Aunque no alcanza el preciosismo de anteriores trabajos de su realizador, resulta una obra coherente con su filmografía. Fantasía y realidad se dan la mano en una magnífica obra destinada al público familiar.
Después de haber confeccionado la que hasta el momento es la mejor de sus películas, “El viaje de Chihiro”, Hayao Miyazaki volvió a deleitarnos con otra de sus peculiares y deslumbrantes propuestas, en este caso “El castillo ambulante”. Resulta curioso que, tras el preciosismo técnico de estas dos cintas de dibujos animados, el cineasta japonés haya tomado una decisión tan arriesgada como la de dar un paso atrás en este apartado y recurrir a elementos artísticos más tradicionales en “Ponyo en el acantilado”. Por otro lado, también llama la atención el hecho de que su último trabajo abandone la complejidad argumental de dichos filmes y que recupere el espíritu de algunas de sus obras más infantiles, caso de “Mi vecino Totoro” o “Nicky, la aprendiz de bruja”.
La película, que en Japón recaudó la friolera de 165 millones de dólares, es una adaptación muy libre del famoso cuento de “La sirenita”, destacando principalmente por su magnífica combinación de fantasía y realidad. Así, el espectador tan pronto se deleita con imágenes que poseen una imaginación desbordante como observa divertido algunas situaciones de la vida cotidiana del pequeño Sosuke y de Lisa (al respecto, cabe destacar las hilarantes escenas en las que ésta conduce de forma temeraria por estrechas y sinuosas carreteras o las no menos jocosas en las que se enfurruña porque su esposo, que trabaja en la mar, no va a pisar tierra firme, algo que le había prometido que haría). Además, el retrato que Miyazaki lleva a cabo de la infancia es sublime, mostrándonos lo importante que es para el protagonista de la historia su madre o describiendo la habitual curiosidad de los niños a través de los ojos de Ponyo (hay momentos en los que es imposible contener la carcajada, sobre todo cuando este personaje manifiesta lo mucho que le gusta el jamón o se dedica a corretear por la casa).
Cierto que no nos hallamos ante un largometraje perfecto, puesto que uno desearía que la trama fuera más profunda y que existiera una mayor regularidad a la hora de exponerla, pero considero que resulta imprescindible tener en cuenta cuáles eran las intenciones del realizador a la hora de sacar adelante “Ponyo en el acantilado”. Eso es algo que también se percibe en su animación, sencilla y carente de la espectacularidad a la que últimamente nos tenía acostumbrados Miyazaki (de hecho, en este sentido casi parece que la cinta pertenezca a finales del siglo pasado). Sin embargo, lo importante es que de nuevo este director es capaz de sumergirnos, y nunca mejor dicho, en una entrañable narración en la que hay cabida para las quimeras, el entretenimiento, las emociones y las risas. Por supuesto, a todo ello hay que sumarle las habituales temáticas de este gran artista, caso de su devoción por la naturaleza o su respeto a las personas ancianas, algo que ya trató muy bien en la mencionada “El castillo ambulante”.
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En las imágenes: Fotogramas de “Ponyo en el acantilado” – Copyright © 2008 Studio Ghibli. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.
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Muy bien dicho, el choclo. Es más, debería ser de visionado obligatorio en los colegios. De igual forma que se inculca el leer, también debería hacerse lo propio con el buen cine. Además, este tipo de películas, repletas de personajes llamativos e imágenes coloristas, despiertan la imaginación de los niños.
Me encanto Ponyo, es una pelicula que habla por si sola, sus imagenes, su animación Etcetera., Miyazaki nos entrega una obra sencilla pero poderosa en esencia, es cierto que no es lo mejor de el, pero al fin y al cabo esta bien hecha y yo la disfruté muchisimo de principio a fin, una de mis partes favorita es la relación de Zoske con su madre, (la parte favorita de la pelicula para mi), deja un mensaje positivo a todos, pero sobre todo a los niños a inculcar ese amor sincero hacia sus seres queridos. Si no la haz visto, haz lo que yo, vela y disfrutala, eso si con alma de niño. Punto.
Completamente de acuerdo, LUIS. Eso sí, el doblaje español es muy bueno, aunque también recomiendo su visionado en versión original.
Desde el primer dibujo al ultimo, entrañable, emotiva, muy apta para niños y adultos, especialmente aquellos que tienen un poco olvidada su infancia
Si el cine es contar una historia atraves de imagenes, esta pelicula es cine con mayusculas.
No soy entendido en animacion, pero me parece que el oficio de Miyazaki es el de un maestro, domina cada expresion, cada gesto, cada accion, no quiero ni pensar las horas que se habran pasado haciendola.
Recomiendo la V.O.S., pero aunque no fuesemos capaces de entender lo que dicen, basta con la imagen para entender la peli de cabo a rabo.
Hasata pronto,saludos
LUIS.
Cierto, pirricus, a pesar de que la obra de Miyazaki está repleta de fantasía, sus personajes parecen más de carne y hueso que los de algunas películas rodadas con imágenes reales.
El año pasado tuve el gusto de ver Porco Rosso en el cine y la sutileza de este señor para expresarse es expectacular.
Considero que lo más destacable es más allá de la perfección de los planos y demás es esa cosa que se repite en todas sus obras lo que más me cautiva, desde el respeto a la figura femenina, hasta el hecho de que los villano no son tan villanos tampoco, nunca pierden la calidad de “ser humanos”
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