Un nuevo prodigio de animación del Studio Ghibli. Hayao Miyazaki sabe hablar de heridas abiertas del pueblo japonés a la vez que trasciende a universos de sensibilidad poética y nos cuenta una preciosa historia de amor y amistad.
Alejado de la tentación digital, Hayao Miyazaki continúa su singladura por la animación tradicional a la que sólo puntualmente añaden retoques informáticos. La fuerza de su cine está en un dibujo diáfano y sencillo que transmite dulzura o intensidad emocional, y también en unas historias que conjugan poesía e imaginación a la vez que recogen el drama de un pueblo que vive con el miedo a la destrucción del mundo, que está imbuido de trascendencia sintoísta. Con un brillante y luminoso colorido, “Ponyo en el acantilado” es una emocionante historia de amor y de respeto a la libertad, con sentimientos puros e inocentes que surgen entre un niño de cinco años, Sosuke, y un pez mágico que recoge herido y al que llama Ponyo… para luego transformarse en niña. Es el amor hacia alguien por encima de sus formas y orígenes, la entrega de la propia identidad renunciando a todo por lo único esencial, la identificación y transformación de dos mundos que pueden convivir si tercia el amor y se respeta la libertad.
En esta “sirenita nipona” hay unos peces buenos y de colores que dan luz, otros terribles y oscuros que parecen olas amenazantes, y otros prehistóricos e imperturbables en su decrepitud existencial. También existen ancianas entrañables y alguna un poco cascarrabias, o un mago algo malvado —más bien decepcionado de los hombres—. Pero todos cambian y evolucionan, y nunca son retratados de manera simple y maniquea. La diosa del mar ha permitido que los humanos se conviertan en aprendices de magos, y que estos escojan su destino si superan la prueba del amor. La dualidad de vidas y mundos y su permeabilidad hace que se rompan fronteras espacio-temporales merced a una deslumbrante imaginación, mientras que el temor a una gran catástrofe que acabe con lo conocido alienta a las personas a buscar una salida al destino fatal en las profundidades marinas, aún sin contaminar. Miyazaki sabe hablar de heridas sangrantes que el pueblo japonés mantiene abiertas —radioactividad o tragedias naturales—, a la vez que trasciende a universos de sensibilidad poética y nos cuenta una preciosa historia de amor y amistad.
La luminosidad y dramatismo de la historia son tratadas visualmente con colores vivos o siniestros, y consigue dar ligereza al mundo marino cuando aparece la diosa madre o espesor a esas olas con forma de pez que tanto recuerdan a la suciedad resbaladiza de “El viaje de Chihiro”. Pero si magnífico es el colorido conseguido con la acuarela, más lo es la perfecta sincronización y armonía entre lo que se va contando y la deliciosa banda sonora, de asombrosa fluidez que pasa de transmitir el frescor de la primavera al son de coros al peligro del tsunami devastador… para volver después a la calma marina, de la alegría y jovialidad de una campanilla que suena al temor percibido en las inmediaciones del túnel. Un autentico conciertazo para los sentidos, y un espectáculo que desmaterializa y transforma el miedo en esperanza, los peces en humanos y los juguetes en barcazas.
Una de las virtudes de “Ponyo en el acantilado” es que los niños disfrutarán con la sencillez de las reacciones de sus jóvenes protagonistas, con su bondad y pureza de sentimientos, mientras que los mayores gozarán con su factura visual y sonora mientras dejan que ese aire fresco de la infancia penetre en sus almas. En todos los personajes se resalta su fondo bueno a pesar de las apariencias, en todos se aprecia amabilidad y espíritu de servicio y convivencia, y ninguno está irremediablemente perdido porque estamos ante una fábula moral. En la cinta hay lugar para la emoción y la poesía, e incluso para la risa —como en la escena de comunicación en código Morse—, mientras que la tragedia siempre está suavizada por el sentido naif, el buen humor y el optimismo.
Un nuevo prodigio de animación del Studio Ghibli para recordar que cabe un mundo mejor… si se vive en armonía con la Naturaleza, si se respeta la vida en cualquiera de sus etapas —simpático el tratamiento de las ancianas en silla de ruedas—, si se aprende a convivir en libertad. Porque, en otro caso, Ponyo se convertirá en espuma de mar, la vida se habrá petrificado en formas del Devónico, y el mundo seguirá expuesto a nuevos tsunamis.
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En las imágenes: Fotogramas de “Ponyo en el acantilado” – Copyright © 2008 Studio Ghibli. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.
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