“Nueva York para principiantes” no es un manual para sobrevivir a la Gran Manzana. Más bien es un tratado de cómo hacer una película sobre la alta frivolidad de la alta clase de Manhattan, pero desde la frivolidad misma.
El paralelismo y la mención a “La dolce vita”, de Federico Fellini, recorren la cinta: el personaje de Kirsten Dunst la señala como la mejor película y más tarde, el de Simon Pegg, le regala el vinilo de la banda sonora de Nino Rota; Megan Fox se da un baño de glamour en la piscina, al que Robert Weide querría conferir el aura, la categoría de epifánica visión de Anita Ekberg en las aguas de la fontana; y un cine que pasa la película es el marco de un feliz reencuentro. Pero he ahí la clave: la escena proyectada corresponde a la orgía, la fiesta de la infinita decadencia de la alta burguesía romana en la que Marcello Mastroianni cabalga sin pudor sobre una de las asistentes. Es decir, una de las secuencias más terribles, inclementes de la filmografía del riminés ante la que, sin embargo, el público arremolinado en torno a la pantalla al aire libre, ríe y disfruta como si se tratase de una sesión de blockbuster y sobaquillo de una noche de verano. En realidad, la escena marca la esencia de “Nueva York para principiantes”: la comedia romántica que cree subirse un escalón por encima desde el mismo momento en que lanza su ataque sobre la high society neoyorquina. La de la altivez, la de la hipocresía patológica, la del cretinismo cultural.
Dicho de otra manera, “Nueva York para principiantes” no es un manual, como la inaudita traducción del título original puede sugerir, para sobrevivir a la Gran Manzana. Más bien es un tratado de cómo hacer una película sobre la alta frivolidad de la alta clase de Manhattan desde la frivolidad misma. El primer requisito es dibujar un personaje imposible, un Sidney Young que Simon Pegg incorpora entre la incompetencia múltiple de su propio “Shaun of the dead” y la comedia corporal de un Mr. Bean con un fuerte componente de alienación. Un ser perfectamente detestable en sus comportamientos cuya bondad, empero, explicita la maliciosa falsedad, la pose de aquellos que se codean y regodean en la exclusividad de sus fiestas de alto copete. No hay, pues, margen a la intuición y sí a la autoindulgencia del verdadero autor, protagonista y germen del invento: el periodista británico Toby Young, autor de la novela autobiográfica que da pie a la cinta, y fracasado editor colaborador de la Vanity Fair.
Así pues, lo invariablemente mascado de su crítica imposibilita cualquier ferocidad de la sátira. Poco importa si el despacho del editor jefe (Jeff Bridges) luce un póster de “El desprecio” de Godard, poco las menciones a Fellini: Weide corresponde a todo ello con una colección de anécdotas trasladadas y exageradas, nunca con un verdadero triunfo de la mordacidad. “Nueva York para principiantes” naufraga porque se preocupa más por acumular una serie de gags más o menos afortunados, más o menos forzados, que por asestar su golpe contra la idiocracia del famoseo. Y en medio, sus personajes tratan de sobrevivir a su nula progresión, a la incredulidad que nos supone descubrir que nuestro entrañable fracasado es, además, un lumbreras encubierto, un docto en filosofía. Uno que, con todo, hace la más plausible reivindicación: la de “Con air” como película capaz de desenmascarar a los farsantes, a los que rigen la tiranía de la tendencia con arbitrariedad, a los que deciden que el cine de acción desmadrado, en ningún caso, puede pertenecer a la alta cultura.
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En las imágenes: Fotogramas de “Nueva York para principiantes” – Copyright © 2008 Intandem Films, Film4, UK Film Council, Aramid Entertainment, Lipsync Productions y Number 9 Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.
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Me esperaba otra cosa, la película bastante floja me decepcionó bastante. El actor principal me hacía insufrible toda la cinta de tan gracioso era pesado. Se le podía haber sacaso mucha más punta a todo este mundillo.
Podría, ya puestos a titulos, llamarse el paleto en la ciudad, aunque las trilladas peliculas de Martinez Soria, creo que son mucho mejores. Ni critica social, ni comedia, ni personajes, (anecdotico lo de Jeff Bridges). Al final en la entrega de premios nos regala el propio Jeff una sonrisa que parece definir lo que le importa toda esta historia. A el y a un servidor. Nada. Acabo de ver El baño del Papa, pelicula uruguaya hecha con dos euros, auntentico cine que por mucho premio que le den nunca llegará a tener la distribución de bodrios como este. Si Fellini levantara la cabeza…



























































