Fiel al género y sin nada nuevo que ofrecer, “Qué les pasa a los hombres” avanza con agilidad y se apoya en un gran reparto. Retrato psicológico para una realidad diferencial donde ellas salen, en general, mejor paradas que ellos.
¿En qué piensan las mujeres o qué les pasa a los hombres cuando el amor está por medio y el matrimonio llama a su puerta? Con tales premisas y en un tono desenfadado, Ken Kwapis construye una comedia romántica con todas las marcas del género y con escasos —por no decir nulos— riesgos e innovaciones. De esta manera, el espectador que acuda a verla saldrá reconfortado en su ligereza sentimental… y encontrará lo que se le promete y ninguna otra cosa. En “Qué les pasa a los hombres”, la cámara sigue a un grupo de treintañeros en un auténtico rompecabezas, donde ellas y ellos buscan el amor de su vida —aunque de distinta manera—, para lo que antes deben aprender a interpretar correctamente las señales que se les envían sin tergiversar la realidad. Una curiosa paradoja de equívocos y ambigüedad para un género tan codificado, previsible y convencional que busca la complacencia y no permite un ápice de desviación en la mirada del director.
Las complicaciones y contradicciones, las expectativas y celos, las decepciones y debilidades se suceden en el terreno movedizo e incierto de los afectos, donde ellas buscan seguridad en su intrincado y matizado universo mental, siempre “necesitando” vivir al filo de lo dramático, mientras que ellos ven la realidad de una manera simple y distante, procurando no sacar las cosas de quicio pero también huyendo del compromiso total. Evidentemente, nos movemos entre estereotipos y simplificaciones (aunque haya cierta variedad dentro del género masculino y femenino), pero en ese esquematismo y en tanto lugar común reside su gracia y sentido del humor. Y también en la posibilidad de que algunos espectadores puedan identificarse sin problemas con sus sentimentales reacciones, con ese corazón adolescente que espera que su ligue le llame por teléfono, que busca el momento para plantear la boda o que vive con el temor a ser engañado y abandonado. Retrato psicológico para una realidad diferencial donde ellas salen, en general, mejor paradas que ellos, más egoístas e incapaces de comprender ese otro modo de ser y de amar “con toda el alma”.
Fiel al género y sin nada nuevo que ofrecer, la cinta avanza con agilidad y se apoya en un gran reparto —lo mejor, probablemente— y ahí también ellas ganan la partida. No sólo las actrices tienen mayor cartel, sino que sus interpretaciones galvanizan y dan dinamismo a cada una de las historias, mientras que ellos aparecen como hombres grises, siempre a rebufo de quienes llevan las riendas del corazón. Más contenida Jennifer Aniston que una Ginnifer Goodwin ingenua e hiper-adolescente, más sensual Scarlett Johansson que una histérica Jennifer Connelly —muy ilustrativos los episodios del tabaco o del azulejo—, y muy breve la aparición de Drew Barrymore en un papel prescindible. Todas muestran un abanico de mujeres que buscan ser la excepción a la regla y encontrar “lo que toda chica quiere”. Entre ellos, sólo Justin Long merece un comentario aparte por estar más definido su carácter y personalidad en el guión como un joven frío y distante, experimentado y calculador…. pero también por eso su “conversión” resulta excesivamente forzada e inverosímil.
Pero estamos en Baltimore, Estados Unidos, y el género exige un mensaje para el espectador que ha seguido las pistas del amor y de la intrascendente comedia, con lo que el director no puede despedirse sin remarcar esa tolerancia y vitalismo del que ya ha dado muestras a lo largo del metraje, con parejas de conocidos, amigos, homosexuales —un poco excesiva y forzada la reiteración—, novios y esposos que buscan saber interpretar los “mensajes” y que valoran más el sentimiento que el compromiso o el sacrificio, con lo que se acaba “repartiendo perdices” para que todos se vayan confortados… unos con un final feliz y otros con un “pasar página para recomponerse”, y volver a intentarlo con nueva esperanza. Es el complaciente juego de Hollywood y el del amor, el del género de la comedia romántica y el del masculino/femenino, el de los sueños que se desvanecen y el de una realidad que, a veces, ofrece a cada cenicienta su príncipe azul.
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En las imágenes: Fotogramas de “Qué les pasa a los hombres” – Copyright © 2009.New Line Cinema y Flower Films. Fotos por Darren Michaels. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.
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El momento en que Alex visita a Gigi en su casa y la besa, suena una canción muy bonita. Alguien sabe la canción e intérprete. No la encuentro. Gracias a quién me pueda ayudar.gcm.
A mi me ha gustado, la verdad q es larga dura 132 minutos pero bueno se hace entretenida.
Me ha gustado en general. No destaco a ninguna pareja en si, todas lo hacen bien.
El típico pastelazo de Hollywood donde lo único que le importa a las mujeres es pescar un marido y tener un dia de boda de cuento de hadas. El machismo de la sociedad norteamericana es inconmensurable y aquí parece que todo lo que nos metan las distribuidoras nos vale. Comportamientos patéticos de todos los personajes. Haceros un favor y empezad a pensar que existe cine en otros continentes.




























































