), pero creo que existen películas comerciales bastante mejores que sendas propuestas de Levy.
El comentarista es un estúpido por definición. No como insulto sino porque estupidez es el desconocimiento de causa y efecto correctos. Es un insulto la nota sobre la película, ya que a la gente le gustó. Como dice la publicidad de Coca Cola: “Necesitamos menos críticos y más sentimientos”.
Las películas. Buenas. Ambas entretenidas y con historias que son lindas de ver.



























































