Un mensaje suficientemente tranquilizador, una justa dosis moralizante, y lo que tendría que haber sido una bomba de relojería termina convertido en un anodino, simpático y hasta ligeramente enervante matasuegras.
Si hay algo malo para una película de intención vitriólica es terminar dando más una caricia que un azote a aquello que se quiere criticar. Es lo que le sucede a “Nueva York para principiantes” (increíblemente torpe y anodino título español del original, y mucho más expresivo, “How to lose friends & alienate people”): que, pese a sus intenciones expresas de revelar lo absurdo, cínico y manipulador del star system establecido en el mundo del espectáculo por las revistas de tendencias, al final termina siendo un vehículo inofensivo para las estrellas que en él aparecen. Y si algo se cae por su propio peso, es que lo inofensivo difícilmente podrá ser sátira de nada.
Y eso que tanto el director Robert Weide como el guionista Peter Straughan debieron pensar que tenían un material de primera en el libro original de Toby Young, en el que el periodista británico comentaba su desastrosa experiencia cuando fue contratado para trabajar en “Vanity Fair”, la biblia por antonomasia de las celebrities de la pantalla. Sin embargo, algo debió suceder por el camino (aparte de sustituir la revista original por una inventada), porque el resultado final ofrece más bien una revisitación de las aventuras de un torpe, excesivamente extrovertido y más bien patoso súbdito de la reina Isabel en la sofisticada y altanera Nueva York, que una verdadera mirada crítica a la industria del espectáculo.
Y es que, por mucho que se esfuerce Simon Pegg, uno de los mejores cómicos de la pantalla hoy día, las exigencias de la comedia romántica terminan quitando mordiente a una propuesta que se queda lejos, por ejemplo, de lo que, con todos sus defectos, conseguía “El Diablo viste de Prada” respecto a la industria de la moda. Y la verdad es que la fecha de estreno, cuando aún tenemos reciente “Brüno”, tampoco le ayuda: dejando a un lado las evidentes diferencias de género, no se puede negar que ser merecedor del adjetivo “satírico” ha subido muchos enteros de dificultad tras las entregas protagonizadas por Sacha Baron Cohen. Y ni siquiera los guiños a “La dolce vita”, de Federico Fellini, la ayudan, por cuanto quedan más como referencia pretenciosa que otra cosa. O peor, establecen una comparativa en la que la cinta de Weide sólo puede perder… por más que sirva de excusa para ofrecernos un chapuzón de Megan Fox. Su papel quizá pretenda parodiar la imagen que de ella ofrecen los medios, pero en realidad no hace sino reforzar las dudas sobre su verdadera capacidad interpretativa.
Por otro lado, los secundarios están más que correctos. ¡Faltaría más, teniendo a nombres como Jeff Bridges, Danny Huston o Gillian Anderson! Pero falla, una vez más, una Kirsten Dunst que sigue disfrutando de un estatus de estrella que, definitivamente, le viene demasiado grande. Y sin embargo, el conjunto de lujo y glamour no evita que la película se haga larga, que pierda interés desde que el protagonista se instala en Nueva York y sólo logre redimirse ligeramente con algunos gags y situaciones aisladas. Por lo demás, un mensaje suficientemente tranquilizador, una justa dosis moralizante, y lo que tendría que haber sido una bomba de relojería termina convertido en un anodino, simpático y hasta ligeramente enervante matasuegras. Esperemos que la próxima cinta de Simon Pegg sepa ofrecerle un decorado más acorde a sus indudables dotes cómicas. Desde luego, no será este el título que le consagre.
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En las imágenes: Escenas de “Nueva York para principiantes” – Copyright © 2008 Intandem Films, Film4, UK Film Council, Aramid Entertainment, Lipsync Productions y Number 9 Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.
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